«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
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Hughes, de formación no periodística, es economista y funcionario de carrera. Se incorporó a la profesión en La Gaceta y luego, durante una década, en el diario ABC donde ejerció de columnista y cronista deportivo y parlamentario y donde también llevó el blog 'Columnas sin fuste'. En 2022 publicó 'Dicho esto' (Ed. Monóculo), una compilación de sus columnas.
Hughes, de formación no periodística, es economista y funcionario de carrera. Se incorporó a la profesión en La Gaceta y luego, durante una década, en el diario ABC donde ejerció de columnista y cronista deportivo y parlamentario y donde también llevó el blog 'Columnas sin fuste'. En 2022 publicó 'Dicho esto' (Ed. Monóculo), una compilación de sus columnas.

Escapemos del ‘fakin’ sistema

13 de septiembre de 2023

Las jerarcas hacen unos tuits que lo dicen todo.

Dimitió Rubiales y fue como si hubieran cogido a Antonio Anglés. Champán moradito. Yolanda Díaz tuiteó con su natural contención: «El país feminista avanza cada vez más rápido. La transformación y mejora de nuestras vidas es inevitable». Se entiende el «mejora de», sin ella, la crudeza sería reveladora: «La transformación es inevitable».

Irene Montero suele celebrar sus victorias con la expresión «la sociedad feminista». La que pintan los medios. Los días son un compendio de noticias feministas y guerra de sexos. Ayer rebajaban un año la condena de un integrante de La Manada sobre el que cayó todo el peso de la ley, de la ‘ley solo sí es sí’, pero antes de que el patriarcado pudiera sonreír o fumarse un puro, algo pasó: un individuo le tocó el culo en directo a una reportera de televisión (el culo solo podía pertenecer a una empleada del duopolio) y entre alaridos televisivos se armó la marimorena. ¡Más terrorismo machista! A las horas, en minutos, una imagen tranquilizadora: una pareja de la policía había detenido al energúmeno, probablemente extranjero, aunque eso por supuesto no importará. Todo hombre así es y será visto como un yihadista libidinoso. Un lobo solitario. Un terrorista de género.

Al detenido lo llevaba del bracete una mujer policía. Le diría «caballero, caballero» y luego sus derechos. El Sistema había vuelto a funcionar. Cuando La Sociedad está contigo, ¿no parece todo seguir un guion? El disgusto de La Manada quedaba solapado y la ministra y psicóloga Irene Montero tuiteaba triunfal: «Lo que hasta ahora era normal ya no lo es».

Es una forma de describir su particular revolucioncita. Antes la gente no iba tocando el culo de las periodistas. Ahora sí. Lo normal era que un país defendiera su lengua común, considerara enemigo a los etarras o condenara a golpistas separatistas. Ya no.

La revolución feminista, escenificada diariamente por el lumpen periodístico, encubre la legal. La prepara, la introduce y la camufla. Y ante esa otra revolución ¿qué hacer?

Se proponen soluciones. Todas cómicas. Pasan por un ataque de dignidad en el PSOE o por alguna pirueta de insumisión superconstitucionalista del Rey. Queda la protesta y en esto aparece Aznar llamando a la «rebelión nacional». No sé usted lector, pero yo me hago sirviente de Mohamed antes que ir a una rebelión convocada por la bumerada pepera culpable de todo y constante en su trabajo de engañar y aburrir, o engañar aburriendo.

«Hay que escapar del fakin sistema», dice Llados. Ojalá un Llados democrático español para salir de esto. Antes que la risible propuesta de rebelión de Aznar, ayer aparecía otra forma de reacción, tomada a chufla, pero más interesante. Un policía del 1-0 denunciaba el beso sin consentimiento de una mujer, suponemos que separatista. Era un ejemplo de algo que comentó hace meses Jorge Sánchez de Castro en un artículo en Ideas (de La Gaceta): tomar la legislación woke para resistir, ir contra ella aplicándola. Llevarla a un extremo lógico, como una forma de aceleracionismo. Este policía, queriendo o no, sería un ejemplo de «combatiente irregular», un partisano, decía don Jorge recordando a Schmitt. Una especie de partisano urbano posmoderno, distinto porque «su oposición no contempla la desobediencia de la ley que odia, sino que su acción de sabotaje consiste en solicitar que a él no se le excluya de su aplicación, aunque la repudie».

Hace unos días, un amigo me contaba que había presenciado cómo un hombre acusado se declaraba mujer. Si los hombres hicieran masivamente uso de ella, la ley trans colapsaría. La Ley en España sobrevive porque no se aplica.

Es una rebelión friqui que consistiría en ponerse ante el Estado y decirle, como Carmen Maura al de la manguera: «Aplíqueme la ley, aplíquemela toda». Hacer del vicio español de la docilidad, virtud corrosiva.

Estamos ante dos vías absurdas: el absurdo inteligente de picardías así o el absurdo aburrido de ir a la «rebelión» aznarista, otra vez a Colón a ver abogados del Estado, tobillos, lódenes, zapatos con borla y mucha pulserita, otra rave del Estadodederecho para enloquecer…

Como diría Llados, escapemos del fakin sistema huyendo primero de las «vibras bajas».

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