«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
La Gaceta de la Iberosfera
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Amando de Miguel es catedrático emérito de Sociología en la Universidad Complutense (Madrid). Siguió estudios de postgrado en la Universidad de Columbia (New York). Ha sido profesor visitante en las Universidades de Texas (San Antonio) y de Florida (Gainesville). Ha sido investigador visitante en la Universidad de Yale (New Haven) y en El Colegio de México (DF). Ha publicado más de un centenar de libros y miles de artículos. El último libro publicado: Una Vox. Cartas botsuanas (Madrid: Homo Legens, 2020). Su último trabajo inédito: “La pasión autoritaria de los españoles contemporáneos”.
Amando de Miguel es catedrático emérito de Sociología en la Universidad Complutense (Madrid). Siguió estudios de postgrado en la Universidad de Columbia (New York). Ha sido profesor visitante en las Universidades de Texas (San Antonio) y de Florida (Gainesville). Ha sido investigador visitante en la Universidad de Yale (New Haven) y en El Colegio de México (DF). Ha publicado más de un centenar de libros y miles de artículos. El último libro publicado: Una Vox. Cartas botsuanas (Madrid: Homo Legens, 2020). Su último trabajo inédito: “La pasión autoritaria de los españoles contemporáneos”.

El Gabinete de la mediocridad

1 de julio de 2021

La actual organización política española es, sobremanera, peculiar. Me refiero a la institución del Gabinete o Consejo de ministros, constituido por más de una veintena de personas, bajo la égida del presidente Sánchez. Seguramente, es el único Gabinete del mundo occidental con ministros comunistas. Además, recibe el apoyo de los partidos secesionistas, vascos y catalanes. Es la fórmula que repite la de 1936, entonces, Frente Popular, que precipitó la guerra civil. No extrañará que, ante esa extraña conjunción ideológica, el presidente Sánchez se encuentre con el manifiesto desdén por parte del presidente Biden, de los Estados Unidos. No parece que signifique nada el hecho de que los Estados Unidos mantengan un par de bases militares en España. Importa más la querencia del Gabinete Sánchez por los regímenes comunistas o populistas de la Iberosfera.

A diferencia del Frente Popular de 1936, en este Gabinete no hay obreros. Todos los ministros han seguido alguna carrera universitaria o similar. Lo cual no empece para que diversos ministros utilicen, reiteradamente, el inexistente verbo “preveer”. Es un vulgarismo imperdonable.

Nadie sabe decir qué aporte ha podido hacer el doctor Sánchez a las Ciencias Económicas. Es más, en sus numerosos discursos, nunca se traslucen ideas del pensamiento económico

Algunos ministerios españoles, con el ánimo de parecer progresistas, han puesto títulos rimbombantes a sus departamentos. Por ejemplo, el antiguo “Ministerio de Fomento”, ahora, se denomina “Ministerio de Transportes, Movilidad y Agencia Urbana”. Hay, también, un “Ministerio de Transición Ecológica”, y en ese plan. Lo fundamental no son las etiquetas de las abultadas carteras, sino las personas que cargan con ellas. Por ejemplo, llama la atención que el departamento de Asuntos Exteriores, de tanta trascendencia, lo ostente una mujer, que bien podría pasar por una estudiante de primer año de carrera. Le ha tocado lidiar con la invasión de miles de marroquíes, que se adentraron, tranquilamente, en la ciudad de Ceuta. La ministra no ha sabido decir nada coherente.

Por lo general, los ministros parecen bastante mediocres. Solo están en sus puestos porque se consideran fidelísimos edecanes del patrón Sánchez. El cual es doctor en Economía, el primero con tal título en la lista de todos los presidentes del Gobierno de la España contemporánea. Lo asombroso es que nadie sabe decir qué aporte ha podido hacer el doctor Sánchez a las Ciencias Económicas. Es más, en sus numerosos discursos, nunca se traslucen ideas del pensamiento económico. Nadie parece haber leído su tesis doctoral o las publicaciones que, lógicamente, se derivan de tal investigación primera.

En el Gabinete Sánchez hay tres ministros que han sido jueces de carrera. Ninguno de ellos ha dejado traslucir la menor crítica o matiz respecto de la decisión de indultar a los condenados por el fallido golpe de Estado de 2017. El suceso coincidió con el centenario de la revolución soviética. El presidente Sánchez presenta los indultos como una especie de “reencuentro” o de “concordia”. Desgraciadamente, los indultados declaran, enfáticamente, que volverán a acaudillar otro movimiento semejante para proclamar la República de Cataluña. Está por ver si, con el mismo espíritu de “concordia”, se van a poner en libertad los cientos de terroristas vascos, todavía, en prisión.

Es tal la identificación personal de los ministros con su jefe, que se ha acuñado la expresión “sanchismo” para el estilo de gobernar de esta pléyade de mediocres. Es fácil imaginar la afinidad con el episodio de Sancho Panza en la ínsula de Barataria.

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