«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Nació en Madrid en 1975. Es Doctor en Periodismo por la Universidad San Pablo CEU. Ha dedicado casi toda su vida profesional a la radio. Ha publicado los libros "España no se vota" y "Defender la Verdad", "Sin miedo a nada ni a nadie" y "Autopsia al periodismo".

Libertad de expresión y «ultraderecha»

3 de junio de 2026

Resulta llamativo que sea VOX, el partido que el sistema se empeña en calificar como «de ultraderecha», «fascista» y lindezas parecidas, el único que se preocupe de organizar jornadas sobre libertad de expresión en la sede de la soberanía. Uno pensaría a priori que supuestamente son los partidos que más interés tienen en ser vistos como «demócratas fetén» los que mayor compromiso deberían tener por defender la libertad de expresión de todos (no sólo de quienes piensan como ellos). Pero evidentemente no es así. El statu quo sistémico ha logrado instalar socialmente la máxima de que «la libertad de expresión es solamente para los nuestros«, y a los demás, mire usted, que les vayan dando. En este asunto, como en casi todos.

Lo cierto es que este pasado lunes el Congreso de los Diputados acogió una jornada, organizada por el partido que preside Santiago Abascal, para analizar el estado de la libertad de expresión en esta España socialcomunista que nos han preparado Sánchez y sus entrañables socios separatistas. Para demostrar lo libre que es la prensa en nuestro país, se impidió el paso a dos reporteros críticos con el establishment, Vito Quiles y Bertrand Ndongo, ambos despojados de sus acreditaciones por haber hecho preguntas incómodas al portavoz del PSOE en el Congreso, el señor aquel que se sentó en una mesa con etarras hace unos años para negociar no sabemos muy bien qué. No me digan que no es para sentirnos muy orgullosos de la libertad de expresión que nos hemos dado. 

Parece que al diario Lo Mundo, una de las patas del sistema en el ámbito mediático, le sorprendió negativamente (a juzgar por su simulacro de crónica) que en el acto celebrado en el Congreso hubiese dos redactores de La Gaceta entre los ponentes. Probablemente les cueste, dada la cerrazón habitual que muestran los beneficiarios del alpiste institucional, relacionar este periódico digital con la libertad de expresión por el hecho de ser cercano a VOX. Nada que pueda extrañarnos a quienes hemos echado los dientes en este oficio, y sabemos muy bien cómo orina la perra en cada casa. La izquierda progre y la derechita desnortada no conciben que nadie más que ellos pueda participar de la libertad de expresión, materia tan alejada (en sus mentes confundidas) de los principios y los valores que siempre se han defendido en Occidente.

Como a veces hemos explicado, buena parte del insufrible deterioro que están viviendo las instituciones públicas en España procede directamente de la falta real de libertad de expresión en los medios de comunicación tradicionales, acostumbrados durante lustros a sobrevivir económicamente gracias al maná del dinero de los ciudadanos. Aunque a Lo Mundo le incomode (que es obvio que le incomoda), la prensa en España es cómplice, por acción o por omisión, de la inmoralidad que preside la mayoría de comportamientos de la clase política actual. Inmoralidad que muchas veces termina sustanciándose después en sentencias judiciales por delitos gravísimos de corrupción, y otras simplemente en realidades moralmente repugnantes, como por ejemplo la normalización legislativa de los crímenes del aborto o la eutanasia, entre otros. Una prensa libre, verdaderamente libre, debería denunciar todo esto.

El hecho de que haya solamente unos pocos medios que resistan ante esta penosa degradación ética de los medios de comunicación es esperanzador y conmovedor, pero también preocupante. No sirve de consuelo pensar que internet, con sus múltiples espacios y formatos, garantiza el derecho de los ciudadanos a recibir información y opinión libre, porque la libertad de opinar e informar necesita también ir acompañada por el sentido de la responsabilidad, y esa tarea corresponde realizarla a los profesionales. La Gaceta es uno de los pocos barcos que ondea, enhiesta, la bandera del servicio a la sociedad a través de la información contrastada y la opinión sincera; nos acompañan muy pocos en esta valiosa tarea. Y son muchos los barcos piratas que tenemos que soportar en el día a día, capaces de todo para lograr sus fines perversos.

La «ultraderecha» defendiendo la libertad de expresión…, ya ven ustedes qué ironías tiene la España de hoy…Pero además, defendiendo la libertad de expresión de todos, no sólo de los que estamos en un lado. Porque es la sociedad la que debe decidir y elegir, al igual que hace en las urnas cuando se convocan elecciones, qué medios sirven a la verdad a través de la honradez profesional, y qué pseudomedios desvirtúan y pervierten la libertad de expresión siendo simplemente la voz de sus amos. Es mucho lo que nos jugamos en este asunto. Ojalá que la mayoría de los ciudadanos sea consciente de ello y sepa distinguir el grano de la paja en estos tiempos de oscuridad y confusión.

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