Ceuta conquistadora
Ceuta conquistadora
Por Enrique García-Máiquez
9 de septiembre de 2026

Las viñetas gráficas que han pintado todo el territorio nacional con la bandera de Ceuta no exageraban. El cariño a la vieja ciudad española se ha dejado sentir hasta el último rincón y está siendo uno de los fenómenos más transversales que hemos vivido en los últimos tiempos, junto con la victoria en el Mundial. El valiente Dani Olmo estuvo muy atinado durante el homenaje que le rindieron en su Tarrasa natal: «Somos un país en el que las cosas buenas nos unen, pero también nos tienen que unir las difíciles». Y mandó desde allí un fuerte abrazo, todo su apoyo y todos sus respetos a la gente de Ceuta.

Lo bonito y lo difícil, todo ha de unirnos. Y aquí Ceuta y los ceutís han sabido jugar un papel esencial. Han tenido mucha posesión de balón en los medios, porque no han dejado que periodistas y tertulianos les callen. Han sabido entrar al contacto. Y, sobre todo, han tenido muchísima calidad de toque. Sus declaraciones están siendo un prodigio de claridad.

Lo demuestra también un fenómeno curioso: uno tras otro, los corresponsales de prensa, radio y televisión que han ido a Ceuta han vuelto muy impresionados. Y se les nota. Fueron a cubrir una crisis y regresan hablando de una ciudad, de su gente, de su entereza y de su españolidad. El contacto directo, esta vez, no enfría la noticia: la calienta.

Los ceutís han sabido tocar dos vetas muy ricas y profundas del corazón hispano. Por un lado, nuestra repulsión de la injusticia. Han dejado claro, sin victimismos y clamando sencillamente por sus derechos de españoles, que están desamparados. Oyéndolos arde la sangre.

Por otro, han diferenciado, con precisión de jurista de reconocido prestigio, el abandono del Estado y la traición de los políticos de la patria misma. De España no han dicho nada malo, sino todo lo contrario: su amor a ella y su orgullo de sentirse españoles. Acostumbrados como estamos a los lloriqueos incansables de los nacionalistas, a los desprecios de las izquierdas y a las exigencias de todos, son un bálsamo.

Por eso tenemos a Ceuta en el corazón tantos españoles de todas las edades, de todas las regiones y de todas las tendencias políticas. Ya digo: como el fútbol, pero ante la dificultad, como distinguía épicamente Dani Olmo.

Y esto será un problema muy gordo para Pedro Sánchez. Hasta ahora ha manejado las crisis con un doble protocolo. Primero, dejando que caduquen. La opinión pública postmoderna tiene memoria de pez y un escándalo quita a otro escándalo, como pasa con las moras, según se dice. Pero eso no va a ocurrir aquí. Ceuta y los ceutís han conseguido meterse en el corazón de los españoles, donde lo mediático no pasa pantalla tan rápido. Y, además, la gestión de Sánchez ha enquistado el problema en la ciudad para largo, por desgracia.

Tampoco podrá recurrir con tanta facilidad a su segundo automatismo: politizar el asunto y decir que indignarse con él es de fachas. Hasta ahora el enfado de media población le servía de combustible para mantener a su nicho a la defensiva y a sus espaldas. Era una estrategia burda y divisoria, pero le funcionaba. Ceuta ha roto el eje político por el eje. Ahí están las pequeñas fisuras, muy significativas: personajes del espectáculo atreviéndose a criticar a Sánchez, la unanimidad solidaria con Ceuta en estadios de fútbol y conciertos o líderes locales del PSOE saltándose las consignas de su partido. Mucho socialista de cartel se vio en las concentraciones del pasado 2 de septiembre.

Sánchez traía ya mucho plomo en las alas y mucho barro judicial en las plumas, pero su manual de resistencia le permitía aguantar en el aire con posibilidades de éxito. Ceuta va a ser su desplome porque la ciudad ha sabido apelar a la nación española entera con las armas de la cordialidad, la razón y la dignidad.

El tiempo corre en contra de la querida ciudad. Pero también corre en contra de Pedro Sánchez, y esperemos que más rápido, para que se salve Ceuta.

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