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Carlos Esteban, 58 años, quince años en el diario líder de información económica EXPANSIÓN, entonces del Grupo Recoletos, los tres últimos años como responsable de Servicios Interactivos en la página web del medio. Luego en Intereconomía, donde fundé el semanario católico ALBA, escribí opinión en ÉPOCA, donde cubrí también la sección de Internacional, de la que fui responsable cuando nació (como diario generalista) La Gaceta. Desde hace unos años me desempeño como freelance, colaborando para distintos medios.

El desastre de los confinamientos

Los confinamientos y cierres han sido «uno de los mayores desastres políticos en tiempo de paz de todos los tiempos», concluye el profesor Douglas Allen en un estudio publicado por el International Journal of the Economics of Business.

Es inevitable, cuando nos aproximamos al fin de este ‘annus horribilis’, la tentación de tratar de rehuir por una vez el gran pecado del periodismo de cualquier época y pararse a contemplar el bosque que nos han permitido ver los árboles de la actualidad diaria.

El año que termina en un par de días ha sido una repetición enloquecida del precedente, ambos marcados por una pandemia que se ha convertido en la apertura diaria de los telediarios y en la excusa para todo tipo de desmanes públicos sin precedentes. Y ya, creo, tenemos suficiente perspectiva para evaluar algunas de las anomalías más llamativas de este ‘periodo especial’.

En estos meses interminables nos hemos acostumbrado a apostillar todo tipo de datos negativos con la coletilla «a consecuencia de la pandemia», pero esta atribución es tan absolutamente abusiva como el otro ‘ritornello’ de nuestros comunicadores, «como resultado del cambio climático». No, insiste Allen: ha sido consecuencia de la reacción de las autoridades a la denominada pandemia, una pifia política de dimensiones siderales.

Y entre las medidas más nefastas, los confinamientos se llevan la palma en la clasificación. Sin que hayan servido, en realidad, a ninguna desaceleración apreciable del contagio, como concluyó un equipo de investigadores de la Oficina Nacional de Investigación Económica de Estados Unidos, incapaz de encontrar prueba alguna de que los confinamientos llevaran a una reducción apreciable de la tasa de mortandad debida al virus.

Más bien al contrario, el estudio, que examinó los datos de 43 países y de todos los estados de Estados Unidos, reveló que los confinamientos guardaban una correlación positiva con un aumento en la mortalidad por todas las causas.

Ruina económica, pérdida masiva de empleos, cierres de empresas, cursos escolares perdidos, falta de socialización… los resultados funestos del experimento social nos acompañarán durante décadas

Si las medidas contra la pandemia pueden juzgarse, en general, como erradas y disparatadas en muchos casos, los confinamientos constituyen la más llamativa, ya que nunca a lo largo de la historia se ha encerrado en sus casas a poblaciones enteras, abrumadoramente sanas, para luchar contra una pandemia. A todo el planeta, en realidad, en un experimento social que ha tenido consecuencias aún imposibles de evaluar en su conjunto.

Ruina económica, pérdida masiva de empleos, cierres de empresas, cursos escolares perdidos, falta de socialización, de ejercicio físico, de exposición a la luz solar, pánico inducido… los resultados funestos del experimento social nos acompañarán sin duda durante décadas, sino generaciones.

Pero lo más curioso de este fenómeno es que, siendo un experimento nunca antes probado, se ha reproducido en país tras país, como una locura contagiosa o un ensayo general del globalismo que ya tenemos sobre nosotros. E incluso cuando el fracaso es evidente ante nuestros ojos y se acumulan los estudios científicos que lo corroboran, nuestros gobernantes no han tirado la toalla y aún no descartan para el futuro repetir el funesto error.

No han acertado en nada, ninguna de las proyecciones ‘científicas’ sobre las que han basado las medidas se ha acercado mínimamente a la realidad y todas sus promesas han resultado fallidas. Pero eso, al parecer, no va a impedir que sigan intentándolo ante una ciudadanía paralizada por el pánico.

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