El gran truco final
El gran truco final
Por Itxu Díaz
4 de junio de 2026

Una lectura somera de lo que conocemos hasta ahora del sumario de la cloaca del PSOE es más que suficiente para hacerse una idea del inmenso riesgo que afronta la democracia española en los próximos meses. No me gusta, ya lo saben, ponerme intenso, pero tampoco me gusta que un energúmeno corte impunemente los últimos cables que aún resisten en los amarres democráticos de mi nación. Está en juego mi libertad, la suya, la de los nuestros, la de todos. 

Si te van a robar la nación y la libertad, al menos esperas que entre los malos haya un líder al que de algún modo puedas temer o hasta admirar, incluso dentro de su maldad. No es el caso. La nación española está siendo saqueada por un payaso, un par de puteros de carretera secundaria, y una colección de cómplices que, entre mugidos y balidos, a duras penas pueden defender su pertenencia a la especie humana. 

Me cuentan que en cierto y amplio sector de la oposición no logran ponerse de acuerdo sobre dónde poner el acento cada semana, entre tantísimas tramas alrededor de Sánchez. O sea, me confirman que todavía hay una parte importante de los que tienen que salvar a España de las garras del sanchismo que no tienen la menor idea de lo que está ocurriendo. La famosa cloaca monclovita no buscaba atascar una cañería concreta, buscaba anegarlo todo, llenar cada rincón de las instituciones españolas de basura, para que, en medio de ese inmenso vertedero, fuera imposible distinguir lo verdadero de lo falso, lo grave de lo trivial; en el caos respira la impunidad.

Quienes no comprendan que lo más peligroso de todo lo que está pasando aún no ha pasado, me temo que no han entendido nada. Me refiero, por supuesto, a la alteración artificial de los resultados de las elecciones de 2027, último salvavidas del sanchismo, si es que el presidente logra zafarse hasta entonces del trabajo noble de los jueces que han resistido al bombardeo de mugre de su cloaca. 

Apelar a los socios de Sánchez, que son otra banda, para que apoyen una moción de censura es como golpearse contra un muro por el puro placer de ver la propia sangre correr. No sé qué hace suponer a quienes apoyan esta vía que se puede confiar en golpistas, y sobre todo, no sé qué les hace suponer que la cloaca no tiene también cogidos por los huevos a catalanes y vascos, que ambos son increíblemente fáciles de cazar. 

El único modo realista en que España puede salvarse de la pesadilla sanchista pasa por las elecciones de 2027. Sánchez está dispuesto a ganarlas a cualquier precio —especialmente si pagamos nosotros por él—, como las primarias, y como la moción de censura golpista que encabezó. Y a esas elecciones se llegará tras una regularización masiva de ilegales, es decir, con España más diluida, rota, y caótica que nunca, y sobre todo, con la Ley de Nietos a pleno rendimiento, carburando lejos de las manos del control público, en una sorprendente y sospechosísima externalización del proceso. 

Durante meses nos hemos divertido mucho con las sobrinas de Ábalos, con la prosa cargada de lirismo de Koldo, o con el colapso mental permanente, como de resaca de whisky solo, que acompaña al bohemio de la familia, David Azagra. Sin ánimo de restar la menor importancia a todas estas corruptelas, sería una escandalosa imprudencia que los partidos de la oposición no estén trabajando sigilosamente en un plan muy específico para intentar garantizar la limpieza del próximo proceso electoral en España. Sin esa garantía, todo esfuerzo será en vano.

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