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Este artículo se publicó en La Gaceta antes de convertirse en La Gaceta de la Iberosfera, no siendo entonces propiedad de Fundación Disenso.

Dos batallas, una guerra

17 de junio de 2015

Ciudadanos nació en Cataluña para movilizar, unir y galvanizar a los millones de catalanes que no quieren separarse de España ni verse de la noche a la mañana fuera de la Unión Europea y del euro porque en el exterior de esta vasta Comunidad de valores y de prosperidad un nuevo Estado diminuto puede pasar mucho frío. Además, la tupida red de vínculos sentimentales y económicos entre Cataluña y el resto de España, consolidada tras siglos de caminar juntos, es de tal grosor e intensidad que su desgarro provocaría seguramente una hemorragia mortal de la que el Principado no se repondría, si llegara a hacerlo, durante varias décadas. El éxito de Ciudadanos, aparte de los indudables méritos de sus dirigentes, se ha debido al abandono suicida de su electorado natural por parte del Partido Socialista y del Partido Popular en esa Autonomía, prisioneros de su cobardía, de su confusión mental y de sus complejos. De hecho, todo augura que en las próximas elecciones del 27 de septiembre tanto el PPC como el PSC se hundirán en la irrelevancia mientras Ciudadanos se erigirá en la primera fuerza en el ámbito catalán a gran distancia de las otras dos entre los sectores sociales constitucionalistas con la posibilidad real de hacer imposible el proyecto secesionista de Artur Mas.

En este estimulante contexto, se ha planteado en el seno de la formación naranja una cuestión trascendental: ¿Debe Albert Rivera ser el cabeza de lista primero en las autonómicas y a continuación también en las generales dos meses después o es mejor que se concentre en las generales y ceda el primer puesto el 27 de septiembre a otra figura de su partido, todo ello, obviamente, mediante el correspondiente proceso de primarias? El anuncio de que las elecciones internas de candidaturas tendrán lugar simultáneamente para ambas convocatorias apunta a que la decisión ya está tomada y que la dirección de Ciudadanos ha optado por reservar a su presidente y más valioso activo político para la gran cita de noviembre en la que previsiblemente el cambio profundo registrado en las recientes municipales se confirmará en el Congreso de los Diputados y en el Gobierno que surja de su nueva composición.   

Sin embargo, esta operación, aunque aparentemente lógica por el deseo de escapar de una excesiva personalización del partido y evitar la acusación de que Rivera acapara la totalidad de la escena por afán de protagonismo o de que el banquillo anda escaso de jugadores de la suficiente talla, si se reflexiona más allá de estas consideraciones superficiales, ofrece perspectivas de mayor calado que sería peligroso ignorar. En primer lugar, lo que se está librando en España hoy no es una sucesión de batallas aisladas, sino una guerra de la que cada contienda sucesiva forma parte indisoluble. Por tanto, la batalla de Cataluña en septiembre y la nacional en noviembre han de ser libradas por Ciudadanos con el mismo esfuerzo y atención, poniendo el conjunto de sus efectivos a máximo rendimiento en las dos ocasiones. Cataluña no es un teatro bélico secundario o preparatorio de las generales, es una fase absolutamente relevante de un recorrido que ha de ser cubierto completamente. En segundo lugar, los votantes del resto de España van a seguir con el alma en vilo lo que suceda en Cataluña y si Rivera lucha en su tierra con denuedo en primerísima línea, los demás españoles lo verán como su campeón y asumirán su denuedo como propio. En otras palabras, apreciarán y agradecerán el compromiso del presidente de Ciudadanos en las autonómicas catalanas como una hazaña con sentido nacional y si Rivera triunfa, sentirán esta victoria como española y también suya. A partir de aquí, si Rivera a continuación se lanza a jugar en la liga nacional, nadie le reprochará ni a él ni a su partido que repitan cabeza de cartel. Por el contrario, le apoyarán con entusiasmo como reconocimiento de su entrega y éxito previos en Cataluña. Desde este mismo ángulo, un resultado de Ciudadanos en las catalanas por debajo de las expectativas al no ocupar Rivera el número uno de la lista, le debilitará de cara a las generales. El hecho de que los dos comicios estén tan próximos en el tiempo es asimismo un factor a favor de la tesis de la doble candidatura porque le permitirá a Rivera gozar de una ventaja competitiva gracias a su juventud y vigor que sus adversarios a nivel nacional no tendrán: una campaña de tres meses con los focos puestos sobre su persona.

Se dice que cuatro ojos ven más que dos. Espero que estas reflexiones contribuyan a ampliar el horizonte estratégico de Albert Rivera y de su equipo. En cualquier caso, hay que desearles mucha suerte.

 

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