«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Sevilla, 1986. Periodista. Ahora en el Congreso.

Mentiras Vivas

4 de septiembre de 2026

Es fácil reconocerlos porque llevamos así medio siglo y cada crisis es reconducida hacia el punto de partida. Son los encargados de sacar rédito del caos que ellos han generado. El salimos más fuertes de la pandemia no lo inventó Sánchez, que antes lo vimos en Ermua, el 11-M o en octubre del 2017.

Es doloroso, por repetido, ver a los españoles tomar las calles por una buena causa. Esta semana lo han hecho para frenar la invasión, para decir que Ceuta es española, que les duele igual que un pueblo de Albacete. La nación se hace muchedumbre en los primeros calores de septiembre, la gente cumple su parte del trato. Ningún reproche. Lo malo llega después. El Estado que se deja invadir, que no llega a Paiporta, que descarrila trenes e integra a terroristas, se activa como un reloj suizo cuando el pueblo desafía —tímidamente— el sistema.

El ministro que rinde las fronteras y convierte a la policía en cooperantes que custodian los víveres del invasor, de pronto se reencarna en Fraga («la calle es mía») y ordena el lanzamiento de gases y pelotas de goma en las protestas de Madrid. La gigantesca ONG marlaskiana con porras y pistolas desplegada en Ceuta no tiene compasión del manifestante que luce la rojigualda. Otra vez Ferraz.

Los hechos suceden a escasos metros del Congreso, donde se citan españoles de infantería (los más) y los sospechosos habituales (los menos) siempre tan ruidosos. Las grandes televisiones sanchistas (¿queda alguna que no lo sea?) se frotan las manos a la espera de tres o cuatro brazos en alto y unas jugosas camisetas negras embutidas en cuerpos machacados en horas de gimnasio. No faltan Aldama ni Desokupa. Pura golosina para la propaganda gubernamental. Las cloacas de Interior agitan el árbol, es una película mil veces vista. 

El verano pasado el escenario fue Torre Pacheco y apenas duró unas semanas. Sin embargo, lo de Ceuta es de otra dimensión, nada menos que una invasión, tal es su magnitud que sepulta hasta la corrupción de Sánchez, aunque no descartemos que aparezca cualquier gurú a convencernos de que todo es una cortina de humo del genio monclovita para que no se hable de Begoña. Ya no sabemos si hay más agentes infiltrados o tontos en las tertulias, pero es para volverse loco.

Lo de Ceuta son palabras mayores y no conviene dar alas al populismo. El poder necesita un héroe para distraernos, así que el periodismo bipartidista cruza el Estrecho en busca de Juan Jesús Vivas, al que la COPE (¡y el mismísimo Iker Jiménez!) le pone un besamanos. También leemos loas sonrojantes que hablan del aura de Vivas. El otro santurrón es el alcalde de León, al que los micrófonos episcopales bendicen porque desobedece a Sánchez acudiendo a la concentración por Ceuta. Tenemos nuevo Page. ¡El sanchismo ha muerto, viva el PSOE bueno!

Este clima de euforia bipartidista es capaz de resucitar a momias y dar gato por liebre a los más ingenuos. Horas antes de la manifestación Feijoo y Vivas entregan la medalla de Ceuta al imán de la mezquita de la M-30 y al primer diputado musulmán de la ciudad. Este mismo verano el alcalde de Sevilla dio luz verde a la primera macro mezquita de la capital andaluza. Ni Herrera ni Iker nos cuentan nada de esto, tampoco que Vivas votó en contra hasta en tres ocasiones de ampliar el espigón de las playas del Tarajal y Benzú para reforzar la frontera.

Invadida Ceuta, Vivas y su partido piden ahora las cosas que antes rechazaron porque venían de VOX. Vivas, que gobierna con los quintacolumnistas de Mohamed VI, propició con su abstención que Abascal fuera declarado persona non grata. Era cuando Cuca Gamarra subía una foto abrazada a una mujer musulmana con un mensaje que firmaría Irene Montero: «Insultemos menos y abracemos más. En España cabemos todos porque España es un país tolerante y alejado del racismo y la xenofobia».

Sería interesante conocer cuántos de los españoles que salieron a la calle están al tanto de la farsa. Sobre todo, quienes ya peinan canas, secuestrados como están los pobres por el demencial ecosistema mediático que presenta como héroes a quienes han rendido las fronteras. Esto sí que es una operación de guerra híbrida.

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