(Madrid, 1966), licenciada en Derecho por la UCM. Compagina su profesión de asesoría de empresas con colaboraciones en Ataraxia Magazine, El Toro TV y la Fundación Denaes. Española por la gracia de Dios.
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(Madrid, 1966), licenciada en Derecho por la UCM. Compagina su profesión de asesoría de empresas con colaboraciones en Ataraxia Magazine, El Toro TV y la Fundación Denaes. Española por la gracia de Dios.

Estado de Alarma habilitante

De la misma forma que al soldado el valor se le supone y, llegada la ocasión, se da por probado, sensu contrario, al presidente Sánchez la maldad y la deslealtad ya no se le supone, se le conoce. No cabe el beneficio de la duda sobre sus intenciones, su ineptitud y su falta de escrúpulos. 

Casi sesenta mil víctimas y una crisis económica cuyas consecuencias empezamos a atisbar —todavía no ha empezado lo peor—, avalan su negligencia y dejadez en beneficio de sus prioridades políticas. 

Hoy Sánchez pide al Congreso poderes especiales por un periodo de seis meses para luchar contra la pandemia, de la misma manera que Chávez pidió la aprobación de una Ley Habilitante para doce meses —que acabaron siendo dieciocho—, como la única forma de afrontar la tragedia que produjeron las lluvias torrenciales en Venezuela en 2010. En ese lapso de tiempo aprobó cincuenta y cuatro decretos-ley.  Nihil novum sub sole.

Dar vía libre a Sánchez en esta propuesta produce la misma tranquilidad que dejar a tus hijos con tu cuñado drogadicto y sus amigotes para irte de fin de semana

Produce un escalofrío la comparación, pero recuerden que hablamos del Gobierno que debutó nombrando Fiscal General del Estado a una diputada del partido y exministro de Justicia, con la intención -constatada ya- de socavar la independencia del poder judicial; que tiene como vicepresidente a un individuo cuyo partido está imputado y no disimula su propósito de destruir la monarquía parlamentaria; un ejecutivo cuyo ministro de Fomento se reunió de madrugada con un miembro del narcorégimen venezolano en el aeropuerto de Madrid -lugar que tenía prohibido pisar-, en un extraño suceso con 40 maletas de por medio –conviene recordar que varios ministros pertenecen al Grupo de Puebla, nada es casualidad-; que ocultó la profusa información de la que disponía sobre un virus mortal para que su femimanifestación tuviera éxito; que nos dijo que las mascarillas no servían para nada, para luego reconocer que no disponían de ellas; que mintió hablando de un comité de expertos que jamás existió -ahora son tantos que sería imposible enumerarlos-; que ni siquiera reconoce la cifra de muertos causados por la pandemia; un Gobierno que estos últimos cuatro meses los ha ocupado en no hacer nada que no sea puro postureo de sus demenciales  políticas. 

Este es tan solo un pequeño resumen de las hazañas de aquellos que nos imponen, con el concurso necesario de sus socios hispanófobos, seis meses sin dar cuenta de su gestión ante el Parlamento, como si esto fuera incompatible con la lucha contra la pandemia. Dar vía libre a Sánchez en esta propuesta produce la misma tranquilidad que dejar a tus hijos con tu cuñado drogadicto y sus amigotes para irte de fin de semana. Ninguna. 

Es lo que tiene elegir socios peligrosos. Mejor seis meses de un tirón y el Estado de derecho lo enmarcamos dentro de los conceptos discutidos y discutibles

Ciento ochenta días sin someterse a la Cámara que representa a todos los españoles porque, según el presunto científico devenido en comisario político, Fernando Simón, andar prorrogando el estado de alarma es muy pesado. Eso es innegable, es muy pesado. Sobre todo, si el ministerio del ramo no se dedica a trabajar por la evolución positiva de la pandemia, sino que todo el esfuerzo del Gobierno durante el pasado estado de alarma consistió en mercadear votos con unos socios -los que él eligió- muy caros de comprar para conseguir más prórrogas. Un engorro.

Cabe considerar que dentro de un mes un sí del PNV nos saldría por un ojo de la cara -y la yema del otro-; la simple abstención de ERC cotizaría ya en términos de amnistía total para los sediciosos puesto que la mesa de diálogo y la relajación de las leyes sobre sedición y rebelión ya se superaron hace tiempo; a BILDU se le concedió la derogación de la reforma laboral -que de pillo a pillo no se ha cumplido-, y en dos años se han acercado 85 presos a las cárceles vascas; está claro que BILDU exigiría mucho más cariño. Así pues, Sánchez cada vez tendría menos margen para negociar. Es lo que tiene elegir socios peligrosos. Mejor seis meses de un tirón y el Estado de derecho lo enmarcamos dentro de los conceptos discutidos y discutibles. No cabe duda de que la ley está sobrevalorada según el Gobierno y los que lo apoyan, ya sea por acción u omisión.

Todo para el pueblo, pero sin el pueblo. Llegado el cuarto mes de estado de alarma, si todavía queda piedra sobre piedra, el consejo interterritorial se reunirá. Para saludarse, supongo

Lo curioso de todo esto es que el presidente no propone un mando único, no quiere asumir la responsabilidad de gobernar. El invento de la cogobernanza le permite hacerse dueño de los aciertos y endosar a las autonomías los errores, es decir, los muertos. 

Por eso, después de la agotadora experiencia sufrida para obtener las prórrogas del estado de alarma esta opción es mucho más cómoda. Para empezar, hoy ha mandado a Illa al Congreso como si esto fuera un mero trámite sin importancia. Ahí le partan la cara a Salvador, el del nombre que es puro oxímoron como ya dijo el doctor Steegmann. Si no le va mal, Sánchez comparecerá en dos meses para informar sobre la evolución de la pandemia. Esto no es criticable, ha de ser interpretado como favor que hace, motu proprio, su sanchidad al pueblo. Sin votación, por supuesto. Todo para el pueblo, pero sin el pueblo. Llegado el cuarto mes de estado de alarma, si todavía queda piedra sobre piedra, el consejo interterritorial se reunirá. Para saludarse, supongo. 

Si todo es descorazonador, la desazón se agrava con la abstención del Partido Popular, ¡al cual dos meses de estado de alarma sin control parlamentario le parecía bien! Después de escuchar el discurso de Casado es del todo incomprensible que se abstenga. Ya lo ha dicho Abascal: Casado se opone con su discurso, pero se abstiene en su votación.

¿Por qué tanto reparo por parte del PP para decirle no a Sánchez ante una medida arbitraria donde las haya y tanta saña para votar no a la moción de censura de Vox?

Dicen que lo más normal es que las cosas sean lo que parecen y, en este caso, todo da lugar a pensar en una negociación PP-PSOE. ¿Para qué? Todavía no lo sabemos, pero me temo que, cuando lo sepamos, se nos helará la sangre.

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