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La Gaceta de la Iberosfera
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Iván Vélez (Cuenca, España, 1972). Arquitecto e investigador asociado de la Fundación Gustavo Bueno. Autor, entre otros, de los libros: Sobre la Leyenda Negra, El mito de Cortés, La conquista de México, Nuestro hombre en la CIA y Torquemada. El gran inquisidor. Además de publicar artículos en la prensa española y en revistas especializadas, ha participado en congresos de Filosofía e Historia.
Iván Vélez (Cuenca, España, 1972). Arquitecto e investigador asociado de la Fundación Gustavo Bueno. Autor, entre otros, de los libros: Sobre la Leyenda Negra, El mito de Cortés, La conquista de México, Nuestro hombre en la CIA y Torquemada. El gran inquisidor. Además de publicar artículos en la prensa española y en revistas especializadas, ha participado en congresos de Filosofía e Historia.

«Bildu no es ETA»

18 de diciembre de 2023

El último cambio de opinión de Pedro Sánchez, en realidad, del PSOE, pues no hay vanidad capaz de hacer girar en torno a sí una estructura de la escala del partido tardofranquista, dará a Bildu la alcaldía de Pamplona. Una moción de censura servirá para que UPN pierda un consistorio al que, probablemente, nunca regrese. El tiempo juega a favor del partido de Otegui, ampliamente respaldado por una juventud a la que se le ha escondido la sangrienta realidad de ETA. Como contrapeso a esta ocultación, Bildu ofrece altas dosis de todos aquellos ismos que forman parte del de mayor escala: el globalismo.

Alcanzada la alcaldía de Pamplona, Bildu, que habrá de hacer ajustes importantes, entre ellos los que tienen que ver con su postura frente a la tauromaquia, dispondrá de una excelente plataforma para matar —en este caso, metafóricamente— al padre, es decir, al PNV. Desde Iruña, como gustan llamar los abertzales a Pamplona, tratando de borrar su origen romano —Pompaelo— para dar la apariencia de irreductible aldea, la formación del etarra David Pla disputará el poder vascongado a los de Ortúzar, que en su pecado bizkaitarra llevan la penitencia, pues, acaso sea en Vizcaya donde acaben confinados. Al cabo, Bildu lleva en sus siglas la totalidad del territorio que los delirios supremacistas conciben como propios de eso que dan en llamar «pueblo vasco». 

Que la entrega de Pamplona a los bildutarras es parte del pacto establecido con Sánchez es algo evidente. No hay más que ver cómo el doctor lo negaba antes de las elecciones para tener la certeza de que todo estaba acordado. Un pacto que, por otra parte, no tendrá repercusión alguna en su electorado. Los pastores mediáticos ya administran el forraje propagandístico —«cualquier cosa antes de que gobierne la ultraderecha»— a un colectivo ansioso de encontrar argumentos que consoliden su sectarismo, prejuicios y servidumbres. «Bildu no es ETA», repiten sin cesar los voceros a sueldo. «ETA es Historia», gritan exigiendo olvido quienes tienen al franquismo siempre presente. «ETA ha sido derrotada», asienten cargados de razón, ocultando que ETA mataba por conseguir los logros que hoy se otorgan en despachos mucho más cálidos que el siempre incómodo zulo. Con estas tres recetas se contenta la parroquia socialista.

Sin embargo, más allá de la propaganda, que todo lo resuelve, la pregunta es la siguiente: ¿Bildu es ETA? Evidentemente, los miembros de Bildu no matan, ni secuestran, ni extorsiona, acciones propias de la banda del hacha y la serpiente que el matrimonio PSOE-Bildu pretende que olvidemos. Sin embargo, es bien sabido que ETA excedía, con mucho, el ámbito de las capuchas y las pistolas. Orbitando a su alrededor crecieron periódicos, partidos políticos, gestores económicos, falsificadores y un gran número de chivatos a los que la sangre no salpicó. «Bildu no es ETA», repiten con el ceño fruncido unos sicofantes incapaces de explicar por qué Sánchez dio un sentido pésame a sus representantes después de que el etarra Igor González Sola se suicidara en la prisión de Martutene. «Bildu no es ETA», repiten, a pesar de que en las últimas listas de la formación figuraban más de cuarenta etarras. «Bildu no es ETA», insisten, pero su coordinador general es el etarra, acaso transicionado, Arnaldo Otegui. «Bildu no es ETA», musita el votante socialista mientras se prepara para un heroico combate contra la extrema derecha.

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