«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Nació en Madrid en 1975. Es Doctor en Periodismo por la Universidad San Pablo CEU. Ha dedicado casi toda su vida profesional a la radio. Ha publicado los libros "España no se vota" y "Defender la Verdad", "Sin miedo a nada ni a nadie" y "Autopsia al periodismo".

El papa y la bendición del hielo

5 de octubre de 2025

Uno no ha esperado nunca de la Santa Sede ninguna muestra de gallarda valentía en este tiempo de descuento que la humanidad vive, y cuyo fin (como les vengo diciendo) es la Parusía o Segunda Venida de Cristo. No lo esperaba de los últimos años de San Juan Pablo Magno, ni de Benedicto XVI (habiendo sido éste, sin duda, el mejor de los últimos papas), ni desde luego en el de Bergoglio. Pensar que con León XIV vayan a cambiar las cosas en este sentido sería más un signo de puerilidad que de una confiada esperanza en la Providencia, si bien siempre debemos contar con Ella.

Prevost llegó a la silla de Pedro precedido de muy buenas expectativas, e hizo durante los primeros dos meses de pontificado todo lo necesario para que los fieles católicos pudieran pensar que la deriva bergogliana de cercanía al mundo se había terminado. Tuvo detalles y gestos que recordaron a Ratzinger, y su innegable experiencia misionera le daba (y le sigue dando) un merecido prestigio como hombre de diálogo y de comprensión hacia aquellos que viven la Fe Verdadera en los escenarios más difíciles del mundo. Allí donde la vida humana no vale casi nada, y te matan sin pestañear por llevar un alzacuellos o por rezar el Santo Rosario.

Pero la Iglesia Católica, cuya raíz es el mismo Cristo como su Fundador que es, tiene cimientos humanos porque su obra está realizada por personas. Y el papa de Roma, salvo cuando habla ex cathedra, es tan falible e imperfecto como cualquiera de nosotros, con perdón. Es bueno recordar estas cosas para todos aquellos católicos que confunden la obligada obediencia al papa (siempre que defienda la Palabra de Dios) con la papolatría, que no deja de ser una forma de herejía. Al papa se le defiende frente a los infieles, por supuesto; y si es necesario, se da la vida por él. Pero cuando se equivoca, hay que decirlo. 

A mí me parece perfecto que León XIV bendiga un trozo de hielo, como si quiere bendecir un plátano, o cualquiera de los objetos personales que se le pueden llevar al sacerdote de la parroquia a la que uno pertenece; toda bendición es buena, porque procede realmente de Dios cuando se realiza por parte de un consagrado. Otra cosa es que la bendición del hielo se enmarque en un acto de clara intención globalista y de «lucha contra el cambio climático», uno de los mantras masónicos que alumbra la famosa Agenda 2030, de la que seguro que el Santo Padre está debidamente informado. No debería, por tanto, alegar desconocimiento la Santa Sede, igual que no procedió en su día recibir en San Pedro a la Pachamama, episodio de tan triste recuerdo, que el inefable Bergoglio, qepd, despachó con su habitual gracejo.

La imagen de León XIV dando su bendición a una masa de hielo mientras cientos de cristianos son perseguidos y asesinados en medio mundo, y mientras en España la jerarquía eclesial mantiene silencio sabiendo que se está juzgando injustamente a un cura ejemplar, Custodio Ballester, por haber dicho la verdad sobre el islam, no parece que vaya a beneficiar mucho al nuevo pontificado. Como seguramente tampoco le beneficien las recientes fotos que Prevost se hizo acompañado del cura homosexualista James Martin, defensor a ultranza de la aberrante Fiducia Supplicans, o con Lucía Caram, esta señora que se disfraza de monja y hace propaganda socialista junto al también sedicente sacerdote Ángel García. Tenemos serias dudas de que todo esto vaya a ayudar a que las ovejas no sigan abandonando el rebaño en desbandada.

Sigo creyendo que Cristo lleva el timón de la Iglesia, y creo que León XIV va a seguir disponiendo de la orientación y el consejo del Espíritu Santo, que con seguridad participó en su elección como pontífice. Pero el demonio está desatado en estos tiempos de confusión moral, y con seguridad va a seguir haciendo lo posible por convertir el Vaticano es una oficina más de las élites mundialistas de inspiración masónica. Bueno sería que los católicos de buena fe, y aquellos que rodean a Su Santidad de manera más cercana, nos hagamos fuertes en la oración y sepamos siempre tener la suficiente lucidez como para no dejarnos engañar ni confundir por el maligno.

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