«Ser es defenderse», RAMIRO DE MAEZTU
Amando de Miguel es catedrático emérito de Sociología en la Universidad Complutense (Madrid). Siguió estudios de postgrado en la Universidad de Columbia (New York). Ha sido profesor visitante en las Universidades de Texas (San Antonio) y de Florida (Gainesville). Ha sido investigador visitante en la Universidad de Yale (New Haven) y en El Colegio de México (DF). Ha publicado más de un centenar de libros y miles de artículos. El último libro publicado: Una Vox. Cartas botsuanas (Madrid: Homo Legens, 2020). Su último trabajo inédito: “La pasión autoritaria de los españoles contemporáneos”.

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Amando de Miguel es catedrático emérito de Sociología en la Universidad Complutense (Madrid). Siguió estudios de postgrado en la Universidad de Columbia (New York). Ha sido profesor visitante en las Universidades de Texas (San Antonio) y de Florida (Gainesville). Ha sido investigador visitante en la Universidad de Yale (New Haven) y en El Colegio de México (DF). Ha publicado más de un centenar de libros y miles de artículos. El último libro publicado: Una Vox. Cartas botsuanas (Madrid: Homo Legens, 2020). Su último trabajo inédito: “La pasión autoritaria de los españoles contemporáneos”.

El anómalo papel internacional de España

26 de noviembre de 2022

Es difícil hablar de los sucesos negativos; por ejemplo, la ausencia de gravedad en el espacio (que realmente no es tal) o qué habría sucedido si Colón no se hubiera topado con el continente americano. Es lo que se llama «argumento contrafáctico».

En la época contemporánea, el Estado español ha participado dentro del concierto europeo de una manera marginal. Llegó tarde y mal al reparto de las colonias africanas y se mantuvo (cuasi) neutral en las dos guerras mundiales, que se activaron como guerras civiles europeas.

España no ha sabido sacar todo el partido a uno de sus recursos más notorios: la lengua común de sus habitantes

Entrando en la transición democrática y dentro de la Unión Europea puede parecer que España es reconocida como uno de los grandes países del hemisferio occidental. Pero es una ilusión más. El tamaño del censo español o el notable desarrollo económico de las dos últimas generaciones solo asegura un papel internacional que no pasa de discreto. La vía de participación de España en el concierto mundial se consigue a través de la presencia de algunas individualidades destacadas por sus méritos particulares más que institucionales.

España no ha sabido sacar todo el partido a uno de sus recursos más notorios: la lengua común de sus habitantes, compartida con más de una veintena de países. El dato significativo no es tanto el número de sus hablantes en las diversas variaciones del castellano o español. Cuenta más el hecho de que se trata del segundo idioma que más se aprende en el mundo, naturalmente a una gran distancia del primero, el inglés. Además, las variantes geográficas del castellano son mucho menores que las que se manifiestan en la heteróclita cultura anglicana.

Una circunstancia extravagante es el hecho de que, adosada al territorio español, se encuentra la colonia británica de Gibraltar. Su significación es más bien la de ser un «paraíso fiscal», un centro logístico del mercado negro de las drogas. Más grave es que constituye un obstáculo para que se pueda desarrollar un gran puerto de contenedores en la bahía de Algeciras. Lo más probable es que fuera gestionado por China, como los de El Pireo o Hamburgo.

La cooperación entre España y Portugal debería reforzarse por el acuerdo entre algunas universidades de prestigio

Resulta un contrasentido histórico que no se haya desarrollado mucho más la fórmula «iberista», esto es, la cooperación de España y Portugal. Después de todo, ambas naciones integraron originariamente Iberia o Hispania. La frontera entre ambos estados ha permanecido con muy pocas modificaciones durante siglos. En los dos países se la conoce como «la raya». La ventaja de Portugal es que se libra del tirón de los secesionismos regionales que tanto aquejan a España. Un hecho verdaderamente incomprensible es la falta de conexión ferroviaria de alta velocidad entre Lisboa y Madrid. Se trata de un espacio, el valle del Tajo, sin grandes obstáculos naturales.

La cooperación entre España y Portugal debería reforzarse por el acuerdo entre algunas universidades de prestigio como Salamanca y Coimbra, añadiendo una mayor especialización técnica y científica. Podría mejorar mucho la colaboración entre los dos países en el plano turístico gracias a la privilegiada situación de los archipiélagos atlánticos. Cabe también un sustancial avance en el aprovechamiento conjunto de la energía hidroeléctrica y la explotación de las «tierras raras· a ambos lados de la raya. Son un recuerdo del enorme atractivo que tuvieron hace dos o tres mil años al contener el codiciado estaño para la manufactura del bronce. El cobre se ha venido explotando desde entonces en Huelva.

El papel internacional de España seguirá siendo liviano mientras no mejore la estructura de la Unión Europea. Hoy, está aquejada de una desproporcionada hegemonía de Alemania y un exceso de controles burocráticos. Sería conveniente que se respetara mejor el hecho de las peculiaridades nacionales. Después de todo, la idea del Estado nacional ha sido la gran aportación europea al orden internacional.

La estructura de la actual población española es poco propicia para una fructífera proyección europea. Por un lado, emigra un elevado contingente de profesionales jóvenes. Por otro, se observa un creciente flujo de inmigrantes ilegales procedentes de África y del Medio Oriente, con escasa formación profesional. A lo largo del siglo XX, España mantuvo una tasa de fecundidad (hijos por mujer en edad genésica) más bien elevada según el patrón europeo. Actualmente, es una de las más bajas del mundo. España ha entrado en la alarmante situación de un saldo vegetativo con más óbitos que nacimientos. Todo lo cual supone una amenaza para la supervivencia de la identidad como nación.

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