«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Quince años en el diario líder de información económica EXPANSIÓN, entonces del Grupo Recoletos, los tres últimos años como responsable de Servicios Interactivos en la página web del medio. Luego en Intereconomía, donde fundó el semanario católico ALBA, escribió opinión en ÉPOCA, donde cubrió también la sección de Internacional, de la que fue responsable cuando nació (como diario generalista) LA GACETA. Desde hace unos años se desempeña como freelance, colaborando para distintos medios.

Demasiada verdad

8 de enero de 2026

Hay un tipo de analista geopolítico de medio pelo al que Trump está arruinando y obligando a reciclarse a toda velocidad. Me refiero al cínico que exhibe su colmillo retorcido ante las habituales retóricas moralistas en política internacional con una explicación siempre crematística y sencilla: es por el petróleo.

Su gozo en un pozo: ahora sale Trump y otros miembros de su equipo en la tele y dice lo mismo, que es por el petróleo, y nos lo vamos a quedar. Y nuestro hombre se queda sin guion que vender y sin verdad oculta que destapar.

La reacción más natural a las palabras de Trump en muchos de estos analistas es pensar que, entonces, no es por el petróleo. Chicos listos. Estados Unidos no va a tener más petróleo barato con Venezuela. Eso ya lo tenía. Lo que va a hacer es que no lo tengan los chinos. Es hacer limpieza de su patio trasero.

Decía T.S. Eliot que el hombre no puede soportar demasiada verdad, y el huracán de franqueza que representa Trump está desconcertando a todas las tribus ideológicas. Que dejen a los mandos a Delcy y a la patulea bolivariana no cuadra bien con la narrativa de liberación y democracia y ha dejado a la Nobel Machado (de momento) como en el meme de la doble foto en el 1-O catalán: de la euforia a la decepción en cero coma.

Por su parte, la Europa oficial, que ha comprado la burra ciega de la «comunidad basada en reglas», no sabe cómo reaccionar cuando esas «reglas» se vuelven en contra de su relato.

Trump se ha deshecho de Maduro por las bravas y ahora pone sus ojos en Groenlandia, que pertenece a Dinamarca porque lo dicen los daneses y un montón de papeles. Pero el hecho incontestable es que allí viven cuatro esquimales mal contados y el territorio está, geográficamente, en América, esa que es para los americanos.

La podcaster conservadora Katie Miller publicó en X un mapa de Groenlandia envuelto en una bandera estadounidense con la leyenda «PRONTO» horas después de la operación militar en Venezuela. Lo significativo es que Katie es la esposa del poderoso asesor de Trump, Stephen Miller. El mensaje difícilmente podría ser más claro.

La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, ha dicho que «si Estados Unidos decide atacar militarmente a otro país de la OTAN, entonces todo se detiene, incluida la OTAN y, por lo tanto, la seguridad que se ha establecido desde el final de la Segunda Guerra Mundial». Y uno podía imaginarse a Donald guiñando y asintiendo a semejante declaración impotente: de eso se trata, entre otras cosas.

La OTAN es Estados Unidos, el paraguas de seguridad de Estados Unidos sobre Europa. Y la Estrategia de Seguridad Nacional recientemente filtrada deja abundantemente claro que Estados Unidos está hasta aquí de los europeos, que parecen vivir en un marco internacional que no existe desde hace tiempo. Ahora se les ve hablando de las tropas que van a mandar a Ucrania en cuanto se firme la paz y parecen la escena de El Hundimiento repetida hasta la saciedad en redes, con el Führer moviendo divisiones que sólo existen en su mente perturbada.

Para Donald Trump, el problema no está fuera; no está en la impostada indignación de los líderes internacionales y el pataleo de los europeos. Está en casa, el próximo noviembre en las legislativas. Porque el panorama político de Estados Unidos está en modo de guerra total, sin hacer prisioneros, y si se pierden las cámaras, las posibilidades de un impeachment son enormes.

Si vuelven al poder, los demócratas van a asegurarse de que no exista la posibilidad de un segundo Trump, se llame como se llame. Eso sí: se quedarán con la Groenlandia que consiga su Administración.

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