«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Hughes, de formación no periodística, es economista y funcionario de carrera. Se incorporó a la profesión en La Gaceta y luego, durante una década, en el diario ABC donde ejerció de columnista y cronista deportivo y parlamentario y donde también llevó el blog 'Columnas sin fuste'. En 2022 publicó 'Dicho esto' (Ed. Monóculo), una compilación de sus columnas.

Europa para Trump

12 de diciembre de 2025

Trump ha hecho dos cosas extraordinarias por Europa en los últimos días. Una, en la presentación de la Copa del Mundo; otra, quizás no tan importante, con la publicación de la Estrategia de Seguridad Nacional. Por supuesto, ninguna se le ha reconocido.

Rodeado del mundo FIFA (después de recibir al yihadista liberal sirio, podía atreverse) declaró que el «fútbol» debería ser, por lógica (foot-ball), lo que se juega en Europa y ellos llaman soccer, antes que el americano. Estaba dándole a Europa el fútbol, renunciando a la palabra.

El segundo acto de amor a Europa está recogido en el importante documento de la Estrategia de Seguridad que se interpreta como un acto de hostilidad aunque contiene una declaración de apasionado europeísmo (palabra arruinada, como tantas).

Para Trump, Europa afronta un riesgo de «extinción civilizatoria» y esta preocupación puede entenderse como una continuación del discurso de Vance en Múnich o una clara toma de partido por la nueva derecha europea, o como un aviso, por si los países europeos dejan de ser socios confiables.

¿Por qué esa insistencia? Es algo más; Europa les afecta de lleno y por eso la declaran «estratégica y culturalmente vital».

No por el control del Mediterráneo, la contención de Rusia o el consumo de gas. ¡Eso son fruslerías! Por algo más importante.

Con su estilo, Trump se ha preguntado estos días por qué la inmigración cambió y en lugar de europeos reciben población de países tercermundistas («shitholes«). De fondo, una reciente conquista del sentido común: redescubrir que los países dependen de su población y ésta de la inmigración.

Si Europa dejara de serlo, ¿de dónde recibiría Estados Unidos nuevos potenciales americanos civilizatoriamente aptos? Sin Europa, Estados Unidos estaría solo, y habría perdido las fuentes de sí mismo. La matriz. En la estrategia subyace una visión de Europa como reserva, vivero civilizacional.

Estados Unidos ya no mira a Europa para convertir juntos a la democracia a los africanos o asiáticos. Lo que pretende es salvarla en casa.

Se trata de un documento estratégico de seguridad , y Europa se mira como se miraría a un país que tuviera los yacimientos del último petróleo, las fuentes de la energía del futuro, las minas del metal más raro de todos: el europeo.

En el retorno a la doctrina Monroe, para su espacio (Occidente), Europa no solo es origen simbólico (Covadonga) sino reserva, y condición de seguridad.

Si cada gran espacio es un espacio-civilización, la importancia de Europa aumenta pues es dueña del secreto, es la gran dehesa civilizacional…

Para Estados Unidos, Europa es algo más que un protectorado militar, socio comercial o zona de influencia. Trump le añade, por fin, una función anterior a todo eso: Europa es una garantía de existencia futura de Estados Unidos. Su función no es la producción de petróleo o gas o metales raros, sino de europeos; o en términos de flujo: producir civilización europea a suficientes barriles la hora.

Europa es monasterio. ¡Poseedora de los últimos códices cuando Estados Unidos se embarca en la confrontación tecnocapitalista (doble escalofrío) con los poderes asiáticos!

Yo me voy a la guerra, le dice a la madre-novia Europa, pero tú, ¡mantente tú, fiel!

Europa como número PUK de la Constitución americana.

Sin ella, Estados Unidos sería un titánico pecio a la deriva en el mundo, autorrevolucionándose sin cesar. En la crisis total, en el olvido de sí (y lo tienen muy cerca) solo de Europa podría obtener nuevos norteamericanos y la energía civilizatoria originaria.

Es de altísima prioridad estratégica para Estados Unidos, por tanto, que Europa siga siendo Europa. Y como reconocimiento a su importancia, hasta le ha concedido, por fin, la palabra fútbol.

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