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Este artículo se publicó en La Gaceta antes de convertirse en La Gaceta de la Iberosfera, no siendo entonces propiedad de Fundación Disenso.

El automóvil y la ciudad moderna

13 de noviembre de 2015

Comprendo perfectamente que esta opinión pueda ser debatible,  rechazable de plano por aquellos que pretenden moldear el mundo y su evolución a voluntad, aquellos que  niegan la interconexión que existe entre los fenómenos y cuestiones que nos obligan a tener que escoger continuamente entre opciones que van, no desde lo bueno y lo malo, sino entre lo preferible y lo menos deseado. Escoger un modelo de sociedad arrastra unas consecuencias no deseadas, no existe un mundo aséptico, la propia evolución entraña unas complejidades que no se pueden obviar a base de buena voluntad. 

Nadie puede negar que la evolución de la sociedad contemporánea va indisolublemente unida al automóvil, este medio de transporte ha permitido desplazamientos individualizados, más distantes y rápidos que cualquier otro medio anterior. Esta cualidad del automóvil ha permitido que las aglomeraciones humanas hayan crecido en tamaño y en densidad de población a unas cotas imposibles en un pasado rural fundamentalmente agrícola.

La culminación de esa revolución social, fue la producción industrial  masiva de dicho vehículo, que lo ha puesto al alcance de cualquier ciudadano. Este fenómeno ha revolucionado la mentalidad de las personas, del mundo del trabajo, sus características y limitaciones, que repercutió en la productividad del mismo, variando la  escala geográfica hacia mercados más amplias que los pequeños mundos aislados y circunscritos de la sociedad primitiva. Este incremento de productividad, derivada de la mecanización, y a su vez la extensión de sus ventajas a los individuos en particular, ha reforzado el sentido de libertad, movilidad y ambición de la persona, más allá de cualquier sistema colectivista.   

La nueva “progresía” al renegar del individualismo, al menos para el resto de la humanidad aunque no para ellos, le tiene particular ojeriza al automóvil, uno de los exponentes individualizadores más conspicuos, que tradicional y escandalosamente ponía en evidencia, frente a las empobrecidas sociedades de las economías socialistas del antiguo Este, las carencias de su sistema y la superioridad del sistema occidental. Cada vez que alguien comparaba las ventajas de una sociedad que producía “trabants” con la de los BMWs o Mercedes, veía destripadas todas sus utopías.

Dos son los nuevos latiguillos o caballos de batalla de esa nueva izquierda revolucionaria, una combinación de comunismo y anarquismo, que en gran medida ha dejado de apoyarse en la clase obrera industrial, para centrarse principalmente en causas de tipo sociológico o cultural: “marginados” de cualquier clase, la liberación de féminas, emigrantes, homosexuales, transexuales, drogadictos, delincuentes, movimientos de liberación nacionalistas, minorías religiosas… ybuscando siempre una razón para justificar la necesidad de acabar con una determinada estructura de sociedad y  transformarla en otra: el mito del “hombre nuevo”.  Justificaciones, pretendidamente morales, ya que económicamente han sido desbordados por la evidencia del fracaso de sus argumentos. Una nueva cruzada (siempre apegados curiosamente al discurso de culpabilidad judeo-cristiana, ya que esos sentimientos son acogidos favorablemente solo por culturas de raíz cristiana,  son ajenos a las sociedades orientales…) Causas merecedoras de mejores valedores sin duda, y una mayor  atención por parte de todos, pero en ningún caso son de interés o atención exclusiva de su ideología.

El segundo caballo de batalla es la “ecología” entendida según su catecismo. No están buscando únicamente una limpieza y respeto al medio ambiente sino  una revolución en el orden social, que nos llevaría a un quebranto generalizado de nuestro sistema de producción industrial. Emplean la ecología como un arma más para destruir el sistema, y es ahí donde debemos distinguir y oponernos claramente a la desaparición de los logros conseguidos por nuestro modelo de sociedad, con todos sus defectos, es el que más bienestar ha generado en  el mundo desde su más remoto principio.

Ahí es donde encaja su cruzada contra el automóvil, que nadie se engañe, la polución les importa un pito, los países que más han polucionado y polucionan en el mundo son los denominados socialismo real, todo el antiguo Este fue de escándalo, Rusia y China a la cabeza y la India socialista heredera de Nehru.

Si persiste esta cruzada contra el automóvil en las ciudades, a la larga, se producirá una disección entre el centro y las afueras, las ciudades modernas como Madrid, pueden albergar en su núcleo 2 millones de personas pero hasta 6 millones hay en la ciudad, si se pretende aislar  ambos sectores, la consecuencia será la ruina del comercio y las actividades económicas en el centro, y la proliferación de ciudades satélites en el extrarradio, donde sea más cómodo ir a la compra o a comer, teniendo un parking disponible para volver con independencia a nuestros hogares,  que están de media a más de 8 km. de nuestras residencias. Consecuencias: desaparecen las oficinas, el centro se hunde comercialmente, los residentes del centro son insuficientes para mantener el volumen de  actividad comercial de su zona,  cierran los pequeños negocios, (asediados por una fiscalidad sofocante) el desempleo se dispara, la actividad comercial se traslada al extrarradio, en el centro permanece una población envejecida, ya que solo se pueden permitir residir en él, personas mayores que han heredado sus propiedades, cuyo nivel de consumo es bajo, o en algunos barrios, núcleos de población marginal, los barrios tradicionales se degradan, los jóvenes se trasladan a nuevas zonas residenciales donde disponen de precios más razonables y servicios adecuados a las necesidades familiares: centros comerciales, parkings, restaurantes, parques deportivos, colegios.  Esto no es algo que vaya a producirse de golpe, se tarda, pero lo hemos visto ya en muchas ciudades occidentales, con la excepción de algunas contadas, cuyo atractivo es de carácter mundial,  

Muchos añoran, al igual que los psicólogos hablan del deseo de vuelta al útero, una vuelta a una sociedad bucólica e idílica, en que todo esté a la vuelta de la esquina: la ciudad medieval.

Es evidente que eso hoy no es posible, sin unos daños irreparables en la estructura económica y social de nuestra sociedad occidental,  se requeriría  una revolución larga y trascendente respecto a nuestra forma de vida. Podremos afirmar y con razón que estas “conurbaciones” modernas son un horror, y  hasta ahí podemos estar de acuerdo, pero para alterar ese modelo habrá que pensar en otro real, no utópico, para que con tiempo, podamos invertir esta masiva tendencia a crear núcleos urbanos cada vez más gigantescos e inoperantes en todo el mundo. Pero el que se consiga, si es que se consigue, semejante cambio, no permitirá que nadie en dos generaciones se ponga medallas políticas, porque habrá sido una transformación lenta en la que haya participado  la totalidad de la sociedad.

Pero esos cambios son evolutivos,  mal que les pese a estos revolucionarios de salón, no se consigue a base de predicar montar en bicicleta en una ciudad como Madrid, llena de cuestas, (observen las características de las ciudades europeas donde se utiliza la bici) y donde la edad media de la población, no está desde luego para hacer esfuerzos juveniles: ni todo el mundo tiene el tiempo para utilizar el transporte público ni dinero para pagar taxis.

 

Por otro lado, cínicamente, no vendrán mal algunas situaciones caóticas, para ver si los socialistas espabilan y  expulsan del municipio a una minoría de personas que bromean con la muerte de 6 millones de judíos, las víctimas del terrorismo,  amenazan de muerte a concejales de la oposición, regalan edificios públicos a delincuentes “okupas” y ofenden los sentimientos religiosos y civiles de una mayoría de la población Unas personas que dicen preocuparse por la “salud” de los madrileños… ¿Por qué no  potenciar un medio de transporte tradicional entre sociedades no tan polucionadas como la nuestra, tan económico y limpio como el “rikshaw,”, que sin duda no poluciona y es ecológicamente  sostenible? 

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