Alfonso Ussía Muñoz-Seca. Madrid 1948 Escritor. Premios. Mariano de Cavia, González-Ruano, Jaime de Foxá y Baltasar Iban. Especial Ejército, Fundación Guardia Civil y FÍES de periodismo. 53 libros. Distinciones. Gran Cruz del Mérito Naval. Gran Cruz de la Orden del 2 de Mayo. Medalla de Oro de Madrid. Cruz de Plata de la Guardia Civil. Entre ABC, Tiempo, Época, y La Razón, más de 20.000 artículos. Pluma de Plata y Pluma de Oro.
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Alfonso Ussía Muñoz-Seca. Madrid 1948 Escritor. Premios. Mariano de Cavia, González-Ruano, Jaime de Foxá y Baltasar Iban. Especial Ejército, Fundación Guardia Civil y FÍES de periodismo. 53 libros. Distinciones. Gran Cruz del Mérito Naval. Gran Cruz de la Orden del 2 de Mayo. Medalla de Oro de Madrid. Cruz de Plata de la Guardia Civil. Entre ABC, Tiempo, Época, y La Razón, más de 20.000 artículos. Pluma de Plata y Pluma de Oro.

Cosas que pasaron aquel día

Hace 40 años, Don Juan De Borbón pasaba sus temporadas en Madrid en casa de los Condes de los Gaitanes, a los que muy íntimamente conocí. Todavía mantenía su residencia oficial en “Villa Giralda”, en Estoril. En una cena comentó que el 23 de febrero acompañaría a su mujer, Doña María de las Mercedes, a ver la película La Misión, que se proyectaba en tres cines de Lisboa. Viajó a Portugal el 21 de febrero.

A las 7 de la tarde del 23-F, una hora después de que el teniente coronel Tejero y sus hombres entraran el Congreso de los Diputados, llamó por teléfono Sabino Fernández-Campo al Conde de los Gaitanes.

Luis, ya sabes lo que pasa. El Rey quiere hablar con su padre, y en Villa Giralda no está-. Gaitanes recordó los planes de Don Juan. –Nos dijo que el jueves iría con Doña María a ver “La Misión”. Pero no recuerdo el cine-.

Eran las 7,15, cuando Don Juan y Doña María presenciaban el ascenso del  doble de Robert de Niro por una de las paredes verticales de Iguazú, cuando Don Juan fue enfocado por la linterna de un acomodador.  

Señor Conde de Barcelona. Le llaman urgentemente de Madrid. La comunicación la tiene en el teléfono del vestíbulo-.

Alarmado, Don Juan abandonó su butaca, y Doña María hizo lo mismo. Desde el teléfono público de un cine de Lisboa, Don Juan fue informado por su hijo de lo que sucedía en Madrid.

—Nos vamos a casa inmediatamente. Estarás muy ocupado, pero encarga a algún ayudante que me tenga informado de todos los detalles. Y recuerda una cosa, Juanito. No se te ocurra pactar. Pactar en una situación así es una rendición. Mantén la serenidad y la firmeza.

—No voy a pactar bajo ningún concepto.

—Me alegro, y tienes todo mi apoyo. No olvides lo que le pasó a tu cuñado Constantino en Grecia. Al toro, Juanito, al toro.

 Y Don Juan Carlos citó al toro de frente. Y cortó las orejas.



Esperanza Fagalde Luca de Tena era íntima amiga de Pilar Ibáñez-Martín, mujer de Leopoldo Calvo Sotelo. La esposa del que se votaba su idoneidad para sustituir a Adolfo Suárez en la presidencia del Gobierno no quiso asistir a la sesión de Investidura. Pero sí Esperanza Fagalde, que ocupó un sillón en un palco reservado a invitados. Cuando se armó el jaleo, y los tiros, y el follón, escapó del Congreso. Fue de las pocas personas que lo hicieron. Ya en la calle, entró en un bar de la calle Fernanflor y llamó a su amiga Pilar para tranquilizarla.

Pilar, no te preocupes. Han asaltado el Congreso, pero tranquilízate. Cuando yo salía, me he cruzado con una patrulla de la Guardia Civil. Han llegado en menos de un minuto-.



Precipitadamente, en situación intestinal de pre-diarrea, un grupo de batasunos embarcó a las 7 de la tarde en el muelle de San Sebastián en una motora. Entre los asustadísimos, un célebre portero del Athletic de Bilbao que se hallaba aquel día en una sociedad gastronómica de la capital guipuzcoana. La motora superó la barra de la bahía, puso rumbo a la playa de Gros y la Zurriola, y excesivamente cerca de la costa, ya sin luz diurna, navegó hacia Hendaya, Francia. En la mitad de la alocada travesía, con el monte Jaizquíbel a estribor, advirtieron que desde la V-18, patrullera de la Armada, le hacían señales para que se detuvieran. Aumentaron la marcha y la V-18, sin abandonar las señales, fue hacia ellos. 

La V-18, como la V-8, eran las dos embarcaciones de las que disponía la Comandancia de Marina de San Sebastián. La V-8 era como una trainerilla motorizada, y la V-18, algo más pequeña que un barco pesquero, dotado de un cañón que no había disparado desde que Juan Sebastián de Elcano diera, a bordo de La Victoria, la vuelta al mundo. Cuando la V-18 llegó hasta la motora de los “heroicos” fugados, el oficial al mando les soltó un chorreo descomunal, mientras los fugitivos mantenían los brazos en alto. 

¿Están ustedes locos? ¿Cómo pueden navegar tan cerca de la costa y por la noche?-. Un marinero de la V-18 lanzó a la motora “abertzale” un cabo, y remolcó a los intrépidos estercolados hacia aguas más profundas y seguras. Cumplido el salvamento, la V-18 saludó con cortesía a los fugitivos, y puso rumbo a San Sebastián.

Creyeron que iban a detenerlos, cuando en realidad, lo que hicieron fue lo contrario. Evitar su naufragio.

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