«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Santanderino de 1965. De labores jurídicas y empresariales, a darle a la pluma. De ella han salido, de momento, diez libros de historia, política y lingüística y cerca de un millar de artículos. Columnista semanal en Libertad Digital durante once años, ahora disparo desde La Gaceta. Más y mejor en jesuslainz.es

El partido del sanchismo

12 de enero de 2026

No, no es el PSOE, no. Pero no nos precipitemos y comencemos por el principio.

Porque la izquierda nunca se equivoca, nunca hace nada mal, nunca tiene nada de lo que arrepentirse. Así fue en el pasado, así es hoy y así seguirá siendo por los siglos de los siglos, amén.

Recuérdese, por ejemplo, el caso de Stalin, cuyos opresivos años de gobierno los izquierdistas del mundo libre no tuvieron más remedio que condenar cuando ya no siguió siendo posible negar la evidencia, pero no por haber sido culpa del comunismo, sino de Stalin. No en vano a aquel régimen se le llama estalinismo, nunca comunismo o socialismo. Ya saben, la Unión de Repúblicas Stalinistas Soviéticas. ¿No se llamaba así?

Con esta maniobra terminológica y propagandística la izquierda ha echado balones fuera para seguir presentándose como la virgen inmaculada de la historia, siempre en el bando de la luz frente a las eternas tinieblas fascistas. Pero el gobierno de Stalin no fue otra cosa que la continuación del gobierno de Lenin, la prolongación de las instituciones construidas por ambos durante los años de presidencia de aquél y la consecuencia de la elaboración ideológica del partido al que ambos pertenecieron.

¿Acaso tras su muerte llegó la libertad comunista para sustituir a la tiranía estalinista? ¿Lo que llegó no fue la continuación del comunismo bajo el mando de su heredero Kruschev? ¿En qué cambiaron las cosas? ¿No fue Kruschev el que mandó construir el muro de Berlín para que no se escapara la gente del paraíso comunista? ¿No fue durante el gobierno de Kruschev cuando la Unión de Repúblicas exestalinistas Soviéticas invadió Hungría en 1956 para ahogar sus ansias de libertad? ¿Y no fue durante el gobierno de su sucesor Bréznev cuando se hizo lo mismo con Checoslovaquia en 1968 y con Polonia en 1982? Pero no, todo esto no fue culpa del comunismo, sino de Stalin, que seguía adulterando el benéfico ideario marxista-leninista incluso décadas después de muerto.

Pues lo mismo pasa con el socialismo español, siempre angélico, siempre democrático y siempre inocente de todo mal. Porque lo que desgobierna hoy España no es el socialismo, sino el sanchismo. Y no es el PSOE quien repite la letanía para intoxicar la opinión pública, sino el PP y sus voceros, a los que no se les cae el bendito sanchismo de la boca. Porque el PSOE es bueno, dicen los del PP. El malo es Sánchez, sólo Sánchez. Y cuando Sánchez desaparezca, volverá el PSOE bueno y todos volveremos a ser felices.

Así lo ha proclamado, por ejemplo, un Alberto Núñez Feijoo que anunció durante la última campaña electoral que prefería pactar con el PSOE que con Vox y que presume de haber votado en su día a Felipe González. Ya saben, aquel añorado estadista que, entre otros logros, acabó con la división de poderes mediante la eliminación de la independencia judicial, consolidó el vaciamiento del Estado en beneficio de sus aliados separatistas, destruyó la educación mediante la LOGSE, etc.

Pero no, esto no es culpa del PSOE ni consecuencia de su ideología. La culpa la tiene el pérfido sanchismo, que el PP desea defenestrar de la Moncloa para que regrese el verdadero PSOE, que es estupendo. El PP lleva medio siglo demostrando que siempre será el mejor aliado del PSOE, y lo está demostrando de nuevo con esa estrategia de limpieza de cara del socialismo para que pueda volver a estar en condiciones de gobernar.

Bien claro lo deja Aznar, el Pepito Grillo del PP que se materializa frecuentemente para aconsejar a sus hinchas, siempre que tiene ocasión. Por ejemplo, muy recientes son sus palabras sobre que «Vox no es un factor de gobernabilidad y estabilidad y es cómplice de Pedro Sánchez» y su confesión de que «Yo, sin duda ninguna, sintonizo más políticamente con Felipe González que con Abascal».

Por eso sorprende que tantos españoles sigan empeñados en  tener esperanza en que el PP hará causa común con Vox para ganar el pulso contra el PSOE. Porque los dirigentes del PP tienen muy claro que ellos y el PSOE son las dos columnas vertebrales del régimen, que el enemigo que tienen que aniquilar es Vox y que lo que tienen que hacer es entenderse con los socialistas para que todo siga igual, como demuestran continuamente en las instituciones europeas. 

Lo explicó magníficamente Esteban González Pons: «En Bruselas somos coalición desde hace mucho tiempo con el Partido Socialista. Y con los Verdes. Y seguiremos siendo coalición con el Partido Socialista y los Verdes».

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