«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Nació en Madrid en 1975. Es Doctor en Periodismo por la Universidad San Pablo CEU. Ha dedicado casi toda su vida profesional a la radio. Ha publicado los libros "España no se vota" y "Defender la Verdad", "Sin miedo a nada ni a nadie" y "Autopsia al periodismo".

Bipartidismo

20 de julio de 2025

A muchos ciudadanos les ha podido causar cierto estupor que cuando más pútrido lucía el PSOE con el tirano Sánchez al frente, hayan salido de pronto las noticias sobre Cristóbal Montoro, como si fuesen una pesada cortina de humo. De hecho, así lo han vivido bastantes simpatizantes peperos, acostumbrados a esa dinámica (letal para el buen funcionamiento institucional) que consiste en que los medios de uno y de otro «bando» marcan la agenda política y deciden en cada momento de lo que se debe hablar: «Hoy de Cerdán, mañana de Montoro». Y casi nunca de España.

Sin embargo, la realidad política de nuestro país es sustancialmente distinta de lo que reflejan los medios de uno y de otro bando, empezando porque en realidad no hay dos bandos, sino solamente uno. Tanto en la política como en el periodismo, lo que hay es un bipartidismo de facto que, con dos marcas distintas, busca el mismo fin: la servidumbre de las agendas globalistas y el menoscabo de la soberanía nacional que recae en el pueblo español. Y bien que saben que esto es así en los despachos donde se deciden los plazos y los detalles de la nefasta agenda 2030.

Montoro era un ministro socialista de Hacienda en un Gobierno del PP. Pensaba, como el PSOE y como Podemos, que la mejor manera de que el Estado tuviese dinero era quitárselo a los ciudadanos del bolsillo, negando por la vía de los hechos (de su expolio fiscal) lo que tanto Aznar como Rajoy prometían cuando estaban en la oposición. Ahora, lo que hemos sabido es que, presuntamente, Montoro no sólo esquilmaba hasta la pobreza a las famélicas clases medias, sino que además se lo llevaba calentito de varias empresas que pagaban para ser favorecidas por el Ejecutivo popular. La imputación del exministro ha supuesto su renuncia a la condición de afiliado del partido.

Muchísimas personas en España siguen viviendo en el mátrix pergeñado por el propio bipartidismo para poder seguir engañando a los españoles. Y creen de verdad (la mayoría, ingenuamente) que el PP es la oposición al PSOE, y viceversa; que Feijoo es lo opuesto a Sánchez como Rajoy lo fue de Zapatero. Y que esta alternancia siniestra (es decir, de izquierdas) es todo lo que podemos esperar los ciudadanos de la política. De Cánovas a Sagasta, pero sin ni siquiera disimular que bajo sus aparentes broncas en el Congreso, los dos se aman apasionadamente. Y se aman porque no son nadie el uno sin el otro.

¿Cómo va a reprochar nada Feijoo a Sánchez, si los presuntos delitos que el juez está investigando en el «caso Montoro» son, probablemente, más graves que los que han mandado a Cerdán a la cárcel? ¿Qué autoridad moral puede tener un partido que en la oposición promete rebajas de impuestos y liberalizar la economía, y cuando llega al poder sube los impuestos más que los comunistas? ¿Acaso hay alguna diferencia sustancial entre las mentiras que propala el embustero de Sánchez, por ejemplo, en el tema de la inmigración ilegal, y las que echan los dirigentes peperos que están financiando los centros de menas (epicentros de la inseguridad y el crimen callejero) con el dinero de nuestros impuestos?

El PP es la cara b de una moneda que tiene al PSOE en la otra. Pero la moneda es la misma. Pensar que Feijoo cambiaría algo de lo que Sánchez está perpetrando desde La Moncloa equivale a confiar en un tipo como Montoro a quien (ya sí lo podemos afirmar) España y los españoles le importaban lo mismo que a Ábalos o a Koldo. Son indistinguibles porque les mueve lo mismo: su ombligo por delante del más pequeño interés general.

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