«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Santanderino de 1965. De labores jurídicas y empresariales, a darle a la pluma. De ella han salido, de momento, diez libros de historia, política y lingüística y cerca de un millar de artículos. Columnista semanal en Libertad Digital durante once años, ahora disparo desde La Gaceta. Más y mejor en jesuslainz.es

Está todo clarísimo

21 de septiembre de 2026

Cualquiera ha podido verlo en las redes sociales en los últimos días. Al menos a mí me ha llegado por diez caminos distintos. Un marroquí muy simpático hace estas recomendaciones a sus compatriotas:

«Seguid así, todos mis paisanos, seguid así, que me gustáis mucho. Hay que seguir abriendo mezquitas, carnicerías halal, hacer negocios, meter lengua árabe en los colegios, intentar que vendan comida halal en el Consum, en el Mercadona, en el Aldi, en el Dia. Tenemos que intentar meter nuestra cultura y nuestra religión en la Unión Europea, sobre todo en España porque los de la extrema derecha, los racistas, los fachas, a Santiago Abascal, a los de Vox, eso les duele. Entonces, si nosotros seguimos así, intentando meter nuestra cultura, abriendo negocios, abriendo mezquitas, metiendo religión en los colegios, lengua árabe, ¿qué va a pasar? Que si seguimos así dos añitos nada más a Santiago Abascal le va a dar un infarto. Entonces nosotros tenemos que seguir. Y por cierto: las mujeres moras que están aquí en España, cada año un hijo. Hay que empezar a tener hijos a punta pala. Si las españolas tienen un hijo, las moras que tengan ocho. ¿Me entendéis o no? Porque así somos más. Más lo que está pasando en Ceuta. Pues a los racistas, a los fachas, a los de Vox y a todos esos mierdas, los tenemos hasta aquí, están ya cansados, están obsesionados con nostros. Pues nosotros tenemos que hacer más, tenemos que abrir negocios, peluquerías, carnicerías halal, mezquitas por toda España. En fin, que hay que hacer España musulmana. Nada de cristianismo, ni cerdo ni nada. Pata de cordero, que la mora tenga veinte mil hijos y que hagamos muchos negocios. Y así a Santiago Abascal le da un infarto. Dos o tres añitos más y la palma, y a tomar por el culo. Ésa es la solución».

Tampoco es tan original. El simpático marroquí se ha limitado a constatar la realidad de Europa y a recomendar insistir en la misma dirección, consciente de que sus paisanos tienen las energías para hacerlo y los europeos, tanto los gobernantes como los gobernados, la intención de permitirlo.

Las cifras lo demuestran. En los países de la UE viven sesenta y cinco millones de inmigrantes, veinticuatro más que hace quince años. A ellos hay que sumar los muchos millones que, por haber sido nacionalizados, han salido de la categoría legal de inmigrantes aunque, evidentemente, sigan perteneciendo al mundo étnico, cultural y religioso del que vinieron y en el que nacerán y se educarán sus vástagos.

La mitad de los alemanes menores de dieciséis años son inmigrantes o descendientes de inmigrantes. La situación en Bélgica, Francia y Reino Unido es parecida. El peso del voto afroasiático en el que hace menos de un siglo seguía siendo el Imperio Británico es más que evidente: no hay más que echar un vistazo a los cientos de presidentes, ministros, diputados y alcaldes de dicho origen. Sin embargo, los destacados políticos Anas Sarwar, presidente del Partido Laborista Escocés y ministro de Comercio, y Humza Yousaf, separatista escocés —tiene gracia— que llegó a Primer Ministro de Escocia hace dos años, se han distinguido por denunciar que la inmensa mayoría de políticos, jueces y otras profesiones influyentes están en manos de blancos. ¿Intentamos imaginar la furia universal que estallaría si a algún blanco se le ocurriera denunciar que la inmensa mayoría de los cargos en Pakistán están en manos de marrones?

En Suecia acabamos de ver cómo la izquierda, de espaldas desde hace ya muchos años a los problemas de los suecos, ha hecho campaña entre la comunidad afroasiática para compensar la pérdida de votos autóctonos con los de los que de fuera vendrán y de casa te echarán.

En España avanzamos a grandes pasos para alcanzar tan envidiables alturas. Dado que la tasa de fertilidad en España es de 1,2 hijos por mujer, muy lejos de la de reemplazo de 2,1, la desaparición de los españoles es inevitable. Interesante contraste, por cierto, con dicha tasa al morir Franco: 2,7 hijos por mujer. Pónganse los sociólogos a sacar conclusiones. Añádase a todo ello que la tasa de fertilidad de los inmigrantes —la media africana se acerca a 4,7— es muy superior, con lo que la ecuación quedará completa. De hecho, ya casi un 40% de los menores de cinco años residentes en España son de origen extranjero.

Pero lo esencial no es lo que hagan los inmigrantes, al fin y al cabo interesados en mejorar unas condiciones de vida inalcanzables en sus países incivilizados gobernados por inútiles y corruptos. Lo esencial es el papel de nuestros políticos, encantados de cavar la tumba de tres milenios de civilización europea. Porque la izquierda española es tan xenólatra y tan endófoba como la que más, y la derecha clásica, aunque alguno de sus representantes, en privado y en voz baja, se atreva a lamentarlo, se limita, como siempre, a transitar obedientemente por la senda trazada por la izquierda. Ya lo proclamó Isabel Díaz Ayuso, la gran esperanza blanca —con perdón— del PP: «Quien nace en España es tan español como Abascal». Que se lo pregunte al marroquí del vídeo.

www.jesuslainz.es

Fondo newsletter