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Abogado. Columnista y analista político en radio y televisión.
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Abogado. Columnista y analista político en radio y televisión.

Los neonazis que se manifestaron la semana pasada en Chueca brindaron al Gobierno la cortina de humo que necesitaba. Estos traidores a Europa y al legado humanista que ella representa, resultaron muy útiles a la izquierda, que andaba menesterosa buscando algo que tapase la vergüenza de Mondragón, donde una vez más se agredió a los manifestantes so pretexto del “antifascismo”. ¡Pobres antifascistas! Jugarse la vida en Italia, Alemania o Austria, terminar delatado a la OVRA o la Gestapo por los propios camaradas… para terminar en labios de los amigos de ETA. Creo que los verdaderos antifascistas, -Víctor Serge (1890-1947), por ejemplo- se revolverían contra ese secuestro de la memoria. 

Pero volvamos a esos neonazis y su conveniente aparición. Los organizadores eran conocidos por la Policía. Ya se habían prohibido reuniones públicas de grupos semejantes. Para la manifestación de la semana pasada, se desplegaron unidades de intervención cuya presencia revela que la Delegación del Gobierno sabía de quién se trataba. Ya ha sucedido en otras ocasiones. Nunca faltan en las concentraciones de los partidos de derecha e incluso de centro. Suelen ser pocos, pero llevan símbolos visibles y jamás esconden el repertorio gestual que evoca las peores horas de Europa: los brazos en alto, las consignas en alemán, la parafernalia paramilitar y, en general, la nostalgia de las SA de Ernst Röhm (1887-1934), muerto él mismo a manos de otros nazis después de la Noche de los Cuchillos Largos. Al final, las ideologías basadas en el odio, la mentira y la idolatría de la sangre, la raza o la clase -el comunismo, el fascismo, el nacionalsocialismo- terminan devorando a sus seguidores

Debemos hacer frente a estos nazis, pero no reivindicando otra ideología contraria al ser humano, sino regresando precisamente a éste

Estos enemigos de Europa terminan sirviendo a los otros totalitarios. La República Democrática Alemana construyó una identidad nacional a partir de la oposición al nacionalsocialismo, que sirvió como coartada para imponer una dictadura comunista abominable. Invocando la heroica lucha contra los nazis -que fue formidable- los comunistas de los “países socialistas” o las “democracias populares” sometieron a sus pueblos a tiranías inhumanas.

Debemos hacer frente a estos nazis, pero no reivindicando otra ideología contraria al ser humano, sino regresando precisamente a éste, es decir, al valor y la dignidad intrínseca de la persona. He aquí el fundamento de nuestra civilización, que esos neonazis traicionan y mancillan al tiempo que sirven de cortina de humo para el gobierno.

La solución a un totalitarismo de derecha no es un totalitarismo de izquierda. La alternativa al racismo y la xenofobia de esos neonazis no es el pensamiento “woke” ni las consignas de la progresía posmoderna -esos que se arrodillan pidiendo perdón por crímenes que no cometieron- sino el regreso a los fundamentos de nuestra civilización. Recuerdo ahora al Círculo de Kreisau, los intelectuales alemanes que, en las horas más tenebrosas de Alemania, concibieron una reconstrucción nacional a partir de sus raíces cristianas. Los nazis, los comunistas, los fascistas y todos sus imitadores a la derecha y a la izquierda necesitan el odio y el rencor. Así alcanzan el poder. Así asfixian la libertad. Así oprimen al ser humano. 

De este modo, unos permiten que se manifiesten y otros ofrecen la distracción perfecta. Ambos extremismos ganan con ese desfile infame.

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