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La Gaceta de la Iberosfera
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Iván Vélez (Cuenca, España, 1972). Arquitecto e investigador asociado de la Fundación Gustavo Bueno. Autor, entre otros, de los libros: Sobre la Leyenda Negra, El mito de Cortés, La conquista de México, Nuestro hombre en la CIA y Torquemada. El gran inquisidor. Además de publicar artículos en la prensa española y en revistas especializadas, ha participado en congresos de Filosofía e Historia.
Iván Vélez (Cuenca, España, 1972). Arquitecto e investigador asociado de la Fundación Gustavo Bueno. Autor, entre otros, de los libros: Sobre la Leyenda Negra, El mito de Cortés, La conquista de México, Nuestro hombre en la CIA y Torquemada. El gran inquisidor. Además de publicar artículos en la prensa española y en revistas especializadas, ha participado en congresos de Filosofía e Historia.

De Ferrer a Hasél: anarquía y apachismo en Barcelona

5 de marzo de 2021

La reciente visita de la pluriimputada Laura Borrás a la prisión de Ponent en la que el delincuente Pablo Rivadulla Duró permanece recluido en la vana esperanza de lograr su reinserción, convirtió en preso político al rapero conocido como Hasél. El principal mérito del ilerdense para alcanzar tal condición, aceptada perrunamente por la grey lazi, ha sido su posición favorable a un secesionismo, el catalán, en el que caben las cuidadas formas propias de una formación conservadora como es JxCat, pero también las de los muchachos de la capucha, uniforme propio de los CDR en los que, según propia confesión, militan los hijos de Torra, presidente monitorizado por Puigdemont desde su retiro dorado en el corazón de la Unión Europea. Adquirida la vitola compartida con otros peligrosos reclusos como Oriol Junqueras, detector, aunque acaso no exponente, de las proximidades genéticas entre catalanes y franceses, Rivadulla ha rotulado su perfil de Twitter con esta falsedad: «Preso político por denunciar las miserias del régimen en sus tuits y canciones».

Barcelona es, desde hace tiempo, una de las principales capitales europeas del anarquismo internacional

Como es sabido, el forzoso traslado de Hasél desde las aulas universitarias ilerdenses a la cárcel ha ofrecido una nueva excusa para la reedición del saco de Barcelona al que ya nos vamos acostumbrando en estos golpistas tiempos. De este modo, mientras ciertos elementos combatían al capitalismo mediante la expropiación de productos de Louis Vuitton, otros desencadenaron de mayor carga política. Al cabo, Barcelona es, desde hace tiempo, una de las principales capitales europeas del anarquismo internacional. La detención de 8 personas -seis italianas, una francesa y otra española- implicadas en unos incidentes que alcanzaron su punto culminante con la quema de un furgón de la Guardia Urbana en cuyo interior se hallaba un agente, da cuenta de hasta qué punto este movimiento, autopercibido como antifascista, se mantiene activo en la capital catalana, dando continuidad a una tradición que nos remite a un caso con el que se han querido establecer ciertos paralelismos: el caso Ferrer Guardia.

Aunque no faltan razones para considerar que Hasél no es más que un subproducto más de esa burguesía catalana cuya progenie se da al chándal y el espray grafitero, su encarcelamiento ha vuelto a poblar las calles de antiestatalistas que lo son a fuerza de globalistas y que no hallan contradicción alguna en constituir una nueva república a costa de la balcanización de España. Durante los disturbios callejeros, junto a los individuos más politizados han operado en la Ciudad Condal los herederos del viejo apachismo que tanta tinta hizo correr hace más de un siglo, cuando alcanzó su cénit la figura de Francisco Ferrer Guardia, cuya vida siempre rodeada de anarquistas que llegaron mucho más lejos que los haselianos. Como el lector sabe, el 31 de mayo de 1906, Mateo Morral, bibliotecario de la Escuela Moderna fundada por Ferrer, atentó contra Alfonso XIII y Victoria Eugenia desde el tercer piso del número 88 de la calle Mayor de Madrid, al lanzar sobre la comitiva nupcial un ramo de flores envuelto en la bandera de Francia. Un manojo de flores que probablemente fue llevado a Barcelona por el federalista canario Nicolás Estévanez Murphy. La explosión, que provocó casi una treintena de muertos, dio comienzo al declive de Ferrer, cuya trayectoria ideológica se había fraguado al calor de las ideas de Pi y Margall y el Partido Republicano Progresista presidido por Manuel Ruiz Zorrilla, Gran Maestre del Gran Oriente de España, que le prestó ayuda en su exilio, durante el cual se afilió al Gran Oriente francés. Todas estas influencias dejaron su impronta en La Escuela Moderna, fundada en septiembre de 1901.

Su implicación en el intento de regicidio, que determinó la clausura de su Escuela, fortaleció su perfil político, convirtiéndose en símbolo de anarquistas, republicanos, masones y exquisitos librepensadores. Pese a contar con tales respaldos, nada impidió que cuando en julio de 1909, la ciudad de Barcelona se rebeló contra el reclutamiento forzoso, en la llamada Semana Trágica, Ferrer fuera fusilado en el foso de Santa Amalia de la prisión de Montjuich en la mañana del 13 de octubre de 1909, después de ser hallado culpable de instigar aquellos hechos por parte de un tribunal militar que no exhibió pruebas concluyentes para su sentencia. Concluía así la vida, establezca el lector los oportunos paralelismos con Hasél en cuanto a trayectorias y calificativos, de quien Unamuno calificó como «mamarracho». 

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