Co-Editor en Jefe del medio estadounidense El American. Periodista y columnista venezolano, con estudios de Historia de Venezuela. Es autor del libro 'Días de sumisión'.
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Co-Editor en Jefe del medio estadounidense El American. Periodista y columnista venezolano, con estudios de Historia de Venezuela. Es autor del libro 'Días de sumisión'.

El testimonio incomprendido del fracaso socialista

Chile, el país más próspero, estable y potente de la región, optó por el socialismo. No cualquiera, sino uno radical. Que quede claro: desde 1973 un comunista fundamentalista no estaba en el Palacio de la Moneda, como en pocas semanas va a ocurrir.

Gabriel Boric, dogmático e ideologizado, le ganó en las elecciones presidenciales a su contrincante, el conservador José Antonio Kast, por más de diez puntos. El segundo garantizaba la continuidad de ese exitosísimo modelo de economía mercado, blindado constitucionalmente, que había dado a Chile tanto éxito y prosperidad. El primero, victorioso, propone la irrupción de ese modelo, la deconstrucción del Estado para sustituirlo por el plan socialista de comunas y abolición de la propiedad.

La pérdida de Chile es una tragedia que aún no medimos con precisión. Va en dos sentidos: quienes defendemos el capitalismo hemos perdido a manos del comunismo una de las mayores referencias en cuanto al éxito del modelo. Como lección, nos queda que las cifras no son suficientes y que la batalla, ahora, es cultural. El otro sentido es que la libertad latinoamericana pierde a un aliado fundamental. Es un golpe súbito para una región en la que Chile tiene tanto peso.

Pero el golpe de timón en Chile es la tragedia más reciente y, por lo que significa, dolorosa. Sin embargo, el viraje lleva meses.

Hace seis meses Perú optó por otro comunista fundamentalista para la presidencia de su país. Pedro Castillo, apenas profesor de pueblo, llegó a la Casa de Pizarro luego de una campaña en la que abiertamente hablaba de confiscar tierras, regular a las empresas y limitar las libertades. Aún así le ganó a Keiko Fujimori, conservadora, en unas elecciones sumamente reñidas.

La izquierda, representada en el criminal Foro de Sao Paulo, avanza raudamente. La gran pregunta es: ¿para qué ha servido a los países la tragedia que vivimos los venezolanos?

Por último, Honduras. Este año también hubo elecciones y las ganó la candidata chavista Xiomara Castro, del partido fundado por su esposo, el gran aliado de Hugo Chávez, José Manuel Zelaya.  De esa manera, Chile, Perú y Honduras se suman a Argentina, Bolivia, Nicaragua, Cuba, México y Venezuela para inclinar la balanza a favor de una región roja.

Cuando Venezuela llegaba a su punto más álgido de represión, persecución y torturas, la región viraba, poco a poco, para darle la espalda al bolivarianismo que había sumido a Latinoamérica en el denominado Socialismo del Siglo XXI. Pero ahora, sufrimos la resaca y la izquierda, representada en el criminal Foro de Sao Paulo, avanza raudamente. La gran pregunta es: ¿para qué ha servido a los países la tragedia que vivimos los venezolanos?

Millones han huido del socialismo en Venezuela. Al principio de la crisis, en el 2011 o 2012, la migración era principalmente por avión, a Europa o a Estados Unidos. Luego, con la crisis recrudeciéndose, todo fue más dramático, hasta que llegamos a las últimas imágenes: cientos de miles de venezolanos huyendo de su país a pie, arrastrando el pellejo por los Andes, algunos muriendo en el intento, junto a sus niños, esposas y abuelos, en trayectos de semanas o meses. Cada uno, famélico, corroído por la crisis, con el bolso tricolor que en algún momento en algún gesto de populismo le regaló el chavismo, es un testimonio del fracaso del socialismo.

Cada historia, cada cuento, relata el desarrollo de un modelo que empezó seduciendo pero que terminó matando. De un modelo que cuando hubo plata creó la ficción de que todo estaba bien y cuando no la hubo quedó expuesto.

La tragedia venezolana no le ha servido de nada al vecino. Y ahora van por Colombia y Brasil

A Chile llegaron casi 500 mil venezolanos. A Perú más de un millón. Pero no importó. A los chilenos o a los peruanos que apoyaron al idiota comunista no les importó que al salir de sus casas, en el primer semáforo, la estampa sea la de una familia venezolana mendigando. Una madre, su esposo, un bebé en manos, sin trabajo, ni dinero ni comida.

Esa familia, como cada otra familia venezolana fuera de su país, es una muestra de que el modelo que votaron los chilenos, los peruanos, los hondureños, que gobierna en Argentina, Bolivia, México, etcétera, y que amenaza con llegar a Brasil y Colombia, no funciona. Y no solo que no funciona, sino que es intencionalmente criminal y peligroso. Que mata, hambrea, esclaviza y tortura. Que te expulsa de tu hogar, hasta el punto de preferir huir, y arriesgarte a morir en el intento, en algún páramo de los Andes, que seguir en casa.

Pensaba que cientos de miles de migrantes que el socialismo chavista esparció por la región servirían de antídoto. Que cada uno es un testimonio del fracaso del socialismo y que eso sería suficiente. Pero no. La tragedia venezolana no le ha servido de nada al vecino. Y ahora van por Colombia y Brasil.

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