«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Ilicitana. Columnista en La Gaceta y El País de Uruguay. Reseñas y entrevistas en Libro sobre libro. Artículos en La Iberia. Autora del libro 'Whiskas, Satisfyer y Lexatin' de Ediciones Monóculo.

Anarcojeta

29 de julio de 2025

Noelia tenía colgadas en su despacho la bandera de Gadsden y la foto de Maggie Thatcher. Sólo le faltaba, para completar su pequeño santuario liberal-crossfitero, la de Ronald Reagan y puede que la de san Juan Pablo II. Aunque lo de poner el retrato de un Papa, como que no. Tampoco hay que exagerar. Con el humanismo cristiano y el desembarco de Normandía vamos sobraos. El caso es que, para desgracia de la candidata pepera madrileña, lo único que no colgaba de aquella pared era el título de Derecho y el de Ciencias Jurídicas de las Administraciones Públicas, carreras universitarias que decía haber cursado, junto con la de Estudios ingleses, en centros ubicados desde Missouri hasta Madrid, pasando por la educación a distancia, según la versión de su CV que se consultara. Esto ha traído distintas reacciones mediáticas y las más cómicas, justo es decirlo, han venido por estribor.


Están, por un lado, los que desde el ayusismo aconsejan a Noelia hacerse un viaje y reflexionar sobre lo ocurrido. Pero también hemos leído la reacción airada de los que hicieron como Noelia y, en su momento, prefirieron no tragarse ni una soporífera hora de clase sobre la transposición de las directivas europeas al Derecho español o sobre las reacciones de tautomería cetoenólica; vamos, los que no han pisado una facultad en su vida. Estos han reaccionado desenfundando el comodín del protestantismo. ¡No somos calvinistas, no señalemos a Noelia!; frase cuya formulación más conocida hasta la fecha era la del: ¡no somos protestantes, como Viktor Orban! (nótese que Orban puede ser sustituido por Trump, Bukele o Bolsonaro en función del humor del escribiente). Cuando te salen con la falacia (¿el chantaje?) ad calvinus ya sabes que a ti, pobre católico mediterráneo, te va a tocar envainártela de una u otra forma. Sea con lo de la anarco-jeta Noelia, la delincuencia, la inmigración norteafricana o lo que le rote al escribiente en función del momento. ¿No eras católico? Pues mama. Dicho lo cual, tampoco se trata de despellejar a la Núñez. Pero habremos de convenir que su dimisión ha estado igual de mal gestionada que su engaño.

Lo primero es que nada de esto fue un «error», como ella ha sostenido, sino el fruto de una decisión madura (como el compromiso de nuestros reyes). La idea de «error» enturbia o difumina la verdadera intención, que era la de engañar. Si dimite, por lo menos que no se justifique mucho. Ciertos medios de la moderosfera han señalado que el problema, más que en la mentira de la gachó, reside en la «titulitis». Los que llevan años promoviéndola —acuérdense de cómo algunos realizaban en un verano dos posgrados entre Harvard (Aravaca) y Georgetown, o se pirran por un diploma de Wharton— pretenden ahora que, si todo el mundo tiene título, de nada vale el título.

Acierta la izquierda mediática al arrojar la «meritocracia» a la cara del Partido Popular, sin embargo, no se dan cuenta de que ellos mismos se cargaron «el ascensor social de los pobres». El hecho de que, en nuestros días, un título universitario sea poco más que papel mojado y la Academia un aparcadero post adolescente podría tener su origen en la Ley de Reforma Universitaria de González del año 1983. La degradación en la calidad de la enseñanza ha sido evidente. Un estudiante de Derecho en los años sesenta o setenta veía en la tarima de su aula a Federico de Castro o a Juan Iglesias. Hace veinte años, con suerte, tomaba apuntes del juez Garzón. Hoy, puede que tenga la inmensa fortuna de que le dé clase un tertuliano o un conversador público. Aunque hay honrosísimas excepciones, por supuesto.

En lugar de replantearse estos temas, y abrir el melón de nuestro depauperado sistema universitario, el PP ha preferido hacer política para adultos y anunciar en un tuit la dimisión de su diputada en el Congreso, vicesecretaria de Movilización y Reto Digital y concejala de Fuenlabrada, finalizando el mismo con un maduro (pero no mucho) «@PSOE os toca». 

Sospecho que van a esperar un rato.

Noelia Núñez fue fichada, a las pocas horas de su dimisión, por Mediaset para colaborar en el programa En boca de todos de Cuatro. Desde aquí, nos alegramos sinceramente por dos motivos. En primer lugar, por que vaya a empezar a cotizar trabajando en la empresa privada (toda una experiencia para ella). Pero también por que, en realidad, no haya tenido que abandonar el sector y continúe en el show business.

Fondo newsletter