'Ser es defenderse'
RAMIRO DE MAEZTU
Este artículo se publicó en La Gaceta antes de convertirse en La Gaceta de la Iberosfera, no siendo entonces propiedad de Fundación Disenso.
Editor jefe de La Gaceta de la Iberosfera. Ex director de La Gaceta de los Negocios, Revista Chesterton y La Gallina Ilustrada. Ex vendedor de juguetes en El Corte Inglés. Voluntario de la Orden de Malta. Twitter: @joseafuster

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Editor jefe de La Gaceta de la Iberosfera. Ex director de La Gaceta de los Negocios, Revista Chesterton y La Gallina Ilustrada. Ex vendedor de juguetes en El Corte Inglés. Voluntario de la Orden de Malta. Twitter: @joseafuster

Un espectacular golpe de efecto

12 de noviembre de 2013

A las dos de la mañana, la alcaldesa de Madrid se volvió hacia su marido, le tocó en el hombro y le susurró: “Lo tengo. Mañana mismo, a primera hora, al alba, que la Unidad Militar de Emergencias entre en Madrid y que tome posiciones en torno a la Castellana. A eso de las nueve, yo anuncio la decisión del Ayuntamiento de decretar el Estado de Emergencia Sanitaria, además
de suspender los acuerdos con las contratas de limpieza, despedir a todos los trabajadores y sustituirlos, de manera eventual, por personal militar cualificado. El golpe de efecto sería espectacular si en el preciso instante en el que yo digo lo de militarizar, se ven por los ventanales de mi despacho con vistas a Cibeles cómo entran una veintena de helicópteros de la Fuerza Aerotransportada que se quedan en posición estacionaria y empiezan los soldados a descender con cuerdas y toman posiciones. Habría que avisar a las cadenas de televisión. Ya me ocupo yo de eso. De lo que te tienes que ocupar tú es de que la Junta de Jefes de Estado Mayor dé luz verde al plan y de reunir en sesión urgente al Consejo de Ministros para que apruebe la correspondiente partida presupuestaria. Yo creo que si a Su Majestad se lo explicamos bien, estará de acuerdo…”.

Justo entonces, ella escuchó un ligerísimo ronquido que venía de ella misma y que la despertó. La alcaldesa de Madrid dio un par de golpecitos ligeros en el hombro de su marido y preguntó en un susurró: “¿Tú ya no eres el presidente del Gobierno, no?”. El ex presidente, dormido, bufó y arrugó el ceño. Ella suspiró, se dio media vuelta, abrazó la almohada, bostezó despacio y se volvió a dormir mientras decía: “Es verdad, que es Mariano… Pues entonces no he dicho nada”.

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