Cuarto Reich en Oviedo
Cuarto Reich en Oviedo
Por Roberto Granda
20 de septiembre de 2026

En Vetusta, en el albor de las fiestas de San Mateo, tuvo lugar de madrugada, a esas horas donde suelen suceder las peores cosas (salvo que ligues con Scarlett Johansson), una pelea entre chavales de 18-20 años regresando de jarana y dos militantes de la islamoizquierda que estaban cerrando su establo. Con bastante confusión y un vídeo que empezó a circular vertiginosamente. Lo del par de banderilleros es una cutre caseta de copas que es a su vez una broma ideológica, donde símbolos yihadistas comparten espacio con la bandera LGTBI, proclamas a favor de los derechos de los homosexuales cerca de una banderola del Che, y pegatinas contra el nazismo mientras detrás de la barra hay lemas abogando por la aniquilación de Israel.

Ese frenopático activista de partidos minoritarios, asociaciones nacionalistas y de ideología de género y grupúsculos totalitarios está subvencionado por los presupuestos anuales. El Ayuntamiento reparte y todo quieren pillar un trozo del pastel, además de meter su cuña publicitaria en la guerra ideológica que se vive en los medios. Por eso una pelea a las cuatro de la mañana fue elevada a cuestión nacional y nueva alerta antifascista, como la que lanzó Don Pablo de Galapagar cuando el caciquismo socialista andaluz llegaba a su fin e iban a empezar a levantar alfombras y barrer chiringuitos y derroches varios.

Lo que vino en los siguientes días en Oviedo fue una ingente cantidad de sobreactuación, alarmismo, rasgarse las vestiduras, golpes de pecho, tremendismo impostado, afán de protagonismo junto con el habitual cierre de filas y el ruido y la furia en redes sociales. Costó poco convertir el relato de la trifulca en la batalla de Stalingrado; con papanatas necesitados de épica y políticos locales creyendo que eran Eisenhower en Normandía. Los dos ultraizquierdistas, que a pesar de la «salvaje agresión» al día siguiente estaban frescos como rosas (salvo por la resaca), convirtieron su minuto de fama en su semana de Pasión, yendo por sedes de partidos, haciendo muchas declaraciones a medios y vitoreados por los suyos en la plaza de la Catedral, como los jugadores después de ganar el Mundial.

Quiso escribir el Presidente del Principado en dimensiones históricas, consciente de las horas tan oscuras, de la gran encrucijada que estamos viviendo, y, sobre todo, del momento épico que él se ha montado en la jodida cabeza. Ahora me río, pero fue tremendo el acojone cuando puso en redes sociales, a raíz de los hechos nocturnos: «Nuestra civilización, la que nace de los rescoldos de la II Guerra Mundial, llega a su fin». Uno lee eso y lo segundo que le viene a la cabeza (lo primero es el susto ante el fin de los tiempos) es qué narices entenderá el tipo este por civilización. Intentó Adrián Barbón darnos a entender que estábamos ante el privilegio y el horror de vivir en un mundo que se acaba. Así es este taruguillo, profeta de una historia que ignora, abusiva y cerrilmente.

«El nazismo vuelve a resurgir de sus cenizas y ahora no podemos volver a repetir los errores de los años treinta del siglo XX», remarcaba. Al principio, pensé que sería mucha ceniza que juntar, y que dado que a día de hoy Adolfo tendría 137 años, me parecía algo descabellado ese resurgir. Pero hay que tomarse muy en serio los avisos de nuestros representantes, que sólo quieren lo mejor para nosotros. Por lo tanto, ante el anunciado advenimiento del Cuarto Reich en mi región, puse rumbo a Oviedo bastante atribulado, temiendo encontrarme en llamas el edificio de la Junta General, como el incendio del Reichstag, y supuse que se habría sustituido, en la cúspide de la catedral, la Cruz de los Ángeles por la cruz gamada. Contacté con algunos amigos para averiguar si habían ido ya desplazando a grandes masas de población hacia los campos de exterminio, y me preguntaron si había vuelto a beber. Resulta que también los judíos estaban a salvo, menos en caso de cruzarse con podemitas desorejados; y que las camisas pardas de Hitler desfilando por la calle Uría son más una húmeda ensoñación del Presidente del Principado, convertido en una tragicómica caricatura.

El partido de los dos de la pelea tiene como padrinos al BNG, la CUP y Bildu, unión de golpistas y filoterroristas, a los que les une sobre todo el odio a España. Y el odio a cualquier ciudadano que no comparta sus exaltaciones de manifa perroflauta. Una ciudad, una región y un país es, sobre todo, una red de afectos y valores compartidos. Pero difícil convivencia con esa minoría con la que no compartes nada porque viven de la bilis y de la rentabilización del terror del pasado, con una constante exaltación de grupos, como Hamás, que sólo hacen envenenar la atmósfera política, debido a la turbiedad de sus mensajes.

Cuando Jordi Évole entrevistó por dos veces a Otegui le dio la oportunidad de condenar la violencia, que en el caso de «violencia» aquí estamos hablando de la piara de asesinos de la que él formó parte, con más de 300 crímenes sin resolver. El etarra se negó. Eso, sin embargo, no impidió que Évole se fotografiara abrazado a él.

Son esos, son los mismos. No son etarras, pero se abrazan a ellos. Ahora quieren, exigen, que condenemos sin paliativos la pelea de madrugada de los dos mastuerzos con otro grupo de patanes. Han realizado ya dos concentraciones para recibir el calor y palmaditas en la espalda de la militancia, contando también con el apoyo de los habituales de la sincronizada. Desde Évole a Carlos Bardem. La cochambre habitual. Disculpen mi nazismo, pero no me pillarán en uno de esos paripés. Que vayan a abrazar a su puta madre.

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