«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Director de Rius TV en YouTube. Trabajó antes en La Vanguardia y en El Mundo. Director de e-notícies durante 23 años.

El califato catalán

30 de agosto de 2025

El secretario general de VOX, Ignacio Garriga, denunció el pasado jueves que «Cataluña se ha convertido en la cuna del yihadismo» tras la detención de un hombre por presunta vinculación al terrorismo islamista en la AP-7, a la altura de Martorell. A mí, cuando detienen a un supuesto yihadista cerca de casa, se me ponen los pelos de punta, cosa harto difícil en mi caso. Aunque sea en la autopista y cuando se dirigía a Barcelona. Había el temor de que podía cometer un atentado porque estaba en «avanzado proceso de radicalización violenta», como informaba LA GACETA el mismo día. Con este ya son treinta los detenidos por yihadismo en Cataluña en lo que va de año. O sea que vamos a superar todos los récords.

Lo dije en mi último artículo y ruego perdonen la autocita: la inmensa mayoría han llegado como inmigrantes o incluso han nacido ya aquí. No puede soslayarse el hecho —como hacen el PSOE y el PP— de que son de confesión musulmana. Los yihadistas quieren matar en nombre de Alá. No de cualquier otro dios. Recuerdo que el líder del PP, Alberto Núñez Feijoo, tras el asesinato de un sacristán en Algeciras a manos de un marroquí pendiente de expulsión, estaba en Barcelona y dijo más o menos lo mismo. «Hay personas que matan en nombre de un dios o en nombre de una religión y, sin embargo, nosotros, desde hace muchos siglos, no verá a un católico, a un cristiano, matar en nombre de su religión o de sus creencias, y hay otros pueblos que tienen algunos ciudadanos que sí lo hacen», afirmó entonces. Lamentablemente se desdijo apenas unas horas después después por la presión mediática de los de siempre. No aguantó el empuje. Cuando un representante político rectifica bajo presión, no da imagen de liderazgo. Todo lo contrario.

Ignacio Garriga ha venido a decir ahora que «urge revertir la política migratoria que ha impulsado el bipartidismo durante los últimos 40 años y acabar con las falsas políticas de integración». Cataluña, ya lo he dicho en alguna ocasión, ha sido el paraíso del «papeles para todos», «refugees welcome» y «volem acollir». Durante veinte años nadie ha hecho nada. Se ha perdido un tiempo preciso. En este asunto las decisiones hay que tomarlas en caliente porque luego es demasiado tarde.

Precisamente es lo que están haciendo la mayoría de países europeos. Algunos ni siquiera están gobernados por el partido equivalente a VOX, sino por socialdemócratas. Como es el caso de Dinamarca. Incluso el líder laborista británico, a pesar de las apariencias, está endureciendo la política de inmigración. El propio Garriga ha añadido que «la inmigración masiva e ilegal es un problema gravísimo para nuestra sociedad». «Tener más de 300 mezquitas, una de cada tres en manos de salafistas, e impartir el programa de lengua árabe y cultura marroquí tiene consecuencias», ha remarcado.

En la comunidad catalana ya hay municipios con más mezquitas que iglesias —como es el caso de Salt— y más de 120 colegios catalanes imparten el Programa de Lengua Árabe y Cultura Marroquí. En teoría, para facilitar la integración, pero tengo la teoría personal de que cuanto más intentas facilitarla —a base de subvenciones o ayudas sociales—, peor: menos se integran. Es como el caso de los burkinis en las piscinas —el otro día, en mi piscina municipal, nadé rodeado de tres—: ¿alguien puede creer que acabará integrándose alguien que se baña tapada de pies a cabeza?

En fin, los «indepes» pensaron en una república independiente, pero a este paso va a ser un califato. Algunos catalanes miraban más a Francia que a España. Y en los años 20 atrajo a numerosos intelectuales y pintores. A este paso vamos a ir por delante de Francia. Muchos barrios y localidades han superado ya el punto de no retorno. Y entre nacimientos y llegadas la población islámica crece más que la autóctona.

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