«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Director de Rius TV en YouTube. Trabajó antes en La Vanguardia y en El Mundo. Director de e-notícies durante 23 años.

La burguesía catalana claudica

6 de junio de 2026

La burguesía catalana ha vuelto a bajarse los pantalones. Fue el pasado miércoles en las jornadas que organiza cada año el Círculo de Economía. Al inicio del coloquio, la presidenta de la entidad, Teresa García-Milà, hizo una velada alusión a las últimas informaciones sobre el chaparrón judicial del PSOE.

Pero, por si acaso, se apresuró a decir que ello correspondía esclarecerlo a las «autoridades competentes». Es decir, a los jueces. Y a otra cosa, mariposa. Lo único que pidió fue más «control, transparencia y rendición de cuentas». Aunque responsabilizó tanto al Gobierno como a la oposición.

Fueron apenas dos minutos y medio de los 12 que duró su intervención. El acto en sí se prolongó una hora y siete minutos. Ni siquiera al final —una especie de diálogo entre ambos— volvió a salir el tema de la corrupción. Tampoco había, por otra parte, turno de preguntas. Supongo que para evitar alguna cuestión incómoda.

A pesar de que coincidió con el levantamiento del sumario por parte del juez Pedraz, de que Leire Díez y Santos Cerdán eran los presuntos jefes de la trama y de que el objetivo era torpedear investigaciones judiciales para proteger al «uno», es decir, a Sánchez. A ello, hay que añadir el supuesto desvío de dinero de las europeas, la reaparición de Gaspar Zarrías —aquel al que ya pillaron votando por otro en el Senado— o la conexión catalana del PSC.

Sin olvidar, por otra parte, que habrían metido mano en la Guardia Civil al ordenar a los de la UCO que se pusieran «de perfil». Mientras que la directora general de la Guardia Civil, Mercedes González, se reunía con la fontanera. Ahora lo ha admitido. O sea que mintió. En Estados Unidos, por mentir, cayó un presidente.

Pedro Sánchez, evidentemente, aprovechó que jugaba en campo amigo para andarse por las ramas. Vendió la idea de que España va como un cohete. Esperan que los salve la economía. Como Bill Gates en el 92. Cuando derrotó a Bush padre, pese a que este venía de derrotar a Sadam Husein.

Llevaba un as en la manga. En su línea. Anunció que iba a presentar los presupuestos del 2027. Hay truco: no son los de este año, sino los del que viene. Tres ejercicios ya sin las cuentas del Estado. Una cortina de humo con lo que está cayendo. Si no los aprueba, tiene la excusa ideal para convocar elecciones. Pero es que las últimas fueron en el 2023. O sea que tocan cuando tocan.

Por eso, las citadas jornadas fueron un episodio más, quizás imperceptible, del lento y progresivo declive de la otrora poderosa burguesía catalana. Ya ni pincha ni corta. El proceso, en realidad, fue lo mismo a gran escala. Un error de cálculo de parte de las élites catalanas. Aquello de que es mejor ser cabeza de ratón que cola de león. Al final resultó una apuesta fallida.

Incluso la Guerra de Sucesión (1701-1714), que algunos se empeñan en bautizar como guerra de secesión, va de eso. Lo que se dirimía entonces era la hegemonía peninsular entre la Corona de Castilla y la de Aragón. O, mejor dicho, entre castellanos y catalanes, porque los aragoneses no estaban mucho por la labor.

Como se sabe, el conseller en cap durante el asedio de Barcelona, Rafael Casanova, hizo un llamamiento a combatir «por la libertad de toda España». Y murió a una edad provecta, tenía ya 83 años, en la cama. Lugar poco idóneo para morir en el caso de un héroe.

Lo único que han conseguido en más de dos siglos, y la matraca del procés, es acelerar la decadencia. Ahora ya no lo niega nadie. Ni siquiera los de Junts, que son los principales responsables. No deja de ser curioso que Puigdemont se presentara a los últimos  comicios autonómicos con el lema “Cataluña necesita liderazgo”. Lo dice él que, en una muestra de precisamente liderazgo, salió huyendo tras montar todo el pollo.

Fondo newsletter