El pijama político de Mercedes González
El pijama político de Mercedes González
Por Alba Vila
17 de julio de 2026

Hoy, por fin, le toca. Mercedes González se sienta ante el juez Pedraz, un día después de lo previsto, porque ayer el reloj no dio para tanto: su director adjunto operativo, Manuel Llamas, se explayó durante más de dos horas y no quedó hueco para ella. Casualidades del calendario judicial que, como todo en este sumario, llegan acompañadas de una guinda: justo ayer, mientras Llamas hilaba justificaciones sobre informes reservados y filtraciones, ABC destapaba una exclusiva que retrata, mensaje a mensaje, cómo se dirige hoy la Benemérita. Spoiler: no se dirige, se instrumentaliza.

La grabación y la conversación de WhatsApp que hemos podido escuchar son un monumento a la vergüenza ajena. Un teniente general ordenando a un general de división que se excuse de acudir a un acto institucional del 2 de mayo en Madrid (ojo, el homenaje a los héroes de 1808) porque así lo ha decidido, dicen las fuentes, la propia dirección general con el ministro Grande-Marlaska de por medio. El general al otro lado, Fernando Mora, se negó. Tuvo la decencia, algo raro últimamente en ciertos despachos, de recordar que la Guardia Civil no está para servir de comparsa en la pelea particular de Moncloa contra Ayuso. «No está mi culo para que este Gobierno, este ministro o esta directora lo utilice», llegó a soltarle a su superior, y uno lee la frase y piensa que ojalá cundiera el ejemplo entre tanto mando dócil.

Porque de eso va todo esto, querido lector: de un instituto armado que debería ser garante de la neutralidad del Estado y que, bajo la batuta de Mercedes González, lleva tiempo pareciendo una sucursal de Ferraz con tricornio. La propia UCO sostiene en el sumario que la directora general mantuvo varios encuentros con Leire Díez, la ya célebre fontanera del PSOE, y que borró convenientemente las conversaciones de WhatsApp entre ambas. Qué manía con perder los móviles justo cuando más falta hacen, oiga. El objetivo, según los investigadores, no era otro que abrir expedientes internos contra los propios agentes de la UCO que estaban destapando las cloacas: el caso Koldo, el caso Cerdán, las pesquisas sobre el hermano del presidente y sobre Begoña Gómez. Todo lo que huela a incomodar al inquilino de Moncloa, a investigar internamente. Todo lo que huela a defender a la institución, a mirar para otro lado.

No es la primera vez, ni será la última, que el Ministerio del Interior utiliza la Guardia Civil como ariete político. Ahí quedan los precedentes: Manuel Sánchez Corbi, cesado como jefe de la UCO en 2018 por avisar de recortes en la investigación de la corrupción; el coronel Pérez de los Cobos, destituido en 2020 por no entregar al Gobierno la investigación sobre el 8-M y el Covid, y a quien el Tribunal Supremo tuvo que devolver su puesto porque Marlaska, como es habitual, prefirió no dimitir; el propio boicot de este Gobierno a la tradicional parada militar del 2 de mayo en Madrid, suspendida después de casi tres décadas mientras en Sevilla sí se sigue celebrando. Cuando el enemigo es Ayuso, hasta la memoria histórica se vuelve selectiva.

Pero tanto muestra la falta de sobriedad exigible como dirigir la Guardia Civil como una sucursal de Ferraz. Ahí está aquel homenaje a los guardias civiles caídos en acto de servicio en el que se presentó con un conjunto de jersey verde y pantalón de cuadros que a más de uno le recordó a la sección de pijamas, y que se ganó no pocas críticas por la falta de seriedad. Una tiene que preguntarse cómo alguien tan atenta al detalle en algunas ocasiones puede mostrarse tan poco exquisita en otras o a la hora de explicar reuniones con la fontanera del PSOE y mensajes de WhatsApp que se esfuman justo cuando empiezan a incomodar. 

Sánchez lleva ya varios años demostrando que no hay institución, discurso ni ministro que no esté dispuesto a sacrificar en el altar de la propaganda si con ello logra desgastar a un adversario político. Ha convertido el Ministerio del Interior en un ministerio de la venganza, la Fiscalía en oficina de prensa y ahora, según se desprende del sumario Leire, a la Guardia Civil en departamento de contrainteligencia contra sus propios agentes. Hoy Mercedes González tiene la oportunidad de explicarle al juez Pedraz por qué borró esos mensajes, por qué se reunió con la fontanera del PSOE y por qué media Benemérita siente que ya no manda quien debería, sino quien más obedece a Moncloa. Veremos si acude con la misma pulcritud que le exige su cargo o con la misma con la que elige el armario.

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