Amando de Miguel es catedrático emérito de Sociología en la Universidad Complutense (Madrid). Siguió estudios de postgrado en la Universidad de Columbia (New York). Ha sido profesor visitante en las Universidades de Texas (San Antonio) y de Florida (Gainesville). Ha sido investigador visitante en la Universidad de Yale (New Haven) y en El Colegio de México (DF). Ha publicado más de un centenar de libros y miles de artículos. El último libro publicado: Una Vox. Cartas botsuanas (Madrid: Homo Legens, 2020). Su último trabajo inédito: “La pasión autoritaria de los españoles contemporáneos”.
Ver biografía
Ocultar biografía
Amando de Miguel es catedrático emérito de Sociología en la Universidad Complutense (Madrid). Siguió estudios de postgrado en la Universidad de Columbia (New York). Ha sido profesor visitante en las Universidades de Texas (San Antonio) y de Florida (Gainesville). Ha sido investigador visitante en la Universidad de Yale (New Haven) y en El Colegio de México (DF). Ha publicado más de un centenar de libros y miles de artículos. El último libro publicado: Una Vox. Cartas botsuanas (Madrid: Homo Legens, 2020). Su último trabajo inédito: “La pasión autoritaria de los españoles contemporáneos”.

El desorden internacional

Se dice “orden internacional”, más que nada, una utopía. Los doscientos Estados del mundo se hallan lejos de la idea de orden o concierto. Cada uno es de su padre y de su madre, responde a las vicisitudes históricas propias e intransferibles. Si bien se mira, hay que sospechar, aquí, un punto de entropía social, esto es, de tendencia hacia el desorden, el desconcierto.

En teoría, existe una Organización de las Naciones Unidas, que es más un deseo que otra cosa. A pesar de las apariencias, no es un organismo democrático, aunque, solo, sea por el privilegio del “derecho de veto”, que corresponde a unos pocos países fundacionales, los aliados de la II Guerra Mundial. Alemania y Japón no están entre ellos. El juego internacional, realmente, vigente es el de las viejas hegemonías o imperios. Se reparten por distintos espacios del planeta y el dominio de unos u otros recursos naturales. Por ejemplo, los Estados Unidos de América controlan el petróleo, China acopia las “tierras raras” como materia prima de los aparatos electrónicos y de comunicaciones. Turquía o España no son miembros de la OTAN (el ejército de la hegemonía estadounidense) porque sus respectivos pueblos no han elegido tal estatuto de forma democrática, por mucho que se diga lo contrario. Su pertenencia la decidió, en su día, el Gobierno de los Estados Unidos por estrictas consideraciones de la posición de esos dos países. Funcionaba, entonces, la “guerra fría” frente a la Unión Soviética. Hoy, se mantiene por pura inercia.

La amplísima desigualdad social, en esos países hispanohablantes, ha sido un obstáculo natural para que prospere la democracia genuina

El equilibrio de este desorden internacional se logra porque la mayor parte de los Gobiernos se adscriben a alguna de estas cinco ideologías dominantes en el mundo: socialismo, nacionalismo, islamismo, feminismo, ecologismo. En la lista, quizá, se eche de menos la ideología, que podríamos llamar, democrática, la oficial de la ONU. Sin embargo, esa es una condición reservada a los países anglófonos, fundamentalmente, los Estados Unidos y sus aliados. En ese rincón democrático del planeta, se ha originado el feminismo y el ecologismo, hoy, rampantes. La democracia no es una ideología, sino una forma de organizar, pacíficamente, la sucesión del Gobierno con un mínimo de confrontación. Ya se sabe, es la peor forma de gobierno, después de todas las demás, que son pésimas.

En esta misma sección, un punzante artículo de mi cuate, Fernando Sánchez Dragó, se preguntaba por la persistencia de regímenes autoritarios o dictatoriales en el mundo de la Iberosfera. Casi todos ellos han sido una reacción nacionalista contra la inveterada hegemonía del Reino Unido (antes) o de Estados Unidos (después) en la zona. La amplísima desigualdad social, en esos países hispanohablantes, ha sido un obstáculo natural para que prospere la democracia genuina.  En contra de lo declarado de manera oficial, los Estados Unidos han asegurado mejor su preponderancia sobre las dictaduras de la Iberosfera. Incluyo a España y Portugal.

El gran reto es el modelo alternativo de China: partido único y libertad de mercado. Es una combinación diabólica

A pesar de todas las declaraciones en contra, en los países de la Iberosfera, la democracia sigue siendo un régimen con muchas peculiaridades y reservas. Se mantiene por un cierto mimetismo con los Estados Unidos, aunque, con acusadas variaciones respecto a un modelo, que siempre se considerará importado. Quizá, lo más auténtico y positivo sea que, en el elenco de los países de la Iberosfera, se lucha, denodadamente, por acercarse al ideal democrático. Puede que tal esfuerzo proporcione el auténtico “Gobierno del pueblo, con el pueblo y para el pueblo”. Algo parecido se puede decir del resto de los países del mundo. 

El gran reto es el modelo alternativo de China: partido único y libertad de mercado. Es una combinación diabólica, muy atractiva para muchos países deseosos de industrializarse a fondo. Solo, que, en este caso, tampoco podríamos hablar de “orden internacional”. Simplemente, la hegemonía estadounidense sería reemplazada por la china. Sería una inmensa decepción.

Deja una respuesta