«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Quince años en el diario líder de información económica EXPANSIÓN, entonces del Grupo Recoletos, los tres últimos años como responsable de Servicios Interactivos en la página web del medio. Luego en Intereconomía, donde fundó el semanario católico ALBA, escribió opinión en ÉPOCA, donde cubrió también la sección de Internacional, de la que fue responsable cuando nació (como diario generalista) LA GACETA. Desde hace unos años se desempeña como freelance, colaborando para distintos medios.

El acuerdo marco

26 de febrero de 2026

Es agotador debatir los problemas de nuestro siglo con las etiquetas de centurias pasadas, un homenaje al poder de la inercia de masas. Ya puestos a seguir usando adscripciones que apenas tienen sentido, que solo por asociación rutinaria identifican, me parece mil veces más elegante definirse como hace mi amigo Enrique García-Máiquez con el fantástico título de güelfo blanco, que al menos obliga al lector interesado a desempolvar el manual de Historia.

Diría, incluso, que aun hoy el güelfismo blanco tiene más sentido en su equilibrio centrista entre lo humano y lo divino que los términos derecha e izquierda, llenos de ruido y furia pero que nada significan.

Con la llegada de las autonómicas en rápida sucesión y el hedor a cadáver político que desprende la Moncloa resurge con fuerza la cansina llamada, tan de mi quinta, a la «unión de la derecha», con esa conmovedora fe en las palabras de los hombres que tienen mejores cosas que hacer que pensar en la política.

El planteamiento sería este: VOX se confiesa desacomplejadamente de derechas, y el PP, aunque evita la palabra como la bicha y prefiere hablar de «centroderecha» e incluso de «socialdemocracia», es derecha también por decreto de quien tiene autoridad última sobre la nomenclatura política, el PSOE.

Siendo eso así, VOX y PP vendrían a ser dos tonos de un mismo color, dos énfasis en un mismo discurso, el poli bueno y el poli malo en una misma estrategia ideológica. El PP, más formalito y homologado; VOX, la variedad asilvestrada y campestre. Y como la consigna universal es «hay que echar a Sánchez», pues la conclusión es clara: tienen que dejar de lado las menudencias y los personalismos y casarse políticamente. Qué más dará un más o un menos; lo importante es… echar a Sánchez.

Esto se comparte en el PP, a regañadientes en la cúpula, con naturalidad en las bases. En VOX, ya no tanto.
Pero si VOX es una cuarta parte de lo que sus bases creen que es, la cuenta no puede estar más equivocada.
Hagamos un ejercicio mental muy sencillo, que no fácil. Requiere deshacerse totalmente de la rémora de referencias y asociaciones mentales heredadas, del contagio de los términos y las nupcias conceptuales oficiadas por los medios y los tertulianos de AliExpress. Olvidemos todo eso y hagamos la pregunta obvia: ¿cuáles son los principales debates del panorama español y cuál es la postura de cada partido en ellos?

Es útil, pero peligroso, porque cuando se hace de forma rigurosa el resultado es tan claro como inquietante. ¿Inmigración? VOX estaría en un lado y el PP en otro, pero no en otro propio, sino en el mismo que el PSOE y todas las demás fuerzas políticas. Lo mismo puede decirse de la Agenda Verde, de la política agrícola, de la energética, de la autonómica, de la europea, de la familiar, de la demográfica: en todas las decisiones urgentes e importantes que se nos presentan en el panorama público, nunca es VOX con el PP, sino VOX contra el consenso que une, entre otros, a PSOE y PP. Para que no haya confusión tienen la cortesía, incluso, de identificarse con una ruedecita multicolor en la solapa.

La política es, por naturaleza, compromiso, buscar más lo alcanzable que lo ideal, renunciar a maximalismos, al menos antes de tiempo. Por eso entiendo sin acritud que VOX se avenga a pactar con cautela con el PP, llegado el caso. No porque haya que «echar a Sánchez» como meta final, sino porque es mejor la mitad de algo que una nada entera. Pero presentar ese acercamiento, probablemente inevitable, como una «unión de la derecha» es una ilusión de la que deberíamos sanar cuanto antes.

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