«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Quince años en el diario líder de información económica EXPANSIÓN, entonces del Grupo Recoletos, los tres últimos años como responsable de Servicios Interactivos en la página web del medio. Luego en Intereconomía, donde fundó el semanario católico ALBA, escribió opinión en ÉPOCA, donde cubrió también la sección de Internacional, de la que fue responsable cuando nació (como diario generalista) LA GACETA. Desde hace unos años se desempeña como freelance, colaborando para distintos medios.

¿Cuál es el plan?

20 de noviembre de 2025

He aprendido a odiar con toda mi alma esos titulares triunfantes, surgidos de nuestra fachosfera, que anuncian el jaque mate definitivo al tirano con la revelación de un nuevo y espectacular latrocinio, una última infracción escandalosa de la ley. Esta vez sí que sí, se vienen cositas, a Pedro le queda una semana, si yo te contara, de esta no sale.

Y sale, siempre sale.

Si no conociera de primera mano la óptima intención de estos periodistas y cómo mantienen en solitario el honor del gremio, pensaría en una versión hispana y abierta de QAnon, la misteriosa fuente que en los turbulentos días desde las elecciones perdidas por Trump y la inauguración de Biden se dedicó a tranquilizar a la base MAGA, asegurándoles que todo estaba bajo control, que era una jugada maestra, ajedrez tridimensional, del propio Trump. Trust the plan!

El secreto es que no hay Cúpula de Hierro o de Oro que valga si en vez de diez misiles te tiran cien. Lo de Sánchez es bombardeo de alfombra, ataques de saturación, de modo que es poco eficaz responder a un escándalo cuando al día siguiente tienes otros dos más. Ni el mejor portero puede parar dos balones a la vez.

Vivimos en la Gran Clarificación, cuando lo que se hacía en las sombras se realiza ahora bajo los focos. Es la fase de la humillación, de la desmoralización, cuando te miran sonriendo después del último desmán, de la decisión tiránica más reciente y te preguntan tácitamente: «¿Y qué? ¿Qué vas a hacer?».

El disimulo de otros tiempos alentaba la esperanza. Si logramos arrancar el velo, exponer el crimen, todo habrá acabado; será como el final de esas películas americanas en las que el malo se sabe atrapado cuando el heroico periodista logra publicar su confesión grabada en secreto. Pero nosotros estamos viviendo un epílogo de película de terror en la que el villano responde a la publicación de su fechoría con indiferencia satisfecha y no pasa nada.

Ironizaba el autor británico Thomas de Quincey que el problema del asesinato es que uno empieza matando a un semejante y acaba faltando a la buena educación y a la observancia del día del Señor. Al gobierno de Sánchez —y lo que representa, lo que tiene detrás, lo que lo sostiene— ya apenas le queda crimen por cometer, grande o pequeño.

Y la pregunta es, y ahora, qué. Qué queda cuando has confiado que la revelación del crimen desencadene la caída del malhechor y no pasa nada, no cambia nada. No llega el Séptimo de Caballería ni los agentes del FBI para ponerles las esposas.

Y seguimos revelando nuevas tramas y fraudes, seguimos exponiendo el robo generalizado, a todos los niveles, el reparto descarado del botín, la violación en vivo y en directo de las instituciones, porque hay que seguir, porque hay que hacerlo. Pero ya tienen nuestro cansancio, nuestro embotamiento desmoralizado y paralizante, como si las nuevas revelaciones se hubieran reducido a cuentos junto a la lumbre, llenos de ruido y furia, que no significan nada.

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