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Santanderino de 1965. De labores jurídicas y empresariales, a darle a la pluma. De ella han salido, de momento, diez libros de historia, política y lingüística y cerca de un millar de artículos. Columnista semanal en Libertad Digital durante once años, ahora disparo desde La Gaceta. Más y mejor en jesuslainz.es
Santanderino de 1965. De labores jurídicas y empresariales, a darle a la pluma. De ella han salido, de momento, diez libros de historia, política y lingüística y cerca de un millar de artículos. Columnista semanal en Libertad Digital durante once años, ahora disparo desde La Gaceta. Más y mejor en jesuslainz.es

El futuro o la aniquilación de VOX

20 de mayo de 2024

El Partido Popular no disimula que no tiene por enemigo político al PSOE, al fin y al cabo el colaborador con el que lleva medio siglo repartiéndose cómodamente el pastel del 78. Su enemigo mortal es VOX, como los dirigentes populares demuestran cada vez que tienen ocasión.

Feijoo acaba de explicar que pretende recuperar votantes huidos a VOX mediante el endurecimiento de sus declaraciones contra el PSOE “pero sin escorarse a la derecha”, que es pecado, así como con una estrategia de comunicación pensada para “hacer que el electorado de derechas se dé cuenta de que ahí (en VOX) hay una panda de frikis”.

El senador popular Vicente Azpitarte ha sacado como conclusión de las elecciones autonómicas catalanas que “entre los partidos de extrema izquierda y los de extrema derecha suman en Cataluña 58 escaños, 1.345.000 votos y el 43% de los votos. Se ha quedado una Cataluña muy moderna y moderada”. El PP, por lo tanto, equipara a VOX con los comunistas separatistas de la CUP. Para este senador, por el contrario, los separatistas de Junts y ERC forman parte del grupo de los modernos y moderados.

El omnipresente Margallo, por su parte, se ha apresurado a explicar que es posible un pacto del PP con Junts si éstos renuncian a la autodeterminación. Y el argumento principal es que ambos partidos coinciden en materias socioeconómicas, como desea el Foment del Treball Nacional. En román paladino: que ambos partidos defienden los intereses de la oligarquía empresarial y por eso tienen que entenderse. El dinerito no tiene patria; sólo intereses.

Para redondearlo, Feijoo acaba de declarar que con Felipe González “no hubiera pasado lo que está pasando en España”. La derecha ha cambiado, pues, el “esto con Franco no pasaba” por el “esto con Felipe no pasaba”. Interesante evolución.

A todo ello hay que añadir el dato que conocen muy bien quienes hayan hablado alguna vez con representantes del Partido Popular: casi todos ellos arden de odio contra VOX, un odio furioso que nunca han experimentado contra los izquierdistas que, en agradecimiento, nunca han dejado ni dejarán de odiarles. La última manifestación, singularmente expresiva, ha sido la del sincero lema de Más Madrid: “Voy a educar a mis hijos para que se coman a los tuyos vivos, puto pijo”.

A VOX le ha puesto el PP en bandeja mil argumentos para que deje claro cada día que la formación verde no es alineación suplente de la azul, sino algo completamente distinto. Tan distinto, en muchos aspectos, del partido de la supuesta derecha como de los partidos de izquierda. La oposición frontal de VOX a los separatistas, por ejemplo, es incompatible con el eterno pasteleo del PP, que tantas desgracias ha traído a España en el último medio siglo y que tantas nuevas desgracias seguirá trayendo en el futuro.

Pero éste no es el único punto de imposible entendimiento entre el PP y VOX. Los hay mucho más importantes que la amenaza de unos miopes separatistas condenados a acabar anulados, sobrepasados y ahogados en el maremoto inmigratorio. Por ejemplo, la sumisión del PP a una Unión Europea enemiga de las naciones soberanas y principal actora de la eliminación de los milenarios pueblos europeos para sustituirlos por mano de obra barata. Y su colaboración en la locura de género y todos sus nefastos efectos personales, familiares y sociales. Y su obediencia a la liberticida agenda 2030, el evangelio según san Margallo.

Pero, lamentablemente, VOX comparte con el PP –y con el PSOE– un impotente atlantismo que nada bueno ha traído ni va a traer a una España que, en el momento de la verdad, quedará abandonada por sus supuestos aliados. No parece fácil que pueda y quiera rectificar este error. A lo que hay que sumar algunas alianzas exteriores bastante discutibles.

Si VOX se empeña en no ceder ni un milímetro en todos estos problemas de extrema gravedad, seguirá existiendo y podrá continuar su labor, Dios sabe si con posibilidades de éxito o sin ellas. Pero como caiga en la debilidad de hacer de bastón del PP, no tardará en perecer abrazado por el oso con independencia de que las garras sean las de Feijoo, las más probables de Ayuso o las del que venga después.

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