'Ser es defenderse'
RAMIRO DE MAEZTU
Amando de Miguel es catedrático emérito de Sociología en la Universidad Complutense (Madrid). Siguió estudios de postgrado en la Universidad de Columbia (New York). Ha sido profesor visitante en las Universidades de Texas (San Antonio) y de Florida (Gainesville). Ha sido investigador visitante en la Universidad de Yale (New Haven) y en El Colegio de México (DF). Ha publicado más de un centenar de libros y miles de artículos. El último libro publicado: Una Vox. Cartas botsuanas (Madrid: Homo Legens, 2020). Su último trabajo inédito: “La pasión autoritaria de los españoles contemporáneos”.

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Amando de Miguel es catedrático emérito de Sociología en la Universidad Complutense (Madrid). Siguió estudios de postgrado en la Universidad de Columbia (New York). Ha sido profesor visitante en las Universidades de Texas (San Antonio) y de Florida (Gainesville). Ha sido investigador visitante en la Universidad de Yale (New Haven) y en El Colegio de México (DF). Ha publicado más de un centenar de libros y miles de artículos. El último libro publicado: Una Vox. Cartas botsuanas (Madrid: Homo Legens, 2020). Su último trabajo inédito: “La pasión autoritaria de los españoles contemporáneos”.

El yolandismo como posibilidad

23 de diciembre de 2021

Una imagen para las antologías es la de Yolanda Díaz en visita personal al Papa Francisco; ambos sin mascarilla. Era lógico que congeniaran. Yolanda, vicepresidenta del Gobierno de España, es una lideresa de la izquierda recalcitrante. Se intuye su intención de armar un nuevo partido político con los restos de Podemos, los comunistas y los socialistas. Los tres se encuentran en cierta decadencia ideológica, pero, gobernando, con la estimable ayuda de los separatistas.

La ideología de Yolanda es un remedo del viejo justicialismo o peronismo argentino, el caldo de cultivo en el que medró, siempre, el jesuita Jorge Bergoglio, antaño de negro; hoy, de blanco. Así pues, la conversación en el Vaticano tenía que producirse, por aquello de las afinidades electivas. Añádase la necesidad de la política gallega de buscar legitimidad y de darse a conocer en el ancho mundo. El próximo movimiento será comprar páginas o espacios en los grandes medios de los Estados Unidos de América.

El justicialismo argentino se inauguró en los años 40 del pasado siglo; todavía pervive con otros personajes. Ha sido la causa de que, durante ese lapso, la Argentina haya pasado de ser una de las naciones más desarrolladas a figurar en la lista del llamado “tercer mundo”. No se conoce ningún caso de un declive tan manifiesto. No obstante, la esencia de la política justicialista sigue atrayendo, hoy, a muchos argentinos. Consiste en una especie de populismo o de fascismo de izquierdas, de estatismo a toda costa; realmente, de demagogia. Significa la utilización del sindicalismo, dócil al Gobierno de turno. La iniciativa política se centra en la concesión de subsidios y subvenciones a las “masas trabajadoras” hasta arruinar a las empresas; todo ello, en nombre de la panacea de la “justicia social”. La medida más mimada es la del “salario mínimo”, siempre en trance de elevarse, aunque, alimente la inflación desmedida. El justicialismo se siente más cómodo si se ve encarnado en una figura femenina, elegante, vestida con arrogancia, con un ostensible culto de la personalidad. El inmenso ego de Yolanda se adivina, ya, con el prefijo de su nombre de pila. Es la metempsícosis de los antecedentes de Evita o de Cristina, para la inmensa nación rioplatense y patagónica.

Tendría que suponer un relevo en la cúpula del Partido Popular para que se facilitase la formación de un bloque de derechas

Aunque, la historia no se repita, es posible encontrar simulaciones y remedos. Este es el caso de la Yolanda gallega, dispuesta a dar el salto a la presidencia del Gobierno español con un partido de nueva planta. Su pretensión sería la de rebañar votos de las actuales formaciones de la izquierda, incluyendo los de las regiones bilingües. En este caso, su condición de galaicoparlante representa un notable activo.

Sin embargo, la cosa no es tan fácil, como presumen los sueños de Yolanda. Cierto es que, en la España actual, supera, con mucho, el carisma de los otros líderes de la siniestra. Pero, el juego democrático significa contar con la posible reacción de sus oponentes. El eventual triunfo electoral de Yolanda supone la condición negativa de la otra parte del espectro político. A saber, debe ocurrir que el Partido Popular siga, como hasta ahora, sin intención de aliarse con Vox para constituir un bloque electoral. De momento, una iniciativa tan inteligente parece poco probable. Tendría que suponer un relevo en la cúpula del Partido Popular para que se facilitase la formación de un bloque de derechas. Mientras no se produzca tal movimiento, lo más probable es que Yolanda se haga con el poder. Es ella la que, citando, ahora, la Biblia, recuerda que los ricos no entrarán en el Reino de los Cielos. Viene a ser lo mismo que la dificultad para que un camello pudiera pasar por la estrecha poterna de las murallas de Jerusalén. La ancestral metáfora bíblica se traduce, ahora, en que la derecha no podría, nunca, llegar al Gobierno, al estar constituida por “fascistas”. Ese argumento es el típico del yolantismo, el que proporciona toda la resistencia al Gobierno actual.

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