«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Director de Rius TV en YouTube. Trabajó antes en La Vanguardia y en El Mundo. Director de e-notícies durante 23 años.

Al carajo la «centralidad»

19 de julio de 2025

Lo decía hasta El País el pasado miércoles: «La inmigración ahonda la grieta entre bloques en la política española». Han bastado, en efecto, apenas dos episodios para que se haya ido al carajo todo el giro a la «centralidad» que anunció Feijoo durante el congreso del PP.

Por una parte, lo de Torre Pacheco. No deja de ser curioso como la prensa más afín a la Moncloa se ha interesado por los incidentes en cuanto han empezado a hablar de «cacerías de inmigrantes». La foto del abuelo apalizado, en cambio, solo la vi en LA GACETA y algún otro medio digital. Pero me temo que no en RTVE ni en La Sexta. Aunque puede habérseme pasado. Tampoco soy telespectador habitual. Me cuesta de creer, sin embargo, que haya tantos «ultras» como dicen. De hecho, la última representación electoral fue la de Blas Piñar, al frente de Fuerza Nueva, en un lejano 1979. Claro que para algunos, todos los que no piensen cómo ellos, son «ultras·. Ya pasó con el «procés»: los críticos éramos tildados de «botiflers», «colonos», «ñordos». Los demócratas eran ellos.

El segundo, consecuencia del primero, es la polémica de las deportaciones. Convenientemente amplificada por el citado El País. Aunque otros medios como Rac1, la emisora del conde de Godó, también se apuntaron. No obstante, Rocío de Meer —y Santiago Abascal— no dijeron nada que no hubiera dicho VOX antes: deportación de los delincuentes y de los inmigrantes ilegales. Pese a que, para ahorrar polémicas, yo hablaría más de «expulsiones» que de «deportaciones».
Ahora a ello se apunta hasta Feijoo. Incluso ha pedido esta semana deportar «de manera inmediata! a los inmigrantes ilegales que delincan. Personalmente, discrepo. No hay que deportarlos automáticamente, antes tienen que cumplir condena. En caso contrario; un homicidio, una violación o un robo con violencia puede salir casi gratis. Además, si han venido de manera ilegal seguro que encuentran el método de volver. Podríamos hacerlo extensivo, desde luego, a los carteristas y multirreincidentes. Hasta a los manteros. No he entendido nunca cómo llevan veinte años hablando del tema, pero nadie hace nada.

He oído, al respecto, las más peregrinas excusas. Como que había que poner en marcha un registro informático de delitos y faltas. Lo que hay que hacer es endurecer el Código Penal. No dudo de que nuestros representantes políticos encontrarán, si tienen voluntad para hacerlo, la manera. Al fin y al cabo no ha habido inconveniente alguno en suprimir la sedición y reformar la malversación para echar un cable a Puigdemont. Con esto sí que se han dado prisa. Sin embargo, el ciudadano normal y corriente que se joda. Perdonen la expresión.

En fin, las expulsiones son algo habitual en todos los países del mundo. No ya a los delincuentes, sino también a los que han entrado ilegalmente. El último en apuntarse ha sido Irán, que no ha tenido miramientos con refugiados afganos. En Estados Unidos hasta los devolvían esposados en avión. Mientras que en el Reino Unido construyeron una especie de barco prisión. Y, en Italia, los mandan a Albania.

Sí ya sé que, para los medios progres, Meloni es una «neofascista». Al menos antes de su victoria electoral. Pero se ha ido a verla desde el laborista británico Keir Starmer al socialista español Pedro Sánchez. A mí me parecen medidas durísimas, que pueden rozar en algunos casos el respeto a los derechos humanos. Pero nadie duda de que deben tener efectos disuasorios. En cambio, en España, nos la cogemos con papel de fumar. Y el presidente del Gobierno, en vez de irse a Torre Pacheco se va a Mauritania por segunda vez en pocos meses. Por cierto, la cuarta república islámica del mundo junto a Irán, Pakistán y Afganistán.

Hay un problema añadido. Todo el mundo sabe que la Ley de Extranjería no se cumple o es directamente papel mojado. Expulsar a un inmigrante es una ardua tarea burocrática. De hecho, no conozco a ningún caso que se haya expulsado a alguien simplemente por no tener papeles. Más bien lo contrario: se les acoge e incluso se les aloja, en algunos casos, en hoteles de cuatro estrellas.

En cambio, el PP, como ya he advertido en algún artículo anterior y perdonen la molestia, siempre es el quiero y no puedo en materia de inmigración. Ahora se está haciendo el remolón con los menas, pero en realidad había pactado su acogida. Y si VOX rompió con ellos en las comunidades autónomas, fue por eso. Al Partido Popular que no le pase lo que ha pasado a otras fuerzas conservadoras en Europa. Basta ver cómo están sus equivalentes franceses, a los que Marine Le Pen les ha comido el terreno. La inmigración es ya el primer problema de los electores. Durante veinte años o más no se ha hecho nada.

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