«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Escritora y artista hispano-francesa. Nacida en La Habana, Cuba, 1959. Caballero de las Artes y Letras en Francia, Medalla Vérmeil de la Ciudad de París. Fundadora de ZoePost.com y de Fundación Libertad de Prensa. Fundadora y Voz Delegada del MRLM. Ha recibido numerosos reconocimientos literarios y por su defensa de los Derechos Humanos.

Censura

14 de julio de 2025

La censura actúa como un invisible bisturí, diseccionando textos y amputando palabras o ideas que el poder considera peligrosas o inconvenientes. No distingue época ni ideología: puede adoptar la severidad de un burócrata franquista, armada de lápiz rojo y manual de moralidad, o el silencio ordenado por comisarios de otra latitud, ejecutado con la misma eficacia y sigilo, pero bajo nuevas consignas. El escritor, atrapado entre estos fuegos cruzados, se convierte en equilibrista de su propio lenguaje, orillando la autocensura mientras sortea lo indecible y lo inaceptable para el presente régimen.

A veces, los censores son lectores tan atentos que en sus tachaduras brilla, paradójicamente, un cierto respeto o comprensión del texto original. En otras, la prohibición es tan absoluta que opera como un borrado existencial, arrojando la obra y al autor a la intemperie del exilio y el olvido. Así, la censura no sólo mutila el texto, sino que redefine la memoria colectiva, decidiendo qué voces habrán de perdurar y cuáles serán condenadas a la sombra.

Sin embargo, la literatura —terca y audaz— encuentra resquicios para sobrevivir. Editores valientes, lectores cómplices y el tiempo, que todo lo filtra y revela, terminan por rescatar obras que un día fueron perseguidas. La censura, en su empeño de controlar el relato, suele alimentar el mito y el deseo de aquello que reprime: lo prohibido se transmuta en leyenda.

Y pese a todo, como un eco persistente, la censura se reinventa, ajustando sus máscaras y métodos, pero nunca desapareciendo del todo. El desafío sigue siendo el mismo: escribir, leer, y recordar en voz alta, incluso cuando otros insistan en que hay cosas que es mejor callar.

A ver si me explico mejor: a Guillermo Cabrera Infante la comisión aquella de la censura —o como se haya llamado— bajo Franco le sacó de su novela Tres Tristes Tigres, palabras que no se permitían por moralina. El editor Carlos Barral se enfrentó y aprobaron la publicación del libro con palabras censuradas. Bajo el mandato del presidente Felipe González y por órdenes expresas de Fidel Castro enviadas desde el Comité Central del PCC de Cuba mediante su correveidile Gabo —el Nobel del ron Havana Club— lo extrajeron de las librerías y prohibieron la venta de su libro de ensayos Mea Cuba; estuvo años prohibido hasta que con el presidente Aznar el libro volvió a reeditarse. Gabo le llevó el siguiente mensaje a González que esperaba ansiosamente una caricia o una malanga desde la Meca del PCC: «Dice Fidel que eres un maricón y que debes prohibir de inmediato ese libro del gusano Cabrera Infante». 

En ambos casos, sí, hubo censura, pero no me dirán que al menos bajo Francisco Franco había asesores ilustrados de casa. O sea, conocían su algo o su qué sé yo del argot cubano. Siempre hay censura, bajo unas eres un escritor censurado y publicado, en otras eres un gusano exiliado y borrado, que otra una forma de fusilar.

Para otro tutorial de la izquierda y sus crímenes, sígame.

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