«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Hughes, de formación no periodística, es economista y funcionario de carrera. Se incorporó a la profesión en La Gaceta y luego, durante una década, en el diario ABC donde ejerció de columnista y cronista deportivo y parlamentario y donde también llevó el blog 'Columnas sin fuste'. En 2022 publicó 'Dicho esto' (Ed. Monóculo), una compilación de sus columnas.

Cipayos y jenízaros

25 de marzo de 2026

La palabra cipayo, al parecer, deriva del persa sipahi, soldados del imperio otomano. Más conocidos son, en la India del siglo XIX, los hindúes al servicio de la Compañía Británica de las Indias Orientales y aunque la palabra quiere significar sumisión, al final esos cipayos se rebelaron.

Se tiene un recuerdo feo de la palabra. Un rechazo generacional porque la usaban los etarras para referirse a los ertzainas en el País Vasco. Era una palabra muy despectiva, cargada con el odio redoblado al supuesto traidor. La recordamos como txakurra, perro, dedicado a la policía. Es raro que una persona de derechas la emplee porque también suena a izquierda latinoamericana (de la que no se diría hispana), arrojada contra las élites yanquis o, al final, anticomunistas.

Ahora algunos van usando cipayo para la derecha no solo atlantista sino simplemente occidental. Pero nosotros no somos países invadidos y no hay colaboracionismo alguno. Somos geopolíticamente irrelevantes, eso sí, menores de edad dominados por el hegemón y hay unas bases que permitió Franco, al que no hay huevos de llamar cipayo.

Nuestra sumisión es realmente interior. No tuvimos una revolución política democrática, auténtica libertad política, si se quiere, revolución muy distinta a la de Irán, China o Rusia, banderas del soberanismo basura y por supuesto mutaciones de comunismo. ¿Esos son los modelos?

En el péndulo neocon-antineocon Trump ha sido una especie de síntesis y debería hacerse otra con el anticomunismo. El unidimensional de la Guerra Fría quizás fue superado, pero no se debería perder su pista.

Los próxenos, palabra que recordaba Torrox hace un tiempo, más amable y precisa, designa mejor que cipayo a quienes trabajan por intereses extranjeros, que no es exactamente lo mismo que defender unas alianzas sobre otras.

Cuando lo que se dirime en el fondo es una lucha entre EEUU y los BRICS, fundamentalmente China, estar con los EEUU de Trump es tan patriótico como integrarse en la cadena de suministro de China. ¿Es mejor para España? ¿Por qué se atreven a vincular el patriotismo español con formas orientales, ajenas a nosotros, cuando no repulsivas?

Los que no eran cipayos en el Imperio otomano eran los jenízaros, soldados al servicio del sultán reclutados entre los niños cristianos. Cristianos al servicio del turco y esclavos, desconocedores de la libertad… Los jenízaros nuestros (hay una derecha jenízara)  el nombre lo tienen, y se ponen al servicio de un discurso anticolonial y antioccidental que, por supuesto, se dirige también contra España. Este hecho lo suelen omitir. Las concomitancias izquierdistas no acaban con el rechazo (nunca personal, por supuesto) del capitalismo. En su disloque de las cosas, marean los polos ideológicos y dividen el mundo en católicos, protestantes, judíos, sunitas y chiitas (saben mucho del Islam) y ortodoxos con los que juegan un parchís civilizacional. En esa descomposición al margen de las naciones, si llegara el predominio de los BRICS, ¿qué lugar tendría España? ¿Qué esplendor? Juegan ahí puerilmente con la idea de la ecúmene hispana, la proyección de la hispanidad, pero esa hispanidad, a la mínima, la ponen en cuestión y los sudamericanos, por ser evangélicos, por ejemplo, ya no son hispanidad sino «hispanchidad» (esto se ha escrito).

No se aclara bien qué tienen preparado para una España descipayada de Occidente, ¿acaso acipayarla a China? ¿acurrucare nuclearmente a Macron? ¿Hacerse ayatolas tradis y enriquecer uranio? No está muy claro lo que defienden los jenízaros.

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