«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Periodista, documentalista, escritor y creativo publicitario.

Fumarse a los niños

9 de octubre de 2025

Me comunican por el pinganillo que está al caer la prohibición de fumar en las terrazas. En las abiertas, en las cerradas, en las que hay sombra y en las que ya nunca más volverá a sonreír la primavera.

Empezaron hostigando a los restauradores que permitían fumar en el interior de sus locales, después los obligaron a acondicionar espacios separados, más tarde se rieron en su cara y les dijeron que, a pesar del gasto que habían hecho para adaptarse a la nueva ley, quedaba completamente prohibido fumar en el interior. Y ya llevan un tiempo haciendo lo propio con las terrazas.

Que si el techo, que si el tipo de pérgola, que si el efecto Coriolis y la madre que los parió, mil chorradas para acabar prohibiéndoles que dejen fumar en la terraza de su bar. Ellos pagan el alquiler y las nóminas y sudan sangre, sudor y lágrimas para llegar a final de mes, y los otros que no saben hacer la o con un canuto pretenden explicarles de qué va la vida.

A los que respiramos fumando nos han enviado durante años al frío invernal mientras otros tomaban dentro el cafelito tan ricamente. Nosotros hemos custodiado las terrazas mientras otros las abandonaban sin ningún miramiento. Y luego, cuando llega el verano, pretenden adueñarse de ellas, como si les pertenecieran, como si no las hubieran despreciado desde octubre hasta abril.

Su relación con las terrazas es completamente tóxica, instrumental, de usar y tirar, y tienen el valor de arrogarse derechos.

Y llega el verano y los de la liga antitabaco salen a pasear sus vergüenzas por nuestras terrazas. Podríamos quejarnos de lo mal que visten algunos de ellos, o del hedor insoportable de sus perros, o de algunas conversaciones y palabras malsonantes ofensivas para nosotros y para nuestros hijos, pero lejos de ello compartimos gustosamente nuestras terrazas con ellos. Es el drama de vivir en sociedad.

Pero los de la liga, que son una suerte de niños mimados que no consienten que se les lleve la contraria, empiezan a gimotear porque ahora el café se lo quieren tomar en la calle y nosotros les molestamos. Y los distintos gobiernos, con pocas ganas de soportar pataletas, deciden darles lo que piden.

Porque claro, fumar mata, a diferencia de conducir, escalar, bucear, pasear por el Raval o devorar hormonas para que te salgan tetas, que son actividades inofensivas a tope.

Y por si fuera poco, tan grande es la preocupación por la vida de sus ignorantes súbditos, que ahora deciden montar una web para que las mujeres que quieran asesinar a sus hijos en el claustro materno lo tengan más fácil. Porque claro, todo el mundo sabe que eso es precisamente lo que necesitamos como sociedad. Y así, sin pudor alguno y al servicio de Satán, ponen a disposición de la población un mapa fetén de abortorios y asociaciones. El mapa de los horrores. El mal.

Que no es del todo malo si pensamos en el futuro, cuando se celebren juicios contra estos salvajes, porque será suficiente repasar la lista y llamarlos a todos, uno por uno.

Fumar mata, pero a los niños se los fuman.

Fondo newsletter