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Escritor, conferencista. Consultor político. Doctorado en Derechos Humanos. Maestría en Filosofía, Cultura y Religión. Activista católico, provida y profamilia. Presidente de “Nueva Derecha Hispanoamericana”. Ex Secretario de Comunicación del Comité Ejecutivo Nacional del PAN. Premio Nacional de Periodismo 2007, otorgado por la ONU en México. Analista Geopolítico. Su más reciente libro: “La Contrarrevolución Cultural frente al marxismo posmoderno”.

El conservadurismo (explicado a los niños)

Llamado a todos los guerreros de la gran batalla cultural contra el marxismo posmoderno que corroe los cimientos de nuestra civilización occidental: no se puede ganar esta lucha excluyendo a la religión, al cristianismo.

No se quieran hacer los «laicos» para quedar bien con los liberales. No sean los pagafantas de los liber-progres. Recuerden que el laicismo más bien significa que el Estado no tiene una religión oficial. Eso es todo. Pero no significa que haya que dejar de ejercer el derecho a la libertad religiosa. 

Y es que eso es lo que nos han hecho creer los gobiernos liberales o de izquierdas, que la religión es algo que debe sólo practicarse puertas adentro de templo, o de la casa, que es un asunto de la vida privada, y que no puede serlo de la pública. 

Un Occidente que no sabe reivindicar sus más profundas raíces, las religiosas, se ha perdido en las ramas de la posmodernidad, en su relativismo y su liquidez.

La Revolución Francesa quiso jubilar a la religión y poner en el altar a la diosa Razón. Y ahí están los resultados: una racionalidad instrumentalizada, que pone al hombre de la Modernidad al servicio del mercado, en lugar de un hombre que vive una dimensión sagrada, que desacraliza su vida cotidiana. No hay plenitud sino en el amor, y no hay trascendencia para el hombre sino en la conexión con lo sagrado. 

¿Qué batalla cultural se puede ganar sin el granero de fundamentos que significa la religión, el Cristianismo? ¿Pelean en la defensa de la vida desde la concepción hasta la muerte natural, y de la familia, de la Patria, de la libertad, pero dejando a un lado a Dios? El rezo del Rosario, todos unidos, antecedió al triunfo de la gran Batalla de Lepanto, que salvó a Occidente.

Ya describió Friedrich Nietzsche que el hombre moderno anda por ahí pálido y desorientado luego de haber matado a Dios, sintiéndose culpable, hundido en el sinsentido de su pobre vida, y sobre todo, sufriendo el gran vacío ontológico que esa muerte le dejó, y nunca sabiendo con qué llenarla.

La posmodernidad le aconseja que llene su vacío consagrándose al trabajo, ser un workaholic cuya religión es la productividad, para enterrarse vivo el burn-out descrito por el coreano Byung Chul-Han. O bien, le sugiere el marxismo posmoderno llenar el abismo con hedonismo, con placeres, con más comida y más sexo, con hombres y mujeres, de la edad que sean, es igual, y con drogas. Para hacer todo eso necesita el aval del Estado, ante quien se hincará.

La religión aporta sentido de trascendencia y sacralidad de la vida cotidiana. Un conservador auténtico no puede ser ateo. Siempre pone la fe por delante: es el sentido de su vida

O con dioses paganos, como el Quetzalcóatl enarbolado ahora por el gobierno de México, o con los supremacismos  socialistas, el feminista, el LGBT, el afro o indigenista y el ecologista. Siempre entronizando al hombre, con un antropocentrismo que no puede sustituir a Dios. O endiosando a las creaturas, a las vacas, poniéndolas por encima de la dignidad del hombre y de Dios. Las nuevas religiones fallidas de las que se desprenden derechos fake.

Por ello no puede haber secularización, o separación del conservadurismo y la religión. Porque los usos y costumbres justo tienen su origen en la religión, que marca fechas en el calendario, fiestas, celebraciones, conmemoraciones, y sacramentos, bautizos, matrimonios, funerales.

La religión aporta sentido de trascendencia y sacralidad de la vida cotidiana. Un conservador auténtico no puede ser ateo. Siempre pone la fe por delante: es el sentido de su vida.

El conservadurismo no es ideología. Nadie se sentó a redactar la teoría política o los principios básicos del conservadurismo. No tiene un padre intelectual. A diferencia del socialismo, marxismo, progresismo, anarquismo, liberalismo y libertarismo. 

Se es conservador porque serlo es la postura natural, lo que se es antes de adoptar alguna ideología, absurda en su mayoría. El conservadurismo es la liberación de toda ideología.

El conservador ama su comunidad. Y a ella responde. De ahí su aversión al globalismo. Por lo mismo, no puede suscribir una ideología neoliberal que atribuye poderes celestiales al mercado, ni se hincará ante la lógica del mercado. 

Primero está la dignidad de la persona que el mercado. Primero está lo escrito en la democracia cristiana, por Jacques Maritain, que lo expuesto por la escuela austriaca. El verdadero conservador puede estar mucho de acuerdo con ciertas ideas de Von Mises y de Von Hayek, pero tendrá sus reservas ante algunas de sus posturas.

El conservador, con visión de comunidad, desconfía de la autoridad y del centralismo del Estado. Y no desea jamás un gobierno invasivo, ni obeso. En eso coincide con el liberalismo. Pero se aparta del mismo en que no sitúa al individuo como centro de la vida social y política, sino a la familia. El individuo sólo es un invento de la modernidad, una vez más: es una abstracción, no una realidad. 

Lo mismo respecto a todas las luchas que segmentan a la sociedad. No puede confiar en la lucha de las mujeres contra el mundo -en el supremacismo feminista-, porque la mujer es parte de una familia, y tiene padre, hermanos, esposo e hijos. No puede emprenderla contra su propia familia.

Tampoco puede haber conservadores abortistas. El conservador, gente de tradiciones, y sobre todo si viene del campo, sabe que ningún animal practica el aborto porque es algo abominable y antinatural, además de estar prohibido por la religión y ser un asesinato. 

Hay guerreros culturales que aconsejan no usar argumentos religiosos para combatir a los defensores del aborto. ¿No? ¿Por qué no? ¿Para que no nos digan que saquemos nuestros rosarios de sus ovarios? ¿Para que no parezca una cuestión de imposición de una religión sobre la supuesta libertad de otra persona a abortar? Pero no existe la libertad cuando es usada para matar a un ser indefenso. 

Usar sólo argumentos científicos y excluir a la moral judeo-cristiana y a la religión en sí misma es un mal comienzo para ganar la guerra cultural. ¿Qué otra cosa se le va a conceder a los progresistas que excluyamos? ¿El idioma español porque fue otra imposición de la Conquista? No debemos desintegrar nuestra personalidad y esencia para complacer a nadie. 

Poco falta para que no podamos opinar porque el aborto es cosa de «mujeres» y si somos hombres, blancos, españoles o descendientes de ellos, debemos quedarnos callados. ¿Por qué sólo puede hablar la ciencia? 

Seamos serios: al final del día, las abortistas y fauna de la marea verde es asesina: no le importa sino matar a sus hijos; la religión no le importa, pero tampoco la ciencia. 

El conservador debe practicar las siete defensas: Fe, vida, familia, propiedad privada, Patria, libertades y derechos universales.

En nada les preocupa que la embriología asegure que se trata de un ser humano desde la concepción: lo que ellas quieren es matarlo. Por eso es que no debemos concederles dejar fuera a la religión, ni a la moral cristiana. Así, es efectivamente por razones éticas, morales, y religiosas, tanto como las científicas, que no podemos tolerar asesinatos enmascarados de «derechos», que son derechos fake.

Un conservador tampoco es alguien que siendo joven luzca como un abuelo, ni alguien con aires del pasado, ni un pasado de moda. Puede hacer lo que quiera, pero actuar con ética y abrazar la religión y los valores que de ella son emanados.

El conservador debe practicar las siete defensas: fe, vida, familia, propiedad privada, patria, libertades y derechos universales.

También hay ciertas taras. Algunos piensan que ser conservador es sinónimo de comprar una suerte de «paquete completo» que incluye ir a misa sólo en latín, vestir de traje y corbata, escuchar sólo música clásica, beber sólo vino, tener demasiados hijos, comer mucha carne y amar la tauromaquia. 

En América algunas de las ideas del gran Roger Scruton lucen muy pomadosas. Un conservador podrá apreciar lo bello y lo fino, pero la verdad es que no tiene por qué sólo preferir escuchar música clásica, por ejemplo, o salir de cacería con los sabuesos. 

El conservador en España y en América es derecha popular, no un señor de edad con gustos «exquisitos» y demasiado refinados. En Estados Unidos un conservador va a misa el domingo y luego asará carne y beberá cerveza reunido con familia y amigos escuchando rock, y vistiendo jeans y playeras con la bandera de su país.

En México, un conservador irá a misa y luego comerá con su familia algún platillo típico de la excelsa gastronomía mexicana y escuchará tal vez mariachis si es cumpleaños de alguno. Verá más el futbol soccer o el americano que los toros. Al día siguiente irá a trabajar al taller mecánico donde hay un altar de la Virgen de Guadalupe. 

Tampoco es que el conservador sea obligatoriamente antivacunas (o sobre todo antivacuna Covid), ni use cubrebocas jamás, y compre todas las teorías de la conspiración que encuentre en las redes sociales. O bien, alguien que rechace la tecnología, y goce de estar sin internet, ni computadora, ni celular, ni usar auto. No es así.  

Tampoco es una persona que no peque, libre de fallas y errores. Ni es alguien que no emprenda nada, que no innove, o que no pueda dedicarse a la ciencia o a las artes. 

También se opone al progresismo porque el conservador es apegado a lo natural, porque lo natural es la mano de Dios y es lo biológicamente correcto

Eso sí, un conservador rechaza las revoluciones porque son la explosión violenta del resentimiento social y pretenden empezar todo de cero. Sea Marx, Lenin, Stalin, Hitler, Mao Tse Tung, Che Guevara o Pol Pot, todos estos imbéciles han querido borrar todo el pasado, las tradiciones, y empezar desde cero a partir de sus delirios ideológicos que imponen en los gobiernos. 

Y además, muchos de ellos, han buscado abolir la religión y la propiedad privada, algo totalmente inaceptable para un conservador auténtico. Si le tocan estas dos cosas, será capaz de tomar las armas, que debe tener en su posesión y siempre, sobre todo en su casa. Como fue el caso de los cristeros, grandes soldados de Cristo Rey ante la «Ley Calles» que cerraba iglesias y fusiló sacerdotes.

También se opone al progresismo porque el conservador es apegado a lo natural, porque lo natural es la mano de Dios y es lo biológicamente correcto. No va a comprar la agenda LGBT, ni la feminista, ni la afro, o indigenista, ni la ecologista, ni ninguna otra expresión del marxismo posmoderno que altere la familia natural como centro de la sociedad, ni que reniegue de la fe.

Por último, ser conservador no es sinónimo de «reaccionario», en el sentido de que no emprende acciones sólo como una reacción a algo que lo ofende. Un conservador puede ser emprendedor, líder, vanguardia, ser innovador en cualquier campo. Un conservador es un ser libre, equilibrado, de fe y lleno de amor por la vida, por su familia, y por su Patria. El conservadurismo ha sido explicado a los niños.

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