«Ser es defenderse», RAMIRO DE MAEZTU
Ilicitana. Columnista en La gaceta de la Iberosfera y El País de Uruguay. Reseñas y entrevistas en Libro sobre libro. Artículos en La Iberia. Autora del libro 'Whiskas, Satisfyer y Lexatin' de Ediciones Monóculo.

Biografía

Ilicitana. Columnista en La gaceta de la Iberosfera y El País de Uruguay. Reseñas y entrevistas en Libro sobre libro. Artículos en La Iberia. Autora del libro 'Whiskas, Satisfyer y Lexatin' de Ediciones Monóculo.

Francisco, Tradición y guerra cultural

20 de diciembre de 2022

El otrora diario conservador ha publicado este fin de semana una entrevista al papa Francisco que ha generado un par de columnas en el mismo medio. Una, escrita por Juan Manuel de Prada, veterano de las letras y valiente pensador; la otra, perpetrada por la sección articulística de la derecha flácida. 

Existe un principio clásico, recogido en el Código de Derecho Canónico, que me venía a la cabeza cuando leía la opinión de De Prada respecto a las respuestas del pontífice. Se trata del canon 144 del CIC que prevé el supplet Ecclesia para los casos en que los sacramentos no son administrados conforme a las normas del ordenamiento eclesiástico. La Iglesia suple el defecto.

La Tradición construye. Ofrece cimientos, no prácticas casas de pladur. Y, una vez perdidos, nos enseña por dónde se puede volver a empezar

Forzando el argumento, algo así tuvo que hacer el escritor ante una de las reflexiones de Francisco sobre la Tradición. El vicario de Cristo citaba en latín a san Vicente de Lerins acerca de la doctrina de la Iglesia: «crece, consolidándose con los años, desarrollándose con el tiempo, profundizándose con la edad». De Prada termina la cita del santo: «… y sin embargo continúa incólume y sin adulterar, completa y perfecta en todas las medidas de sus partes […] sin admitir cambio, sin pérdida de su propiedad distintiva, sin variación en sus límites». Supplet Juan Manuel.

Es importante el apunte del veterano columnista para vencer la tentación de barrer para casa. Es decir, interpretar a beneficio de inventario las palabras del papa, mezclar churras con merinas, realizar exégesis evangélicas muy discutibles o pretender ser el cantamañanas que enmienda la plana a la Tradición.

A nadie con dos dedos de frente se le escapa que sin traditio, es decir, en ausencia de «entrega» o transmisión, es muy difícil avanzar, sea cual sea aquello a lo que nos enfrentamos. Se sabe desde antes de Justiniano. Nuestra tarea, coincidimos con el romano pontífice, debería ser la de custodiar con respeto aquello que nos ha sido dado. «A diferencia de la Revelación, que concluyó hace 2000 años, la Tradición mantiene viva la obligación de seguir cultivando la riqueza que la fundamenta», esto en palabras del catedrático y escritor Armando Pego. No es el peso muerto con que se la pretende difamar.

No tengo pruebas, pero tampoco dudas, de que las críticas a la Tradición tienen que ver con el hecho de que ésta no negocia con el mundo de hoy. No se acomoda a nuestras preferencias temporales, más bien nos reenvía a nuestras contradicciones. Es culo de mal asiento porque exige y, desgraciadamente, no somos perfectos. La Tradición construye. Ofrece cimientos, no prácticas casas de pladur. Y, una vez perdidos, nos enseña por dónde se puede volver a empezar. No se consume, no da placer ultrarrápido, no es susceptible de polarización. Tampoco es de rojos o azules ni se la puede llevar cual meretriz por rastrojo como si fuera la batalla cultural.

Una vez más, el boomer medio demuestra no saber por dónde le da el aire. Nada nuevo bajo el sol y sobre el pasto, que sigue siendo verde 

Aquí, casi todo ha sido dicho y el término ha envejecido mal por razones diversas. Entre ellas, el hecho de que aquellos que lo bendicen tienen tendencia a combatir exclusivamente las consecuencias del problema, que conocemos de sobra, pero no la raíz del mismo.

Esto implica que dicha guerra quede reducida a un mero conflicto ideológico cuando debería ser algo de bastante más entidad. Por tanto, considerar como padres del asunto el «clericalismo» junto con el «tradicionalismo reaccionario» puede hacer ilusión a algunos, pero no responde actualmente a ninguna realidad. Una vez más, el boomer medio demuestra no saber por dónde le da el aire. Nada nuevo bajo el sol y sobre el pasto, que sigue siendo verde.

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