'Ser es defenderse'
RAMIRO DE MAEZTU
Este artículo se publicó en La Gaceta antes de convertirse en La Gaceta de la Iberosfera, no siendo entonces propiedad de Fundación Disenso.
Kiko Méndez-Monasterio es escritor y periodista. Ha sido director de La Gaceta desde 2015 hasta 2017. Madrileño de 1972. Reaccionario de siempre. Después de que sus relatos fueran premiados en distintos certámenes literarios –Camilo José Cela, Decano Pedrol, Jorge Ortúzar...– publicó una recopilación titulada Lo nuestro y lo triste y una primera novela, La calle de la luna, que Horacio Vázquez Rial celebró de esta manera: “Hay aquí un escritor de verdad. Y juro que no son muchos”. Los domingos, en Radio Intereconomía, dirige la tertulia Los últimos de Filipinas.

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Kiko Méndez-Monasterio es escritor y periodista. Ha sido director de La Gaceta desde 2015 hasta 2017. Madrileño de 1972. Reaccionario de siempre. Después de que sus relatos fueran premiados en distintos certámenes literarios –Camilo José Cela, Decano Pedrol, Jorge Ortúzar...– publicó una recopilación titulada Lo nuestro y lo triste y una primera novela, La calle de la luna, que Horacio Vázquez Rial celebró de esta manera: “Hay aquí un escritor de verdad. Y juro que no son muchos”. Los domingos, en Radio Intereconomía, dirige la tertulia Los últimos de Filipinas.

Y otra conjura de necios

10 de octubre de 2014

Ya ruge la marabunta del Prestige, nunca mais traer a España religiosos moribundos, que de lo que se trata es de echarlos hasta de la catedral de Córdoba. Poner en marcha la máquina atroz de la propaganda populista es como soltar a los perros de la guerra, la forma shakesperiana de decir que no hay prisioneros. Claro que de perros resulta delicado hablar, porque la izquierda callejera y delirante está a punto de acusar a Nixon de la muerte de Laika, y de incluir en la ley de Memoria Histórica una condena a los asesinos de aquella perrita cosmonauta. Como en sus eslóganes no conocen límites, a veces los voceros de lo progre parecen personajes histéricos de una novela de Tom Sharpe.

El gobierno, por su parte, no escatima recursos a la hora de potenciar sus negligencias y torpezas. No es nuevo ni sorprendente. Suceden estas cosas cuando se hace ministra a una señora que es incapaz de ver un Jaguar en su garaje, así que no era muy difícil prever que le resultaría imposible atajar algo tan pequeño como un virus. La cuestión no es si Mato debe dimitir -nunca debería haber tenido cartera- sino que los políticos entiendan alguna vez que no están jugando una partida de Risk, que millones de españoles padecen las decisiones de quien no está capacitado para llevar un ministerio, de verdad, que ya sólo falta que el presidente diga que del virus del ébola sólo quedan pequeños hilillos de plastelina.

De momento el protagonismo de lo idiota lo está acaparando el consejero de Sanidad de la comunidad de Madrid, que tiene un siniestro parecido con Ignatius J.Reilly. Este y Pujol debieron estudiar en una escuela de reyes, donde se enseña que los monarcas no deben pedir perdón, y que el prestigio se fundamenta en el desdén por los ciudadanos. Antes de acusar a una persona que está gravemente enferma podría empezar, no sé, quizá pidiendo perdón porque en su ámbito de responsabilidad se ha descontrolado un brote de ébola.

En fin, que tanto fervor tecnocrático de lo pepero, y resultan incapaces de gestionar una crisis sanitaria. Tampoco es nuevo ni soprendente, la económica va camino de disolver las clases medias, y en la territorial se sigue tolerando la actitud sediciosa de un gobierno y un parlamento regional. Día a día Mariano confirma que, en vez de una excusa, la herencia de Zapatero se ha convertido en dogma para arriolas y sorayos.

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