'Ser es defenderse'
RAMIRO DE MAEZTU
Amando de Miguel es catedrático emérito de Sociología en la Universidad Complutense (Madrid). Siguió estudios de postgrado en la Universidad de Columbia (New York). Ha sido profesor visitante en las Universidades de Texas (San Antonio) y de Florida (Gainesville). Ha sido investigador visitante en la Universidad de Yale (New Haven) y en El Colegio de México (DF). Ha publicado más de un centenar de libros y miles de artículos. El último libro publicado: Una Vox. Cartas botsuanas (Madrid: Homo Legens, 2020). Su último trabajo inédito: “La pasión autoritaria de los españoles contemporáneos”.

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Amando de Miguel es catedrático emérito de Sociología en la Universidad Complutense (Madrid). Siguió estudios de postgrado en la Universidad de Columbia (New York). Ha sido profesor visitante en las Universidades de Texas (San Antonio) y de Florida (Gainesville). Ha sido investigador visitante en la Universidad de Yale (New Haven) y en El Colegio de México (DF). Ha publicado más de un centenar de libros y miles de artículos. El último libro publicado: Una Vox. Cartas botsuanas (Madrid: Homo Legens, 2020). Su último trabajo inédito: “La pasión autoritaria de los españoles contemporáneos”.

Exceso de información

25 de agosto de 2021

La civilización se puede entender, también, como la capacidad de los habitantes de un territorio para acceder a lo que sucede más allá de su círculo familiar o vecinal. Es lo que podemos llamar “información”, un neologismo (poco afortunado, por cierto) de nuestro tiempo. Durante muchos siglos, la operación de informarse ha sido harto dificultosa. Se trataba de un privilegio exclusivo de ciertas castas: políticos, sacerdotes, funcionarios, filósofos o sabios. Era la minoría instruida, la que sabía leer y escribir.

En Europa, a finales de la Edad Media (trivialmente, tildada de “edad oscura”), se produce un impulso gigantesco para la ampliación del radio informativo, a través, de nuevas instituciones. Se pueden recordar los monasterios, los Parlamentos, las Universidades y, como coronación, la imprenta. El primer libro impreso, la Biblia de Gutenberg, es una verdadera obra de arte. Era la simiente de lo que se iba a llamar la “edad moderna”. En ella, tiene lugar un gran incremento de los viajes por todos los continentes, la difusión masiva de libros, la instauración de archivos y bibliotecas públicas.

En el siglo XIX, se añaden los periódicos. En los cafés y otros lugares de reunión se expande la comunicación de las ideas. Se generaliza la era de las revoluciones políticas.

El resultado general es que, en la sociedad actual, asistimos a un desbordamiento de la información

En el siglo XX, tiene lugar la introducción masiva de la radio y la televisión. A finales de ese siglo, se produce el extraordinario desarrollo de la internet (yo la veo como género femenino). En muchos países, entra al compás de la escolarización universal. Supone un aumento inusitado, sorprendente, de la capacidad inmediata de acceder, virtualmente, a todo tipo de estímulos, experiencias, ideas, imágenes. Bien es verdad que, con tal avance, se amplía el campo de los bulos, los chismes, las noticias tendenciosas, la intromisión en la vida privada, la pura propaganda. El resultado general es que, en la sociedad actual, asistimos a un desbordamiento de la información. Resulta imposible asimilar todo lo que está al alcance de nuestro conocimiento, a través, de las “pantallas” ubicuas: ni siquiera es posible una parte minúscula de tal posibilidad.

Es un colosal avance de la información, pero, acecha otro peligro: que la información interesante sea interesada, esto es, propaganda

El cambio ha sido tan espectacular que no se ha podido desarrollar bien el método para indagar y filtrar bien el cúmulo de informaciones que puedan ser útiles o agradables. Es la ocasión de oro para que ejerzan su papel los llamados “líderes de opinión”, los influencers, los expertos de todo tipo, los expertos y otras autoridades del pensamiento. Es un colosal avance de la información, pero, acecha otro peligro: que la información interesante sea interesada, esto es, propaganda. Alguien, bien organizado, puede utilizarla con propósitos comerciales o de dominio político. Emitir información, en grandes cantidades y de forma sistemática, da poder. Falla la premisa de que el público se halla dispuesto a ampliar sus conocimientos, percepciones o experiencias. Los actuales “medios” (se dijo, así, irónicamente, como plural de médium) para informarnos han avanzado por delante de la capacidad general para valorar los contenidos de lo que se difunde. Al final, lo más fácil, para mucha gente, es quedarse con la información, reducida a entretenimiento. Se comprenderá que el problema, ahora, es el de la “desinformación” interesada por parte de ciertos círculos de poder. Es lo que hace que la conquista de la democracia se convierta, de hecho, en otra forma de oligarquía, más o menos, consentida.

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