«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Director de Rius TV en YouTube. Trabajó antes en La Vanguardia y en El Mundo. Director de e-notícies durante 23 años.

Burkinis en las piscinas

16 de agosto de 2025

El otro día en una piscina pública vi un burkini. Da impresión, la verdad. De negro de arriba a abajo. Las hijas, todavía niñas, también llevaban vestidos de baño completo. Pero no tanto como la madre. Supongo que porque no habían alcanzado la adolescencia. En cambio, los varones vestían calzón corto. Como cualquier occidental. Había visto alguno en la playa. En la costa de Tarragona empiezan a proliferar. Está relativamente cerca de Francia. Y muchos franceses deben preferir ir a esta zona que a la Costa Azul. Mucho más cara. Lo que pasa es que son franceses de origen árabe. Galos ya de segunda o tercera generación. Seguramente han nacido incluso en el país vecino. Pero no puede decirse, a tenor del vestido de baño de la señora, que se hayan integrado en la sociedad occidental.

Los coches suelen ir hasta los topes. Con tres o cuatro hijos. La suegra tapada también hasta las cejas. Esos automóviles que, en cambio, no salen en los anuncios de la Dirección General de Tráfico. A lo mejor van a cruzar el Estrecho. Sospecho que los Mossos —los cuáles tienen competencias de tráfico en Cataluña— deben hacer también la vista gorda. A ver a quién se le ocurre pararlos en el arcén y pedir papeles. Intentar entenderse en francés o en árabe y que todo esté en regla.

En el caso de que tuvieran que inmovilizarlo, por exceso de equipaje, ya estaría liada. Me imagino a los niños revoloteando a pleno sol. Seguro que alguna ONG se apiadaría de ellos y saldrían en el telenoticias de TV3. A la pareja de agentes los acusarían de «islamofobia».

Volviendo a los bukinis, he visto también en el litoral. Cada vez más. El hombre jugando con los hijos en el agua y la esposa tapada sentada en un rincón. ¡Incluso sin sombrilla! En Cataluña, su uso en las piscinas públicas lo aprobó el Gobierno de Esquerra, que se definía como «feminista». A mí me asalta una duda: si son tan recatadas, ¿se sacan la ropa interior en el vestuario o ni eso? Lo pregunto por cuestiones sanitarias.

Fue obra de la consejera Tania Verge, titular de Igualdad y Feminismos. En virtud de sus pactos con Esquerra, Salvador Illa ha mantenido la consejería pero le ha borrado la «s» final: «Igualdad y Feminismo». Un día habrá que hablar del viaje de Eva Menor a Estados Unidos. Illa tiene 16 consejeros, dos más que Pere Aragonès, porque tenía que hacer sitio a los de ERC.

Lo que no me cuadra es que un gobierno «feminista» esté a favor del burkini. Pere Aragonès, en su discurso de investidura aquel 26 de marzo del 2021, hizo gala de una «bandera feminista que rompa todos los techos de cristal, que erradique toda forma de machismo». La verdad es que la citada Tània Verge nos dio otras alegrías durante su mandato (2021-2014). En una ocasión salió en rueda de prensa tras la reunión del Gobierno autonómico y nos estuvo machacando durante ocho minutos, los conté, contra el heteropatriarcado. Al final, en el turno de preguntas, le pedí si la culpa era nuestra, de los hombres quiero decir. Puso cara de póker. En la misma comparecencia, anunció una sanción para una marca de roba interior que, al parecer, había hecho braguistas demasiado pequeñas. Pero no dijo el nombre de la marca en cuestión a pesar de la insistencia de dos o tres colegas. Todo para volver a salir al cabo de unos meses y admitir que legalmente no la podían sancionar. La consejera del ramo ni siquiera se sabía la legislación vigente.

Por no hablar de aquella otra vez que se quejó en las redes de que tenía mucho trabajo. En el Govern la justificaron diciendo que había tenido que crear la consejería de cero porque antes no existía. Lo último que sé de ella es que se fue a Hungría junto a otros militantes de ERC. Para manifestarse contra Orbán, no contra el burkini.

Pero lo peor de todo es que es catedrática de política y género de la Universidad Pompeu Fabra que, en teoría, tenía que ser la universidad de élite de Cataluña. La universidad catalana está tan mal —me temo que como la del resto de España— que no sólo esta señora ha llegado a catedrática, sino que algunos de los más ilustres teóricos del proceso son profesores: Héctor López Bofill, de derecho constitucional en la citada Pompeu Fabra. Josep Costa de Teoría política, también. Y Josep Lluís Alay de historia del Tíbet en la de Barcelona. ¿Qué podía salir mal?

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