«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Español de conciencia obra y deseo, vallisoletano de nacimiento y ejercicio. Economista, Procurador de VOX en CyL (2019-2021) Colaborador de Razón Española, Periodista Digital, Informa Radio y El Toro TV

Felices vocaciones

20 de diciembre de 2025

Mas allá de las luces, las cenas de empresa, las compras, y los mercadillos, la Navidad es la fiesta de la familia que renueva la celebración de la Sagrada Familia de Belén. Es tan grande el hecho de que Dios se haga niño y nazca entre nosotros que resplandece su llegada en unas calles iluminadas de alegría. El hombre es un ser social, una sociedad sana no es la acumulación de individuos libérrimos unidos por contratos como considera el liberalismo, sino de personas, que es otra cosa. Y esas personas trabajan, se unen en equipos de futbol de barrio, coinciden a la hora del desayuno en los mismos bares. Las cenas de Navidad son un desafío del hombre social tradicional al individuo globalista enganchado a Netflix. Los mercadillos tradicionales europeos, amenazados hoy por el expansionismo islamista, son un centro de expansión social muy reivindicable.

La Navidad es una celebración familiar desde luego, y esa familia ha de empezar por la unión de un hombre y una mujer. Ayer —19 de diciembre— hubiera sido el 68 aniversario de mis padres, José Luis y Mercedes, que salieron casados de una Iglesia de Melilla flanqueados por las espadas en alto de los compañeros tenientes de mi padre.

Junto a ellos, la hermana de mi madre, Mariví y su Luis, se prometían sacramentalmente amor eterno en la misma ceremonia. El abuelo Óscar casaba a dos de sus tres hijas en la misma tacada, con el bendito ahorro que para unas economías muy sacrificadas las sinergias de la coincidencia suponían. Ese 19 de diciembre de 1957 fue el último cumpleaños que celebró mi padre porque desde ese momento sólo soplaba las velas por los años, 64 de historia de amor en esta tierra.

Un suspiro diría en el último aniversario que celebró en este mundo cuando una neumonía le racionaba el aire. Tan importante era para ambos esa fecha, que el día 19 era el centro de las celebraciones familiares de diciembre. Ese día, sus siete hijos, los nietos, nueras y yernos estaban para ellos, no se tenían que repartir como en los días próximos de Nochebuena y Navidad. En las bodegas de Fuensaldaña ya nos esperaban de año en año y Félix siempre tenía un detallito para mi madre. Una comida familiar es una pequeña síntesis de la patria. Mis padres estaban felices, daba la impresión de que la vocación de José Luis y Maria Mercedes, más allá de la de las armas de mi padre, fue —por encima de todo— ser esposos y padres.

La casualidad hizo que un año coincidiéramos en aquellas intrincadas galerías con olor a fogón con los dos sacerdotes encargados de nuestra parroquia de San Mateo, don José Antonio Chico y don Nemesio Pérez. Ambos habían tomado los hábitos un 19 de diciembre y celebraban el particular día de su vocación. Don José Antonio era un hombre, en el mejor sentido de la palabra, bueno. Muy devoto de la Virgen, tenía ojeras de la cantidad de horas que pasaba en la parroquia. Tenía algo de caída en el labio de abajo, que posiblemente era del agotamiento de dar consejos y absoluciones. Tenía un sobrepeso que sólo se atenuó en los años que pasó en aquel sitio de las Delicias donde lo vi por última vez. Me preguntaba por mis padres y me recordaba la efeméride común. Socarrón, dicharachero, probablemente la matrona enseñaría al pequeño don José Antonio a su madre con la frase: señora, ha tenido usted un párroco. Don Nemesio, en cambio, era un señor bajito, de voz profunda, rascaba la «c» al decir cruz, lo cual añadía dramatismo al vía crucis de las semanas santas. Era un tipo castellano, de fondo cenizo, pero duro y de una vocación recia. A don Nemesio no se le imaginaba como otra cosa que no fuera cura.

España era esto, una comida familiar donde se celebra estar juntos. La Navidad reúne a la familia extensa, la que se forma con la vida en sociedad, en la celebración de la Sagrada Familia de Belén. La parroquia con su párroco y su vicario es el lugar para la Misa del Gallo y la reunión de las familias más próximas. Y para algunos todo eso empezó un 19 de diciembre. ¡Felices vocaciones! ¡Felices familias! ¡Feliz Navidad!

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