Francia y el abismo
Francia y el abismo
Por Esperanza Ruiz
2 de septiembre de 2025

Decíamos ayer, julio de 2024, con motivo de las elecciones legislativas celebradas en Francia tras la debacle de Macron en las europeas, que la cosa iba a acabar así. Por aquel entonces sospechábamos que la verdadera intención de Manu al convocarlas era que hubiese sido Marine Le Pen quien se comiera este marrón. Gobernando en las actuales condiciones expondría a una enorme erosión a su partido (Agrupación Nacional) que quedaría electoralmente castrado de cara a las próximas presidenciales. En ese momento, la maquinaria mediática no entendió la jugada del presidente galo y maniobró para instrumentalizar el voto de los franceses en favor de los intereses supranacionales. El sistema electoral del Hexágono, además, castiga el voto de las clases populares, por lo que, en la segunda vuelta, la configuración de la Asamblea Nacional francesa resultó un pastiche, con la designación del centrista François Bayrou como primer ministro.  

Poco más de un año después, Bayrou se encuentra como Francia, al borde del abismo. La deuda pública alcanza la estratosfera (114% del PIB) y el proyecto de Presupuestos Generales del Estado —con un ajuste de 44.000 millones y otras medidas como la congelación de pensiones, aumento de impuestos y la eliminación de festivos— que debería ser votado este mes no contará con el respaldo de la oposición. Ni del 84% de los franceses, según las encuestas. El carajal gabacho no le ha debido parecer suficientemente animado al sucesor de Michel Barnier y ha lanzado un órdago anunciando que el 8 de septiembre se someterá a una moción de confianza. Probablemente la pierda y se vaya a casa, dejando a Macron herido de muerte.

Entre los manotazos de ahogado de la clase política europea destacan dos estrategias dirigidas a su propia supervivencia. Una consiste en azuzar la guerra generacional; la otra, la de Ucrania. Bayrou agitaba hace pocos días el espantajo de los boomers, culpándoles de haber acumulado beneficios sociales en épocas de prosperidad económica a costa de las generaciones futuras. El problema de la deuda pública, como ven, se debe a que a la gente le da por envejecer, en ningún caso a decisiones políticas.

¿Y el bloqueo a la paz en Ucrania? Aquí, como en las novelas de Poirot, todo el mundo tiene algo que perder. Macron y Leyen verían su retórica «resistente» desmoronarse. Starmer y Merz, recién elegidos, aparecerían sin estrategia. Marc Rutte pasaría de «jefe de guerra» a burócrata inútil. Zelenski perdería su «legitimidad» como presidente ya que acabaría el estado de ley marcial. Jurídicamente, esto dejaría el derecho de negociar territorios a un próximo presidente elegido en las urnas. Los mundialistas europeos se resisten a perder a su peón. La paz supondría el colapso de la máquina del dinero que a día de hoy permite retrocomisiones masivas sobre armas y energía.

La guerra eterna es su fondo de comercio (un «pretexto legítimo» para sangrar a los pueblos europeos con impuestos e inflación), y el miedo permanente la coartada para empujar a Europa a una federalización totalitaria.

Mientras tanto, la reacción a los recortes presupuestarios de Bayrou ha llegado en forma de «movimiento social» que bajo el lema «Bloquearlo todo» pretende paralizar el país el próximo 10 de septiembre, evocando tácticas de los chalecos amarillos. Su origen no está claro, salvo para Macron, que ya habla de «injerencia rusa» (da igual cuando leas esto). Todo lo que se les opone es injerencia rusa para Júpiter de Francia. En principio, parece que la propuesta partió del entorno de la derecha pero rápidamente obtuvo el apoyo de sectores de la izquierda, como La Francia Insumisa de Jean-Luc Mélenchon, que ha llamado a una huelga general. Partidos como los Patriotas de Philippot podrían utilizar la convocatoria para protestar pacíficamente, pero habrá que esperar a ver el nivel de violencia en las calles (black blocs et al.) y la apropiación del asunto que hace la extrema izquierda, idiotas útiles del poder. 

No vaya a ser que «la injerencia rusa» acabe beneficiando a Macron.

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