Juntar a Alsina con Moreno Bonilla el día después de que su Florentineza se diera el gustazo ante la prensa de editorial único fue un alivio para el espíritu del consenso. Moreno lleva años suplicando la vuelta de un PSOE fuerte y es ahí, en la radio de todos los consensos, donde Juanma se siente cómodo y admite en la recta final que apoya la regularización masiva de Sánchez, aunque él lo habría hecho de otra manera. Más diálogo con las autonomías, que no vengan asesinos (oh, gracias) y siempre velando por la economía. Si mañana no hay inmigrantes la agricultura se nos cae. El clásico quién recogerá el algodón, my lady.
Moreno comenzó la precampaña diciendo que VOX vive cómodo en la protesta porque no aspira a gobernar y ahora ruega a los suyos que no se vayan a la playa el domingo para evitar la prioridad nacional que Guardiola y Azcón han firmado. A Moreno se le chafó el discurso de que los populistas no querían responsabilidades ni consejerías. Extremadura y Aragón han sido dos torpedos en la línea de moderación.
Quizá el mayor síntoma de que la campaña se le ha hecho larga al PP es que Aznar haya irrumpido para recordarnos que la coalición de la invasión goza de buena salud. Pero hay otras señales. A algún gurú se le ha ocurrido impulsar la carrera de Juanma como estrella del pop. Tremendo videoclip, oigan. Su baza es caer bien. El yerno de Andalucía agarra el micrófono y cierra los ojos y canturrea Kilómetro sur antes de que se lo coman a besos las señoras mayores. A ellas les dedica su sonrisa permanente y fuerza el acento como sólo un político en campaña es capaz.
Ante semejantes herramientas no hay argumentos posibles. Las emociones hacen trizas los papers de los gurús más avezados. En tiempos de marketing político la forma se impone al fondo y las ideas quedan sepultadas en el altar de lo inmediato. No hay más horizonte que ganar las próximas elecciones, así que no vaya usted a pedir que este tipo de figuras de cartón piedra, no digo que tengan un plan, sino que hayan pensado cinco minutos en cómo estará nuestro país en 20 años.
No descubrimos nada. Las masas sólo reaccionan ante estímulos y emociones, por eso jamás hemos visto una manifestación multitudinaria contra la tasa de basuras o una subida de impuestos. A los pueblos no los han movido nunca más que los poetas, que diría aquel. La caricatura de buena gente reemplaza la falta de ideas.
Y es curioso que esto ocurra cuando el centrismo lleva una década llorando porque el populismo se nutre de las emociones frente a la razón. La santísima tabla de Excel del tecnócrata sin alma ni patria. Guarde usted esas banderas, ni esteladas ni rojigualdas, pero sí la mahometana de Blas. Rebajemos los decibelios y la crispación, que siempre habrá un PSOE bueno de guardia.
En fin, son tiempos de gurús. Vendedores de envoltorios y ocurrencias de consultora de las que facturan cifras de seis en seis. Vasitos de cartón, paredes color hueso y espacios diáfanos. Dentro no hay más de dos ideas sólidas. Todo es hojarasca. Si agitamos todos esos lugares comunes nos sale Moreno Bonilla, Huanma para los amigos. Y que levante la mano el que no esté pensando ahora mismo en el extinto Ciudadanos, ese partido tan moderno y cool que iba a pilotar la segunda entrada de España en la UE, ahora los Estados Unidos de Europa, que al fin acabaría con nuestro atraso histórico y culminaría nuestra homologación europea. Claro que todo aquello venía con la legitimidad de quienes habían pasteleado en el PSC de jovencitos. Los viejos progres ahora reciclados en liberales recalcitrantes. Arcadi Espada, Savater, et al.
Por encima de todas las cosas Moreno es un camaleón. Igual adquiere tonalidad de diputado por Cantabria que ensaya pose enlutada y al día siguiente aspira a los 40 principales. Moreno es el fenotipo que causa furor en la derechita asustaviejas.
Ignacio Camacho, histórico del ABC, dice de él que su mayor virtud es que el cambio no se ha notado en Andalucía. El cambio tranquilo. Elogio del continuismo.
En este mundo de reels adictivos y política de usar y tirar nuestra memoria flaquea, y ya apenas recordamos que dos días antes de las elecciones andaluzas de 2018 Moreno Bonilla había vaciado su despacho del Parlamento andaluz. Casado y Teodoro esperaban con la guillotina en Madrid. Apoyó a Soraya en las primarias y eso no se olvida. Tampoco nos acordamos —especialmente Juanma, que no quiere hacerlo— que el peor resultado de la historia de su partido lo sacó él y que sin VOX jamás habría llegado a San Telmo.
Hace poco Hughes dijo que el centrismo de ayer está explicándonos el mundo que negaba. Juanma sonríe, Alsina sostiene el envoltorio. Dentro no hay nada, apenas la validación de la política inmigratoria de Sánchez. A disfrutar del cambio.