«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
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Hughes, de formación no periodística, es economista y funcionario de carrera. Se incorporó a la profesión en La Gaceta y luego, durante una década, en el diario ABC donde ejerció de columnista y cronista deportivo y parlamentario y donde también llevó el blog 'Columnas sin fuste'. En 2022 publicó 'Dicho esto' (Ed. Monóculo), una compilación de sus columnas.
Hughes, de formación no periodística, es economista y funcionario de carrera. Se incorporó a la profesión en La Gaceta y luego, durante una década, en el diario ABC donde ejerció de columnista y cronista deportivo y parlamentario y donde también llevó el blog 'Columnas sin fuste'. En 2022 publicó 'Dicho esto' (Ed. Monóculo), una compilación de sus columnas.

El límite PACMA

15 de mayo de 2024

En las recientes elecciones catalanas se ha comentado mucho la debacle, que parece sin fin, de Ciudadanos. El domingo por la noche se repetía mucho una cosa, el hecho de que PACMA los superara en votos. Se daba esa noticia, ese dato, como quien comunica algo irrefutable y definitivo.

PACMA, el partido animalista, funciona como límite. Si una formación es superada por ellos, significa que ha dejado de tener sentido. Habría varios hitos para un partido político, yendo de más a menos: gobernar en solitario, poder formar gobierno, tener grupo propio, entrar en el parlamento y, ya en lo mínimo, el límite PACMA.

Esto, sin embargo, no ha impresionado mucho a Carrizosa, de Ciudadanos, que quiere seguir dando guerra, aunque ha sido universalmente visto como un mensaje que la sociedad le mandaba al partido que fue de Rivera y Arrimadas: chicos, es hora de irse.

Es la función que le damos al animalismo. En España hay mucho «animalista» de boquilla, pero a la hora de la verdad no tantos y vemos a PACMA como una opción liminar precisamente por defender al animal; cuando te superan los que llevan a votar al perro es que algo pasa. En cierto modo, significa que los derechos de los animales están más representados que los de un grupo determinado de personas, en este caso los (ay) liberales. O sea, podríamos decir que en Cataluña, los liberales o exliberales de Ciudadanos tienen menor peso y representación que los animales (aunque es una forma de hablar porque representación como tal no hay ni para unos ni para otros). Podemos intuir que Carrizosa no tiene gato porque si lo tuviera no podría soportar que el minino estuviera más cerca que él de tener voz en el parlament.

Y esta es la importancia política de PACMA, ser el límite de relevancia o sentido político para una formación. Cuando las mascotas tienen más voz que un grupo humano reunido en torno a unas siglas, ese grupo humano tiene que tomar medidas: extinguirse, buscar coaliciones, emprender la lucha armada o, incluso, celebrar un Congreso Extraordinario en Valencia.

Ciudadanos de Cataluña, que fueron no hace mucho la última Coca-Cola del desierto, ahora ofrecen a sus votantes un mensaje tristísimo que precisamente por su tristeza nos parece enigmático y en cierto modo admirable: votantes, seguiremos defendiendo vuestras ideas y derechos en Cataluña, pero no os vamos a engañar, os saldría mejor siendo perros o gatos o tortugas.

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