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Este artículo se publicó en La Gaceta antes de convertirse en La Gaceta de la Iberosfera, no siendo entonces propiedad de Fundación Disenso.

Cataluña un problema

19 de diciembre de 2013

La política catalana está llena de falsedades. Han construido un discurso acomodado a sus necesidades históricas para que el abuso de Madrid y la injusticia para con ellos se convierta en realidad. A Cataluña, como a Euskadi, le sucede que su historia es impredecible. Cualquier catalán que explica su historia jamás se acuerda de contar que el resto de España en 1978 les ofreció un concierto económico como el vasco y el navarro y no lo quisieron. De ese desequilibrio la culpa la tiene España. De que ellos dijeran que no, la culpa la tiene el Estado. Como los catalanes tienen sentimientos tenemos que entender todos que tenemos que darles una respuesta satisfactoria a esa emoción. Para ellos, los nazionalistas, los demás no tenemos sentimientos o si los tenemos sonde rango inferior. Una cosa que odian los nazionalistas es la igualdad. Ellos son diferentes y además mejores.

Los nazionalistas catalanes en su larga lista de agravios con el resto de España jamás mencionan el tratamiento preferencial que tienen en el Congreso de los Diputados. Los partidos nazionalistas vascos y catalanes disfrutan de una sobre representación capaz de ser siempre el apoyo necesario para la gobernabilidad. Hablan de autovías y no de señorías. Con muchísimos menos votos que IU o UPyD tienen muchos más diputados. Obviamente el resto de españoles tenemos que estar agradecidos por disfrutar de tanto vasco o catalán por las Cortes.

El mal uso que los diferentes gobiernos nazionalistas de Cataluña —incluido el tripartito—  han hecho del dinero de todos los españoles es culpa nuestra. Y además quieren más. Todos sabemos que el mal gestor siempre necesita más dinero. Y cuanto más le das más lo malgasta. Tienen tanta cara que en los presupuestos de la Comunidad incorporan la partida para financiar el referéndum ilegal. Y les parece lo más normal. Rajoy ha creído que a base de darles dinero el pulso soberanista no iba a progresar. Es tan blandito que, después de anunciado el referéndum y de hacer pública las preguntas, apeló al sentido común de Artur Más.

Nuestros políticos se han puesto a buscar soluciones para el reto soberanista. Y siempre la más fácil es plantear la reforma constitucional. Los nazionalistas siempre apoyan estos proyectos porque además de querer modificar la Constitución en el sentido que colme sus aspiraciones saben que esos debates representan una debilidad del Estado. Yo creo que la única reforma que cabe de la constitución es aquella que nos haga a todos los españoles iguales por primera vez en la historia. Sin privilegios y con unas autonomías mucho más recortadas. Pero eso a los nazionalistas catalanes y vascos no les sirve. ¿Por qué no empezamos a ser demócratas de verdad y hacer lo que quieren las mayorías? Creo que sí votáramos todos los españoles sobre el destino de Cataluña, con el cansancio generalizado que hay, en el resto de España ganaría el si a la independencia y en Cataluña ganaría el no. Cataluña es un problema que tienen que resolver los que lo han creado. O sea, los políticos. Con las mentiras y el victimismo de unos y tanto mirar para otro lado de los demás.

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