Rafael L. Bardají (Badajoz, 1959) es especialista en política internacional, seguridad y defensa. Asesor de tres ministros de Defensa y la OTAN, en la actualidad es director de la consultora World Wide Strategy.
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Rafael L. Bardají (Badajoz, 1959) es especialista en política internacional, seguridad y defensa. Asesor de tres ministros de Defensa y la OTAN, en la actualidad es director de la consultora World Wide Strategy.

El asesinato de España

Normalmente se habla del suicidio de las naciones, pero en nuestro caso deberíamos más bien hablar del asesinato de España, porque es eso y no otra cosa lo que está haciendo un gobierno de minorías sin más proyecto que promocionar sus peculiares tribus.

Todos tenemos claro el asalto a la unidad nacional por parte de independentistas de pelaje diverso, desde los herederos de ETA a parte de la burguesía catalana. Su distinto origen, sus tácticas diversas y sus ideales incompatibles no resta importancia al hecho aglutinador: su coincidencia en no aceptar la soberanía de España.

Quien prospera en el infierno comunista es el aparachitki y quien acepta hacer cualquier clase de favores a los poderosos

Con menor intensidad se percibe el asalto a la identidad española por parte de una inmigración ilegal no sólo disparada en su creciente número sino con un coste económico y social absolutamente disparatado. Miles de millones de euros que se van al año en sostener inmigrantes que no trabajan y que no quieren integrarse y que en buena parte recurren a la intimidación, violencia y crimen como medio de vida.

La tercera puñalada mortal a España viene de la izquierda y su cultura del rechazo al esfuerzo, el sacrificio y el mérito como el único camino de perfeccionamiento y realización de la persona. La izquierda no quiere individuos autónomos, capaces de salir adelante en la vida gracias a su propio esfuerzo, sino sujetos pasivos, dependientes de los subsidios estatales y absolutamente rendidos a sus ideas. Quien prospera en el infierno comunista es el aparachitki y quien acepta hacer cualquier clase de favores a los poderosos. Los carnales parecen estar muy en boga. No puede haber prosperidad en una sociedad que criminaliza a los emprendedores. Pero tampoco puede haber futuro alguno si la sociedad no sabe que sólo a través del trabajo bien hecho se puede avanzar. No sólo de gamers y youtubers vive el hombre.

El PP es un partido neo-newtoniano, cuya máxima estrategia es esperar que los gobiernos caigan, como la manzana

En Estados Unidos, el ascenso de Biden se ha debido no sólo a unas elecciones relativamente fraudulentas sino a la fuerza de unas compañías tecnológicas que deciden lo que es aceptable y lo que no, sin ningún rubor y sin someterse a ningún control democrático. También a una prensa absolutamente sesgada y que ha renunciado a presentar la verdad —o lo que pasa— para distribuir pura y dura ideología. Y, no lo olvidemos, con la complicidad de grandes compañías —aquí serían las del Ibex-35— que prefieren olvidarse de todo y todos mientras el gobierno regule más que generosamente para sus intereses y sectores.

Lo cual que me lleva a otro punto. ¿Cómo es factible cometer todo un asesinato de una nación como España, con una historia milenaria, en apenas un año? Hay dos factores que ayudan a entenderlo. El primero, la ausencia de una oposición real. El PP es un partido neo-newtoniano, cuya máxima estrategia es esperar que los gobiernos caigan, como la manzana, por su propio peso y la ley de la gravedad; Ciudadanos parece estar en un bigbang sin que se sepa cuál puede ser su futuro y Vox todavía tiene que desarrollarse como partido. Y aunque sigue acumulando seguidores a pesar de todas las dificultades del sistema, confiar su éxito en un crecimiento lineal es, simplemente, un error. Sería necesario un autentico salto cuántico, sólo imaginable con la implosión del Partido Popular.

Es una desgracia, pero recetas para pararle los pies a los asesinos de España existen y son sencillas de ver. Por ejemplo, si el Senado se hubiera desarrollado como los padres de la Constitución lo idearon, como una cámara de representación territorial, no tendría ningún sentido que los partidos regionalistas o que no tienen un ámbito nacional en sus planteamientos tuvieran representación en el Congreso de Diputados. Parar la inmigración ilegal no es mucho más complejo.  ¿Pero quién tiene la voluntad de hacerlo? Por otro lado, falta sentido de urgencia en la oposición en general. Como si de verdad creyeran que el juego sigue siendo el mismo y que, tarde o temprano, llegarán unas elecciones generales libres y limpias en las que competir. Una ilusión letal cuando estamos viendo medios ministros de Sanidad en plena pandemia.

La ruina a la que nos lleva no puede dejar de tener un impacto en las prebendas que disfruta nuestra clase gobernante

El segundo factor que permite el rápido asesinato de España es la política del miedo con la que se reacciona frente al coronavirus. Todos los gobernantes se han instalado cómodamente en los confinamientos y el control de la libertad de movimientos de los ciudadanos. No hace mucho, Pedro Sánchez se jactaba en su particular aló presidente de los sábados, que su gobierno había introducido las medidas de controlo más draconianas de todo el mundo. Pero el resultado está ahí para quien lo quiera mirar:  los datos de España no son mejores. Al contrario, somos el top de fallecidos de covid con relación a la población y, lo que es aún peor, somos el país con mayor tasa de fallecidos por contagiados. Pero sólo se nos dice que nuevos confinamientos van a ser la solución. Ridículo si creyéramos que sus decisiones buscan garantizar nuestra salud, pero no, lo que buscan es afianzarse en el poder.

La única pregunta que me queda es saber si este asesinato está meditado y se produce con nocturnidad y alevosía o si es fruto de la irracionalidad. La ruina a la que nos lleva no puede dejar de tener un impacto en las prebendas que disfruta nuestra clase gobernante. O a lo mejor sí piensan que serán capaces de sostener un régimen de terror que paralice a los españoles. Con el tiempo lo sabremos. 

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