Rafael L. Bardají (Badajoz, 1959) es especialista en política internacional, seguridad y defensa. Asesor de tres ministros de Defensa y la OTAN, en la actualidad es director de la consultora World Wide Strategy.

El ministro de Mortandad, Salvador Illa, puede que sepa mucho de Kierkegaard, pero de negociación comercial y números anda un tanto pez. Ya es mala pata o poco visón que de todas las farmacéuticas con las que ha negociado futuras entregas de las vacunas contra la Covid-19, a la única que no le hiciera pedido alguno haya sido la que va a poner antes la vacuna en el mercado. Pero, imagino, que en la estela de lo que bochornosamente sucedió en marzo, ya habrá algún amiguete mediando para que Pfizer aparte un stock de su producción para que las compre Pedro Sánchez. Y digo Sánchez y no España porque tal y como se presentó ayer Illa, ya ha empezado la campaña de propaganda de cómo este gobierno, que ha enviado a la tumba por su incompetencia y sectarismo a 60 mil españoles, se presente como el salvador de nuestra especie frente al virus chino.

El ministro de Sinsalud afirmó con rotundidad, sin tener todavía compromiso alguno con la empresa fabricante, que en enero España contaría con 20 millones de dosis de la ansiada vacuna. Ojalá. Pero Illa, hombre por formación y deformación de letras, debería hacer unos pocos cálculos antes de echar las campanas al vuelo. Por ejemplo, hay muchas cosas de la vacuna que aún no sabemos, pero de las que sabemos se deducen serios problemas para nuestro sistema de sanidad. Sabemos, por ejemplo, que los viales requerirán un tratamiento en frío (a menos 80ºC, para ser exactos) que no todas las instalaciones médicas disponen. Siempre queda, es verdad, que una de esas empresas desconocidas que se enriquecieron trayendo mascarillas de china, vuelva a hacer su agosto y compre y revenda estas neveras de frio. Pero, hoy por hoy, nuestros centros de atención primaria donde van los mayores a inyectarse la vacuna de la gripe, por ejemplo, no cuentan con ellas. Y de los 400 hospitales públicos que hay en España, como mucho un tercio de los mismos disponen de este tipo de frigoríficos en sus farmacias. O sea, que no va a contar el ministro Illa de miles de puntos de vacunación, sino unos 300 puntos en toda nuestra geografía.

Teniendo en cuenta la capacidad de vacunación, cada hospital debería, como mínimo, poner 84 vacunas a la hora durante 4 meses

Por otra parte, Illa ha mencionado 20 millones de dosis. Tendría que aclarar si se refiere a 20 millones de vacunas completas o sólo a 10 millones, habida cuenta de que esta vacuna requiere dos dosis espaciadas 28 días entre sí. Imaginemos, como me temo, que se trate de esto último. Tendríamos a una población de 10 millones que debería pincharse 20 millones de dosis. Es decir, habría que inocular 5 millones de dosis al mes. Lo que teniendo en cuenta la capacidad de vacunación, cada hospital debería, como mínimo, poner 84 vacunas a la hora durante 4 meses. Por lo que podemos deducir de las campañas de la gripe estacional, no salen las cuentas. O se hace de otra manera, o se contrata a personal extra. O se está construyendo una gran mentira otra vez.

En cualquier caso, si Illa tuviera asesores que le hicieran bien las cuentas sabría que 10 millones de vacunados, más el millón largo de contagiados, representan un 20% de la población en España. Si para lograr la inmunidad de rebaño un 60% de la población tiene que ser inmune, a Illa le falta mucho para convertirse en nuestro salvador. De dosis y de tiempo. Cuando le oigan hablar de meses, enero, marzo, el que sea, no piensen en el 2021, sino en el 2022 teniendo suerte. 

Deja una respuesta