«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Nació en Madrid en 1975. Es Doctor en Periodismo por la Universidad San Pablo CEU. Ha dedicado casi toda su vida profesional a la radio. Ha publicado los libros "España no se vota" y "Defender la Verdad", "Sin miedo a nada ni a nadie" y "Autopsia al periodismo".

¿Eres hombre? Eres culpable

18 de enero de 2026

Uno de los rasgos distintivos de nuestro tiempo es que la verdad ha dejado de importar a casi todo el mundo. De hecho, el palabro «posverdad» no es sinónimo de mentira, sino que significa «superación de la verdad»: a la mayoría de la gente de hoy le da lo mismo que algo sea cierto o falso. Lo que les importa es que sea de interés, sorprendente, novedoso o impactante. 

En realidad, las redes sociales (que se han convertido en la plaza pública donde se debaten las cosas) viven de lo llamativo y curioso, de lo interesante, al margen de que sea verdadero o falso. La verdad es irrelevante, antigua, tan seria que produce un hondo rechazo en un mundo tan hecho a la fábula y a la suposición como éste que nos ha tocado vivir. «¡No me fastidies con tus verdades!», me han llegado a decir alguna vez. 

Por eso, esta imbecilidad que se ha conocido estos días, y que tiene como protagonista involuntario a Julio Iglesias, ha logrado colarse entre los temas más comentados de la semana, incluso entre la clase política. Cualquier rebuzno, por absolutamente disparatado que sea, supera fácilmente la corteza cortical de la concurrencia, como Serguéi Bubka superaba la media docena de metros de altura. Cuando uno quiere salir del estado de estupefacción, el involuntario protagonista de la historia ya ha elegido abogado para poder defenderse en los tribunales. 

El camelo sigue los mismos pasos que ya vimos hace unos años con Plácido Domingo. Personas que estuvieron durante años calladas, sin expresar la más mínima protesta relacionada con abusos sexuales, recuperan de pronto la memoria y son capaces de detallar las supuestas agresiones que sufrieron con todo detalle. ¡Qué poder no tendrá el dinero que es capaz de exprimir las meninges de una persona y sacar de ellas hasta la última brizna de memoria! De nada sirve que les pregunten «¿y por qué no lo denunció en su día?» Jamás tienen respuesta para eso. 

Ser mujeriego no es lo mismo que ser un delincuente. Y lo que el feminismo casposo (de izquierdas y de la derechita progre) ha logrado en los últimos años es convertir en culpable a cualquier hombre que sea denunciado por una mujer, más aún si ese hombre es rico, influyente, poderoso o muy conocido. Si además, como Iglesias y Domingo, simpatizan con posiciones conservadoras, razón de más para que suban al cadalso de la opinión pública. Lo de menos es que los hechos denunciados sean ciertos o falsos; lo importante es que la cofradía del odio puede cobrarse una nueva víctima. Si eres hombre, eres culpable.

Nadie que no tenga los sesos encebollados dentro de su propio cráneo puede creerse que alguien va a sufrir una agresión sexual grave y no va a ir a denunciarlo al día siguiente. Quienes se creen esas milongas han visto muchas teleseries baratas, o se han dejado embaucar por los políticos más analfabetos y sinvergüenzas de la historia. Y los «medios» que dan pábulo a estas idioteces se merecen recibir el castigo de todo aquel que trafica con mentiras: la desaparición y el olvido. 

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